El Británico, en San Telmo: mismo bar, misma mesa. Allí está sentado Ismael Sokol (41), en donde de vez en cuando solía hacerlo, durante tantas madrugadas profundas, su recordado padre, Alejandro “el Bocha” Sokol, quien en vida fuera la voz de Las Pelotas y ex integrante de Sumo, además de El Vuelto, su última banda de rock, con la que su hijo sigue en pie y continúa con el legado.
Ismael tiene una semejanza increíble a la de su papá (quien falleció por un shock cardiorrespiratorio en enero de 2009 en Río Cuarto, Córdoba). Escucharlo hablar es como estar junto a su padre allí mismo, tal como las tantas veces que este cronista lo hizo con Alejandro, en rondas de cervezas y “fantasmas” de la noche, dentro de este mismo sitio donde se produce el encuentro.
Isma, tal como lo llaman sus amigos cercanos, ya tiene todo listo para un nuevo homenaje a Alejandro a través de la cuarta edición del Bocha Fest, el próximo 11 de octubre en House of Parrish, en General Rodríguez, con el mismo modus operandi que utilizaba su papá cuando compartía escenarios: siempre junto a bandas underground, que se juntan a tocar sus propias canciones, incluyendo un cierre estelar con El Vuelto, su grupo.
Tras el festival, Sokol realizará una mini gira por Mendoza, provincia a la que suele ir seguido por razones laborales, y en la que siempre lo tienen en cuenta, según recalca.
Al bar Británico llega con algo de demora, sucede que tuvo que tomarse el tren desde Hurlingham y luego combinar subtes línea B con C: fue un largo viaje, el mismo que acostumbra cada vez que le toca acercarse al sur de la ciudad.
No llega solo, lo acompaña Ludmila, su pareja actual, con quien ensambló familia: ella cuenta con dos hijos propios y él con uno de su anterior pareja. Pero ahora ellos esperan un hijo juntos: Ludmila está embarazada de tres meses. Y creen que será una nena. Motivo más que suficiente para que Ismael esté contento. Y que de inmediato mencione a su recordado padre.
“Papá sería abuelo de nuevo, estaría contento si estuviera vivo”, piensa en voz alta este cantante y guitarrista, talentoso como Alejandro, que solía demostrarlo cada vez que se subía a un escenario de turno, sea un gran estadio o sobre las tablas de algún sótano húmedo.
Solitario como papá. Así se define Ismael Sokol. Foto: Juano Tesone
“Estamos pensando en irnos a vivir a las Sierras de Córdoba, a un lugar que queda cerca de Villa Carlos Paz, allí es otra cosa. Sería bueno alejarnos de la gran ciudad, nos haría muy bien para estar tranquilos y alejarnos de las tantas tentaciones y de la vida agitada, a lo que le venimos haciendo frente, y que tanto daño nos hizo”, argumenta Isma.
A su lado, su pareja asiente sus dichos con un gesto, mientras revisa mensajes que llegan a su celular. Es que ella hoy por hoy lo asiste en todo lo referente a lo laboral, además de acompañarlo a todos lados.
Recuerdos de Traslasierra
A Isma, su infancia en Traslasierra lo marcó a fuego, por eso considera crucial regresar a la serranía.
“Yo viví en la casa de Timmy McKern (manager de Sumo y Las Pelotas), por ese entonces los hijos de Germán Daffunchio era más chicos que yo, por eso tenía otros amigos. La casa era tan grande que a veces pasaba días que no lo veía a Timmy. Inés, su esposa, que también es hermana de Germán, fue como una segunda madre para mí”, describe con precisión.
Y continúa: “Para mi hermana Camila (37) también lo fue. Nosotros íbamos al colegio y era todo raro estar en el campo, en Traslasierra, fueron años muy lindos. Andábamos a caballo todo el día, curtíamos los ríos y el lago. Era todo naturaleza viva, todo sano”, reafirma.
