En el Salón Dorado de la Casa de la Cultura, la música volvió a poner en circulación una obra que durante años permaneció en los márgenes. El concierto homenaje a Hipólito Felipe Gutiérrez (1931–2009) no fue solo una instancia de escucha: fue, sobre todo, un acto de recuperación y proyección de una memoria musical.
“Estamos muy agradecidos por la oportunidad de volver a poner en exposición la obra de mi papá, que siempre fue desinteresada”, dijo Juanse, líder de Ratones Paranoicos, en el homenaje a su padre, el compositor Hipólito Gutiérrez. “Esperamos mucho tiempo, no por el reconocimiento sino por la difusión que merece esa etapa de la música contemporánea en nuestro país”.
A sus 90 años, Winny -madre de Juanse- estuvo presente en el homenaje. El músico la destacó como figura clave en la vida del compositor: “En circunstancias muy adversas fue una compañía fundamental. Entendió los momentos de concentración necesarios para crear y sostuvo ese proceso”.
La jornada reunió a autoridades culturales, docentes, estudiantes y familiares en torno a una figura poco difundida de la música contemporánea argentina. En ese marco, se formalizó un acuerdo para la donación, digitalización y preservación de su archivo, con el objetivo de garantizar no solo la conservación del material, sino su acceso público.
Juanse, junto su mamá, Winny, de jóvenes 90 años.
El proyecto involucra a la Biblioteca del Congreso de la Nación y al Conservatorio Superior de Música Manuel de Falla, que trabajan en la organización de partituras, manuscritos y documentos sonoros.
“Conservar no es solo preservar lo material, sino garantizar el acceso”, señalaron desde el equipo técnico, encabezado por Antonio Pérez Botta. La digitalización permitirá ampliar la circulación de la obra entre estudiantes, investigadores y público general.
El concierto -interpretado por docentes y alumnos- fue una primera instancia de ese proceso: la música volvió a sonar como experiencia viva. Hasta el momento se digitalizó una primera sección del archivo (op. 1 al 9), utilizada para el trabajo pedagógico en el conservatorio.
“El proceso no termina en el archivo: la música necesita volver a sonar, ser interpretada", dijo Marcos Puente Olivera, director del Conservatorio Manuel de Falla.
Alejandro Santa, director de la Biblioteca del Congreso, destacó el valor del compromiso institucional y el rol de las bibliotecas como espacios de encuentro, circulación cultural y construcción de comunidad, subrayando la importancia de visibilizar estas obras para las nuevas generaciones.
Un compositor en contexto
Formado en el Conservatorio Manuel de Falla y discípulo de Jacobo Ficher, Gutiérrez desarrolló una escritura dentro de las corrientes contemporáneas de la segunda mitad del siglo XX.
Su catálogo incluye obras como Preludio, Intermezzo y Fuga para cuarteto de maderas, Música para arcos, la obertura Unamuniana, cuartetos, piezas solistas como la Sonata para piano y trabajos orquestales como Oda II. Algunas obras alcanzaron proyección internacional: su Oda sobre textos de Raúl Aguirre integró giras en la Unión Soviética.
El homenje fue en el Salón Dorado de la Casa de la Cultura.
Entre sus hitos se destaca el estreno de Tres eternidades en 1971 en el Teatro Colón, con la Orquesta Filarmónica. Basada en textos de Juan Ramón Jiménez, la obra fue premiada en la Primera Tribuna Nacional de Compositores.
Además de su producción, tuvo una activa participación institucional: integró asociaciones de compositores, el Consejo Argentino de la Música (UNESCO) y fue jurado en instancias nacionales e internacionales.
Más que archivo: una obra en circulación
“El proceso no termina en el archivo: la música necesita volver a sonar, ser interpretada, discutida, apropiada por nuevas generaciones”, señaló Marcos Puente Olivera, director del Conservatorio Manuel de Falla.
El concierto fe interpretado por alumnos y docentes.
En esa línea, la recuperación incluye no solo la digitalización sino su incorporación progresiva a programas de estudio, conciertos y actividades académicas. La recuperación implica, así, una doble dimensión: patrimonial y pedagógica, destacó Inés Sabattini, vicedirectora del Conservatorio.
La pianista Mirian Conti aportó un emotivo recuerdo y evocó su vínculo con el compositor: lo conoció de niña y lo recordó como una presencia cercana y generosa, que escuchaba sus avances con atención y la alentaba en su formación. “Fue mi primer apoyo artístico”, señaló, destacando su influencia sostenida a lo largo del tiempo.
