Flavio Mendoza no está en función, pero lo vemos trepar. Y maniobrar el cuerpo sin miedo sobre una plataforma mojada que dejó la lluvia del día anterior en el lugar. También hacer equilibro en una cuerda conectada a los laterales de una megacarpa - escenario de La Cúpula, donde estrenará El Príncipe Feliz, Corazón dorado, su nuevo proyecto, el 6 de agosto- que apenas lo hará tambalear. La foto manda.

No importa si el creador de Stravaganza y artífice de las Navidades blancas en plena ciudad, fue cediendo terreno en los escenarios para orquestar la escena como líder y director general: Flavio siempre será ese niño de aura circense con ganas de jugar.

“Es un laberinto, pero se está armando. Y aunque por momentos quiero salir corriendo, porque estoy mal de la panza, descompuesto de los nervios, no lo cambiaría por nada. Es el mejor malestar. Por lo que viene y por crear no solamente un espectáculo, sino un lugar, una nueva compañía e idea. La Cúpula es un lugar mágico donde no sabes con qué espectáculo te vas a encontrar hasta entrar”, aclara el meticuloso coreógrafo, con luz verde a una charla que durará hasta que ponga el auto en marcha para llevar a su hijo Dionisio, ahora en el asiento de atrás, al Barrio Chino a pasear.

“Lo primero que va a contar La Cúpula es un cuento (El Príncipe Feliz...) sacado de un libro de tapa amarilla que me leía mi mamá”, anticipa Flavio sobre el espectáculo 360 que, siempre a la vanguardia -con un gran mapping sobre el techo de la carpa creando su propio universo tridimensional- se extiende de un show de narrativa convencional para ampliar los límites del entretenimiento. Alternando una experiencia que no inicia con el comienzo del show, sino dos horas antes en un importante hall interactivo con intervenciones artísticas, pensado para toda la comitiva familiar.

“Es todo en uno. Antes nadie metía un acróbata en un show hasta que aparecí yo. Y me gusta hacer cosas para que la gente no se sature de lo mismo. Este es un proyecto de los más ambiciosos que hice hasta el momento”, adelanta.

-¿Tanto como tus antecesores hitos o hay que saber dosificar?

-¡No! ¡La Cúpula viene recontra recargada! Me doy cuenta que no me sale hacer algo chico. Además de que soy un loco de la guerra, la culpable es mi prima más chica. Cuando vamos a montar un escenario, entre los dos decimos: aunque salga el triple, de alguna forma lo hacemos y no decimos nada. Como no manejamos la economía...

Feliz. Así se lo ve a Flavio Mendoza con su nuevo emprendimiento de Puerto Madero. La Cúpula es el nombre. Foto: Martín Bonetto

Poner el cuerpo y no manejar la plata

-¿No manejás tu plata?

-¡No! Mi familia. Que anda haciendo malabares con los números. Si yo la manejara estaría aterrado, porque es otra responsabilidad más. Y vamos con todo porque este escenario nunca existió en la Argentina. Es la primera carpa en el mundo, porque no es un circo, es una carpa. Para que diferenciemos lo que es Circo Ánima a lo que es La Cúpula, que es colgante. O el otro monstruo que se viene, en verano, que tiene que ver con las energías y se va a llamar Siete auras.

Todos tienen algo de mi historia. Stravaganza Tango tenía una historia de amor que me había pasado, pero la gente no sabe. Ahora debuto acá y ya empiezo con castings y ensayos del nuevo, donde me subiré al escenario. Y creo que va a ser uno de mis últimos, no porque no pueda seguir, pero sí de este tipo de usar tanto el cuerpo. Además por mis lesiones está bien parar un poquito”.

-¿Volvés porque te da FOMO (Fear of Missing out, miedo a perderse algo) mirarlo desde abajo?

-Siempre me siento más protegido arriba del escenario, porque abajo veo todo. Si no tenés la pestaña bien pegada, la veo. Y desde arriba no es la misma sensación del aplauso, pero no tengo ese ego. Es más una revancha con Ariel Diwan, que fue mi productor de Stravaganza, y es volver a lo teatral. También la historia de amor de mis papás (se conocieron entre escenario y butaca de circo) es hermosa y casi la cuento en este espectáculo.

