“Estás metida en un universo de villanos”, le advierte, como si fuera un presagio, una periodista a Verity, la escritora interpretada por Anne Hathaway que acaba de publicar el último libro de su exitosa saga, en la llamativa secuencia inicial de Verity, la sombra de un engaño. Un año después, la historia comienza con la misteriosa convocatoria a Lowen, una escritora emergente compuesta por Dakota Johnson, para convertirse en la ghostwriter de Verity y mudarse a una imponente mansión rural donde la novelista, que quedó catatónica tras un accidente, convive con su esposo Jeremy (Josh Hartnett) y su pequeño hijo.

El gran problema de la película de Michael Showalter (La idea de ti) aparece cuando, en pos de regalarles cierta complejidad a personajes que a simple vista resultan demasiado chatos, se revolean un par de muertes de familiares que, en el mejor de los casos, queda fuera de campo. Una madre con cáncer y una nena de ocho años son las víctimas del intento inescrupuloso de crear un ambiente lúgubre con protagonistas que duelan. Y encima la tragedia se utiliza como decorado del erotismo porque ese clima oscuro y hostil escrito con sangre está puesto en función de resaltar el deseo y las fantasías de sus protagonistas.

Verity recurre a la protagonista de la trilogía Cincuenta Sombras (a la que incluye un guiño en su título local) como un acercamiento al drama erótico de raíces literarias. El cineasta hurga en triángulos clásicos de Rebecca y La malvada, pero su objetivo real parece estar en satisfacer al algoritmo con una mezcla de Misery y La mano que mece la cuna atravesadas por los thrillers eróticos de los '90 que tuvieron a Bajos instintos como punta de lanza.

Showalter decide aprovechar a sus protagonistas escritoras para poner casi todo en palabras. Los personajes incluso leen en voz alta en pantalla y las pocas acciones suelen estar narradas por más de una voz en off. Todo parece demasiado charlado y susceptible de ser comentado. El cineasta demuestra confiar en las imágenes nada más que a la hora de la explotación de la lujuria o la autosatisfacción.

Anne Hathaway en la contratapa del libro que está leyendo Dakota Johnson. Sus personajes tiene un buen cruce inicial y un feo final.

Lowen enseguida se obsesiona con Verity y, a partir de un hallazgo estremecedor en el estudio de la autora, decide reclamar para ella hogar, familia y carrera de la novelista. A poco de mudarse, Lowen se pone literalmente en los zapatos de Verity e incluso utiliza “un disfraz” de ella como subterfugio de seducción, al estilo de Vértigo o de la desesperada Kelly McGillis con Tom Cruise en Top Gun. Pero el incipiente romance con Jeremy se ve amenazado por la presencia de Verity en el hogar, que se siente como una amenaza para Lowen por más que la esposa permanezca inmóvil, postrada en una silla de ruedas.

La película busca explotar los cruces entre los márgenes difusos que suelen dividir la ficción de la realidad, pero jamás consigue la gracia o la precisión de películas que fueron mucho más a fondo en este tema como En la boca del miedo o Más extraño que la ficción. La idea aquí es que el espectador se pregunte cuál es la verdadera Verity (Verdad, en inglés, en un obvio juego de palabras).

Dakota en una escena que hace un guiño a un clásico del cine como "Cincuenta sombras".

El cineasta ofrece distintas versiones de Verity: la de las entrevistas, la de sus retorcidas novelas, la del manuscrito oculto, la de una carta de despedida, la que describe Jeremy, la que imagina Lowen o la que debe inventar la joven escritora. En esa multiplicidad aparece lo más interesante de una película que prefiere no ofrecer una respuesta clara a ese enigma. Tal vez Verity no sea ninguna de ellas, tal vez sea todas a la vez. Y en esa ambigüedad de la novelista, que termina trasladándose al resto del triángulo, recién aparecen capas de profundidad no forzadas entre víctimas y victimarios del relato. La posibilidad de interpretar a los personajes de diferentes formas alcanzaba para darles densidad sin que hiciera falta matarles parientes.

La verdad se vuelve una construcción narrativa en Verity y siempre está mediada por alguien. Lowen comienza en busca de esa verdad única pero, ante el miedo que supone encontrarla y enfrentarse a ella, prefiere que quede oculta y vivir en paz la vida que sueña, como si ella formara parte de la Alegoría de la caverna. No hay certezas posibles y solo queda preguntarse, en una reflexión que le queda enorme a esta Verity, quién tiene el control en el relato de esta realidad.

Ficha

Calificación: Regular

Drama / Suspenso. Estados Unidos, 2026. 114'. Título Original: Verity. SAM 13. De: Michael Showalter Con: Anne Hathaway, Dakota Johnson y Josh Hartnett Salas: Cinépolis Recoleta, Multiplex Lavalle, Showcase Belgrano, Cinemark Hoyts Palermo