Y llegó, un día, ese 6 de junio. El 6-6 para hacerle honor a un número y a un hombre que hizo de ese 6 estampado en su camiseta un ícono del handball argentino. Con la presencia de Michaël Delafosse, el alcalde de Montpellier que le dio las llaves de la ciudad, de la que es ciudadano ilustre, Diego Simonet jugó su último partido ante Nimes en un clásico de la última fecha de la Liga francesa y, con él, se cerró una etapa. Porque él fue una referencia de elite.

La historia había arrancado mucho antes junto a sus hermanos Sebastián y Pablo en SAG de Villa Ballester pero en 2007 se convirtió en el líder que puso a Argentina entre los primeros cuatro equipos del Mundial juvenil de Bahrein luego de empatar con Polonia (29-29) y vencer a España (32-27) en la segunda ronda. Y allí se abrió una puerta soñada y nada resultó igual. Despertó el juego, contagió y mostró el camino. Ya como junior se empoderó aún más y aquel equipo del que fue un hábil conductor se convirtió en la única selección argentina de todos los tiempos que aplastó a Francia y le ganó a Alemania, nada menos. Y, lógicamente, llegó al equipo mayor nacional del que se convirtió en una figura excelsa casi desde su debut.

Logró todo con la celeste y blanca: fue olímpico tres veces (pudo haber disputado cuatro Juegos pero una rotura de los ligamentos cruzados de la rodilla derecha le privó de estar en Río de Janeiro 2016), logró tres medallas de oro en los Juegos Panamericanos, disputó Mundiales y hasta consiguió el apoyo de los sponsors franceses para que Argentina tuviera su mejor preparación olímpica para París 2024. Pero a Simonet se le fueron (o le quitaron) las ganas de seguir. Porque con 36 años y a dos de Los Angeles 2028, pudo haber cumplido otro ciclo olímpico.

Sebastián, Pablo y Diego Simonet, junto a su papá, Luis.

El deporte nacional no es consciente de su legado. Argentina no entiende que con Simonet se retira el jugador que fue MVP de la final de la Liga de Campeones 2018 de la que fue campeón con Montpellier -defendió su camiseta con el número 4 durante 13 temporadas, nada menos-, uno de los mejores clubes de una de las dos mejores ligas del mundo. Allí, él es un prócer. Por eso el vacío que dejó es muy duro. El handball argentino, con sus virtudes y sus carencias, necesitará otro Simonet. Pero será muy complicado que aparezca.

Fiel a su perfil bajo, se fue en silencio. En noviembre, en el marco de un Cuatro Naciones junto a México, Brasil y Chile jugado en la Casa del Handball, el foco de la notica fue él al anunciar su retiro del combinado nacional tras 20 años representando al país. "Decidí terminar esta etapa de tantos años con la Selección. Creo que es un buen momento para parar. Son muchos años, sabía que no iba a llegar a otro ciclo olímpico y me parecía injusto sacarle el lugar a otro. Hoy mi prioridad es mi familia y perderme momentos únicos me cuesta cada vez más", dijo en una verdad a medias. Su carrera incluyó 453 goles en 146 partidos oficiales con el seleccionado. Pudieron ser más. Gritos y encuentros, claro.

Simonet estuvo en Buenos Aires para despedirse de la gente y en su interior quedaron las respuestas a muchas preguntas porque hay todavía una sensación de falta de cuidado a su figura. Es que aunque el cuerpo técnico de Rodolfo Jung le pidió que siguiera en el equipo, en el cierre de París 2024 él mismo -en el nombre del plantel- había sido quien les pidió a los dirigentes que continuara el proceso de Guillermo Milano. No lo escucharon.

Después de una brillante camada que tuvo su base en un gran equipo de Luján y que incluyó al propio actual entrenador del seleccionado, Argentina cayó en un pozo del que costó salir siete largos años. Incluso quien era el mejor jugador argentino de la historia hasta el surgimiento de Simonet, se alejó del seleccionado y por eso el conjunto nacional no tuvo a Eric Gull en los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro 2007, por ejemplo. Ese mismo año y tras dirigir exitosamente a los juveniles de Bahrein, llegó entonces Eduardo Gallardo y el director técnico armó un programa de desarrollo que tuvo a Simonet como su máximo referente.

Y así comenzaron los años dorados con la primera clasificación olímpica incluida y el 11° lugar conseguido en el Mundial 2021, la mejor posición histórica en un torneo de esa categoría. El handball argentino siguió un rumbo aún con algunos desvíos y aún con malos momentos como el vivido en el Mundial de Francia 2017 que derivó en la ida del propio Gallardo o como cuando los jugadores no asimilaron la intensidad extrema del español Manolo Cadenas -el entrenador de Egipto 2021- que tuvo que dejar su cargo.

Diego Simonet y sus últimas postales en Montpellier. Foto: Montpellier Handball

El tema de fondo es que para Simonet el perfil original del proceso de la Selección se terminó. El ADN que era la búsqueda de la excelencia en un marco de armonía grupal, él ya no lo percibe. Entonces, mientras Lionel Messi, con dos años más, buscará dentro de pocos días despedirse a lo grande en el Mundial, Simonet mirará a Argentina desde la tribuna. El se quería quedar, en el fondo. Hubiera dosificado su presencia, se hubiera preservado por sus lesiones. Pero hubiera estado en los torneos más complicados y más especiales como los Panamericanos de Lima 2027 o como los Olímpicos de Los Angeles 2028. Simonet se fue con sonrisas en su rostro pero con la tristeza de saber, en el fondo, que pudo haber jugado más tiempo.

Diego Simonet y sus últimas postales en Montpellier. Foto: Montpellier Handball