Flavio Mendoza por los aires. Una constante en su carrera. Foto: Martín Bonetto

-¿Todavía no encontró su formato?

-Creo que es más teatral. Pero como es la vida de ellos en un circo, capaz pueda ser un nuevo espectáculo del Circo Ánima. Con mi hijo Dionisio en algún momento quiero hacer El Principito, pero también si él tiene ganas y esperar el tiempo para que suceda.

La inversión en un nuevo espacio

Pero su calendario actual, con armado y montaje en puerta, se posa en la frutilla de esta temporada invernal: el debut de El Príncipe Feliz, Corazón dorado, primera producción de La Cúpula que abrirá sus puertas en el Casino Buenos Aires, revelando un espacio de entretenimiento inmersivo sin precedentes.

Otro tanque integral -donde teatro, circo, música en vivo y tecnología se fusiona con artes escénicas- concebido como un espacio vivo donde cada eslabón, como las 12 plataformas de movimiento dinámico o “los 20 aire acondicionados que armamos y desarmamos”, cuenta.

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Backstage de "La Cúpula"

-¿Que te vaya tan bien te empodera para seguir invirtiendo?

-Siempre fui medio delirado. No soy de las personas que quiere tener plata abajo del colchón. Me gusta invertirla en lo que me da placer. Es loco porque a veces nos retan, pero después llega el mensaje de mi tía: ya que están ahí, pongamos tal cosa... No soy de los que quiere una mansión o una Ferrari. Sí me gusta tener un buen auto como el que tengo.

Flavio Mendoza cuenta que el dinero para sus espectáculos lo maneja su familia. Para él sería "demasiada responsabilidad". Foto: Martín Bonetto

-¿Tampoco te desvela el patrimonio que tu hijo pudiera heredar?

-Le estoy enseñando a mi hijo que lo haga él. Todo lo que tengo es suyo, pero es enseñarle el camino.

-¿No cambió tu filosofía de inversión después de endeudarte en pandemia por la inactividad del sector y vender tu departamento?

-Después de vender no tenía un mango, pero cuando me fue un poco bien, retomé la locura. A mí nadie me está bancando. Esto es familiar, con mucho esfuerzo. Ahora estamos ahogados, porque el espectáculo tiene que empezar a generar para pagar millones de sueldos. Y no es lo mismo pagar una entrada que cambiar el canal, eso es más fácil. Mi tía me dice: "Vos sos gallo de tu gallinero". Yo amo mucho mi país, agradezco y no sería quién soy. Porque lo logré acá, no me tuve que ir afuera para hacerlo.

El legado

Flavio Mendoza y Dionisio. Al coreógrafo le gustaría hacer "El Principito" con su hijo, pero depende de las ganas del niño.

-Muchos que empezaron en tu semillero, como Nico Vázquez, que estuvo en Stravaganza Tango, hoy son tu competencia en una calle Corrientes inundada de buen musical.

-Me motiva cuando veo algo bueno. Acróbatas o bailarines míos. Nico ya es un tipo consagrado, productor, o los Malevo y montones por el mundo. Muchos me dicen mamá, jaja. Fui mamá artística, porque los inicié en algo que no era su metier o eran gimnastas y no artistas. Esa escuelita tiene un sello propio.

-¿Fuiste el Tinelli de muchos?

-Eso no me corresponde decirlo. Te puedo decir hombres de mi vida que me apuntalaron: Nito Artaza, Marcelo Tinelli, Cacho Castaña. También con momentos malos, como cuando Nito me dejó sin trabajo y después dije: "Qué bueno". Si no, no hubiera hecho Stravaganza.

-¿Dónde estarías hoy?

-No sé. El arte me salvó. Cuando tenía 13 años, me tiré en el asfalto de mi pueblo, en Nogoyá, diciendo: "Dios mío, ayudame, sacame de acá". No conectaba con nadie. No sentía que pertenecía. Para mí había mucho más. Imaginate en esa época la cosa de ser o no ser gay, las pasé todas. Pero me hicieron quién soy.

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Audiciones para La Cúpula

-¿Te elegirías como jefe?