La música como presente
Hay algo especialmente atractivo -y también desafiante- en enfrentarse a la obra de un compositor sin biografía, sin genealogía estética explícita, sin el andamiaje interpretativo que suele ofrecernos la historia. Lo que queda, entonces, es la escucha desnuda. Y en este caso, esa escucha revela una voz que, aunque todavía en proceso de decantación, posee ya una fisonomía reconocible.
El concierto ofreció un primer acercamiento a ese universo sonoro. Las obras seleccionadas delinean una escritura en búsqueda, con una voz que evita soluciones convencionales.
Gutiérrez fue compositor de música contemporánea y clásica.
Las Dos Líricas para Edith, con la participación de la pianista Laura Daian y la cantante Marina García, abrieron el concierto y se inscriben en una estética próxima al atonalismo libre, asumido con flexibilidad. La escritura pianística es densa, construida a partir de agregados armónicos que privilegian las cuartas, generando superficies sonoras opacas. La voz no domina ni acompaña: dialoga en una relación tensa y expresiva. La línea vocal rehúye el lirismo convencional, pero encuentra momentos de intensa expresividad en sus inflexiones más austeras. Hay una apropiación personal del lenguaje: una sintaxis que parece surgir de la intuición más que de un método.
El contraste, la Marcha para piano, interpretada por Diego Ortiz, el compositor se desplaza hacia un registro lúdico, incluso pedagógico, inscribiéndose en la tradición de las piezas infantiles del siglo XX.
La última obra del programa, Para leer en forma interrogativa -A- “Sabia piel”, sobre texto de Julio Cortázar, sugiere otra etapa del compositor. La pieza exhibe un lenguaje distinto, más abierto en su concepción tímbrica y formal. El orgánico -soprano (Marina García), flauta (Ana Ligia Mastruzzo), clarinete (Griselda Giannini), violín (Irene Barrantes), violonchelo (Juan Ignacio Zubiaurre), bandoneón (Aron Mathias Coronel) y piano (Inés Sabatini), bajo la dirección de Nicolás Kapustiansky- es en sí mismo una declaración estética. La textura es más abierta, las líneas sinuosas y el discurso avanza con un sentido de exploración.
El bandoneón evita evocaciones directas al tango, aunque su sombra esté siempre presente, como una memoria distante. Es un uso despojado, casi abstracto del instrumento, lo integra a la textura general sin convertirlo en emblema. Las líneas melódicas, a menudo sinuosas, se entrelazan en una trama donde cada instrumento parece buscar su lugar en tiempo real. Hay una sensación de exploración, de forma que se construye mientras avanza. El manejo armónico, nuevamente, es personal: no responde a un sistema identificable, pero tampoco es arbitrario. Hay una lógica interna, aún en formación, que sostiene el discurso. La obra no se cierra sobre sí misma; más bien deja abiertas preguntas, como sugiere el título.
Más allá de la instancia formal, el encuentro dejó en evidencia algo central: la música de Gutiérrez no pertenece únicamente al pasado. Su reaparición en escena abre preguntas sobre la construcción del canon, la circulación de las obras y los mecanismos de olvido dentro de la historia musical.
En ese sentido, el homenaje no fue solo un gesto retrospectivo, sino una intervención sobre el presente: una invitación a escuchar de nuevo, a reponer lo que quedó fuera y a reconstruir, desde la práctica musical, una memoria más amplia y diversa.
Este acontecimiento invita a reflexionar sobre otros legados que permanecen, en la práctica, inertes. Tal es el caso de legado de Juan Carlos Paz, figura central para comprender la historia de la música argentina del siglo XX. Sin embargo, el acceso a su obra en la Biblioteca Nacional, aun sin digitalizar, sigue siendo extremadamente restringido -las partituras ni siquiera pueden fotografiarse-, lo que obstaculiza seriamente su difusión. Se trata, en definitiva, de un legado petrificado, a la espera de ser reactivado.
Homenaje al compositor Hipólito Gutiérrez
Preservación, donación y digitalización de su obra
Programa: Dos Líricas para Edith- Poema de Edith F. de Conti; I. El Pinar (La Casa de Escobar); II. Vida; Marina García, soprano; Laura Daian, piano; Piezas infantiles Marcha; Diego Ortiz, piano
Para leer en forma interrogativa -A- “Sabia piel” , Poema de Julio Cortázar
Director: Mtro. Nicolás Kapustiansky; Marina García, soprano; Ana Ligia Mastruzzo, flauta; Griselda Giannini, clarinete; Irene Barrantes, violín; Juan Ignacio Zubiaurre, violoncello; Aron Mathias Coronel, bandoneón; Inés Sabatini, piano.
Fecha Miércoles 8 de abril: Lugar Salón Dorado – Casa de la Cultura Av. de Mayo 575
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