Luego se acuerda de un momento que atesora con amor junto a su papá en la altura serrana: “Cómo no acordarme de cuando subimos con papá a Pampa de Achala, acampamos ahí en la altura, fue un momento inolvidable estar allí junto a mi viejo, en el silencio, allí en la cumbre, en lo más alto. Yo escuchaba siempre sus consejos: 'Nunca seas como yo, no hagas lo que hago yo', se refería a su vida extrema".
Ismael Sokol pasó parte de su infancia en Traslasierra, Córdoba. Y quiere volverse a vivir a la provincia. Foto: Juano Tesone
Sin embargo, cuando regresaron a Buenos Aires todo se hizo difícil. La muerte de su padre golpeó fuertemente tanto en él como en Camila, su hermana. El único que pudo seguir adelante por fuera del consumo fue el tercero de los hermanos, Fermín, el menor de los hermanos:
“Él salió distinto, es una persona correcta, hasta hace poco trabajaba en una casa de telas en Once, pero lo echaron. A él le gusta las cuestiones de computación y jugar en la computadora. También toca el bajo a veces conmigo en una banda que llamamos Lokos, que es nuestro apellido al revés. Él no salió hiperquinético como yo, al igual que lo fue papá”, detalla.
Respecto de su hermana, no tarda en acotar cierta preocupación y que incluso quiso que participara de la regrabación de temas inéditos de su padre: “Ella es inestable, tiene su propia banda, pero le cuesta, entonces a veces se encierra, se cuelga, los vicios no ayudan. Nos llevamos bien, suelo visitarla; incluso para que pueda afrontar sus inconvenientes personales, muchas veces con Fermín intentamos que se sume a tocar con nosotros, pero no lo conseguimos”, remarca.
Un amor de milanesas
La mayor parte de lo que conoce Ismael acerca de su papá y Sumo, se lo aportó su madre Lila, a quien dice que el Bocha se la cruzó por la mañana en la carnicería del barrio, comprando milanesas de pollo.
“Ella conoció muchísimo a Luca Prodan. Es más, cuando mamá enfermó de fiebre tifoidea a los 17 años, llegó a estar en coma y no podía hablar ni responder nada. Pero Luca iba todos los días a la casa de mi abuela materna, Melinda, para consolarla y alentarla. Le hablaba al oído, le ponía un walkman con algún casete, lado A un día y lado B al siguiente, le hacía escuchar desde punk inglés hasta Las cuatro Estaciones de Vivaldi, o Rita Pavone”.
Por otro lado, a Isma siempre le llamó la atención lo que le contó su abuelo sobre Luca: “Conversaba siempre con mi abuelo Chiche, porque no tenía mucha gente con la que pudiera hablar inglés. Como mi abuelo fue secretario del embajador en Inglaterra, tenía un inglés fluido. Mi abuelo era elegante y Luca aparecía todo mal vestido, aún así lo aceptaba porque se daba cuenta que era culto y se ponían a beber whisky juntos en el living de la casa”.
Sobre la carrera musical propia, Ismael desde pequeño tuvo mucha facilidad para tocar la guitarra. Y desde antes de que su padre tuviera que dar un paso al costado de Las Pelotas por conflictos internos, el joven Sokol ya tocaba con su padre, además de subirse en diversas ocasiones a los escenarios de grandes estadios.
“De muy chiquito que toco la guitarra. La primera vez que subí al Estadio Obras tenía tan solo 9 años y Las Pelotas me invitaron a subir con la canción Movete, me puse a bailar, nunca fui vergonzoso; después ya era para tocar la guitarra. Todos gracias a mi viejo por su educación, le estoy agradecido, al igual que al resto del grupo”, realza con orgullo.