-Creo que sí. Ya me autopadezco siendo quién soy, jaja. Pero se aprende mucho conmigo. Soy estricto, pero tengo un ojo siempre a favor y no lo digo con soberbia, me pude dar cuenta. Fui un soldado de Moria, Graciela Borges...

-¿Tenés algún sucesor natural? ¿Te preocupa la falta de iniciativa?

-Hacer lo que yo hago, con tanto costo y desgaste, no lo hace nadie. No lo quiere hacer nadie. En la gira actual con Circo Ánima, en Salta, me llevé todo.

En su nuevo espacio, La Cúpula, Flavio Mendoza estrena espectáculo y ya tiene otro muy avanzado. Foto: Martín Bonetto

El valor del esfuerzo

"Pero lo que me preocupa es que la gente no crea en sus sueños. Tengo escuelas de danza, acrobacia y escucho chicos que piensan que siempre alguien entra por acomodo y otros no quieren el sacrificio para lograrlo”, dice el hombre al que alguna vez le dijeron que los únicos sueños que no se cumplen son los que no se sueñan. Frase que hoy le repite a su hijo y a una platea llena que lo aplaude en cada plaza. “También le digo que a Dionisio que lo que hace ahora es porque su cuerpo aprende más fácil cuando sos chiquito y es disciplina”.

Sobre la participación especial o esporádica del menor en escena, siempre en espectáculos de su papá (como Una Mágica Navidad) cuenta que “se sube a saludar al final si tiene ganas. Este verano ni subió. Pero me doy cuenta que le pasa lo mismo que me pasaba. Como nací en un circo, para mí no era mágico, si no de lo más común. Y con la Navidad él ya estaba descreyendo...”.

-¿Por eso te lo llevaste al Polo Norte?

-Sí, para mantener viva la infancia. Quise que conociera de dónde salía la Navidad y el verdadero Papa Noel. Si no crees con el corazón, no crees nada.

-¿Tus navidades no eran tan mágicas y por eso te las inventas?

-Creo que sí lo eran, porque en la época de circo se hacían en medio de la pista una mesa larguísima donde mi mamá hacía una ensalada de frutas en un balde gigante. Y se fue perdiendo. O Halloween, que acá no existe mucho y yo lo hago en octubre. Los locales no decoran como antes y me gustaba esa fantasía.

Un sueño más. El que concretó Flavio Mendoza con La Cúpula", su nuevo espacio. Foto: Martín Bonetto

-La de tu hijo era conocer a Messi...

-Lo conoció y tenemos muy buena relación con Celia, su mamá. Siempre le digo que es un niño afortunado y yo un hombre afortunado. Me costará más, menos. Pero vivo en el país que quiero vivir.

El día de la final mundialista, Flavio esquivó la rutina. Y siendo de los pocos famosos en llegar al Obelisco en familia pese a la derrota argentina, quería demostrarle a su hijo que igual podía celebrar. “Yo le había dicho: 'Papá puede conseguir un hotel cerca del Obelisco, pero si no ganamos, no ganamos' Y bueno, me echó la culpa a mí de que perdimos jaja. Pero con 8 años, es la generación que nunca perdió. Nosotros somos de Boca y siempre que pasamos por cancha de River le digo: respetá la cancha. Porque crecen con esa cosa dividida”.

-¿Te da impotencia que el mundial sea de las pocas cosas que no genera división en la Argentina?

-Por eso hay que saber respetar de chico. Al que eligió una bandera, cuadro o religión diferente. Le enseño a no discriminar. Después (sobre la campaña anti-Argentina y ataques de extranjeros post mundial), creo que hay tantos boludos en España como en la Argentina. No podés meter a todos en la misma bolsa. Estamos volviendo a la época de las cavernas con los seres humanos. Con tanta tecnología mal aplicada, generás gente muy agresiva. Ojalá mi hijo crezca en un mundo sin tanta violencia como la que hay.

Y aunque su imagen pública lo proyecte, el hombre de las destrezas aéreas y ex jurado de tele devela: “Yo no soy fuerte para nada. Lloré muchísimo en época de el Bailando... y me costaba dormir”.

-¿Ser vulnerable no vende?

-Para nada. Y siempre están esperando que tropieces. Era una tele muy agresiva, que está volviendo y me apena. Soy un hombre de armas tomar, pero no todo me resbala.