Y suma lo siguiente: “En toda esa época, papá hablaba mucho conmigo. Me decía: ‘No hagas las boludeces que hago yo. Y otra cosa que siempre me acuerdo fue esto: ‘Cuanto más sencillo te lo tomes, más lo vas a disfrutar’. Yo entendía que no había que preocuparse, que era ir por lo básico, que con eso bastaba”.
Ismael Sokol tuvo una vida extrema, como su padre. Pero poco a poco comenzó a recuperarse. Foto: Juano Tesone
Con una ayudita de mis amigos
Respecto de su actual relación con los ex compañeros de su papá de Las Pelotas, añade que aún sigue relacionándose con algunos de ellos, tanto con Germán Daffunchio como con Tomás Sussmann. Y que por una enfermedad que padece siempre está en constante comunicación.
“Padezco de retinosis pigmentaria, o sea tengo problemas severos en la vista, veo como si fuera por dos tubos, hace 4 años me lo descubrieron y necesito utilizar anteojos especiales, que salen no menos de tres millones de pesos cada uno. En mi caso siempre es necesario contar con varios. Germán está al tanto de eso, por eso me ayuda, me invita a sus shows y me dará una mano con el asunto de cómo conseguir más lentes”.
El Bocha Alejandro Sokol, el muy querido músico de Sumo y Las Pelotas. Su hijo le regala un festival musical todos los años.
A su vez, Sokol no cuenta con obra social y manifiesta que Sadaic no lo aceptó para asociarse: “Para mí que me rechazaron porque saben que es un problema grave el mío, es que a veces hasta necesito que alguien me guíe. De noche se me complica más aún, es por eso que Ludmila, mi pareja, me conduce, me acompaña”, devela el músico.
Por otra parte, asume que Daffunchio en cierto punto lo condiciona para aportarle un mayor acompañamiento desde el terreno económico.
“Me dijo que me seguiría dando una mano con los lentes, que seguiría invitándome a tocar, pero que si no hacía canciones propias no podía ayudarme lo suficiente. Claro, él quiere que haga mi propio camino. Yo tengo canciones que compuse. Ojo, mi papá me diría lo mismo que Germán”, asume.
Acerca de la relación con los integrantes de Divididos, declara que es prácticamente nula, a una excepción:
“Nunca tuve mucha relación con ellos, apenas hasta ahí con Diego Arnedo. Sé que Ricardo Mollo habló bien de mí. Con el que está todo bien es con Catriel Ciavarella. Cuando estábamos grabando en El Cielito, ellos estaban en la quinta de al lado. Y cada vez que pasaba por allí Catriel, nos acercaba unos platillos, alguna guitarra, además de que grabó un tema con nosotros. Es que él fue el primer baterista de El Vuelto, con papá en vida”.
Una antigua imagen de El Vuelto. Alejandro Sokol es el de los lentes e Ismael, él último a la derecha, con barbita.
En relación a su situación actual a nivel económico, expone que, por fuera de subirse a un escenario, estuvo un tiempo trabajando para una empresa.
“Trabajé no por necesidad absoluta, pero sí por necesidad. Estuve comercializando para una empresa de sonido cuyos dueños eran amigos de papá. Mi función era vender micrófonos, placas de audio, en realidad todas cosas de las que entiendo. Eso me puso en actividad. Siempre me gustó el asunto del sonido, así como también el fútbol, estar en movimiento”, desliza.
-Expresaste que sos tan hiperquinético como lo fue tu padre, ¿en qué otras cosas te asemejás a él?
-Yo heredé muchos aspectos de papá. Por ejemplo, no me gusta estar mucho tiempo con la gente. Para nada me gustan las juntadas, sólo las que son productivas, por ejemplo, para grabar algo. Si es para boludear no me interesa. Soy tan solitario como lo era papá. Además, siento que nos une la sensibilidad, la empatía. También fui muy callejero como lo fue él. Solo que por mi salud tuve que frenar de golpe. Ahora salgo para tocar, para subirme a un escenario y ser feliz.
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