Este próximo jueves 8 de octubre, el coreógrafo Oscar Araiz suma una obra más a su ya muy, muy vasta producción: Quimera, inspirada libremente en Federico García Lorca, cuya influencia, dice, “me llegó culturalmente por la sangre, por sus canciones en el oído, y también gracias a toda su obra por el factor poético que gobernó su existencia”.

Quimera fue creada especialmente para el espacio La Capilla del Centro Cultural Recoleta.

El recorrido artístico de Oscar Araiz -nacido en las cercanías de la ciudad de Bahía Blanca en 1940- es tan rico y tan variado que sería imposible intentar ni siquiera un resumen. Para citar sólo dos cosas de los últimos dos años, en 2025 creó una pieza deliciosa con bailarines del Teatro Colón como parte del programa que celebraba el centenario de la compañía. En esta temporada repuso, también con el Ballet del Colón, su Consagración de la primavera, estrenada originalmente en 1966.

El vestuario de la actual Quimera fue diseñado por Renata Schussheim, fiel compañera de ruta de Araiz desde la década del ’70.

"Quimera" se presentará desde este jueves 8, todos los jueves del mes de octubre con entrada libre.

El elenco, por su parte, es muy heterogéneo y reúne varias generaciones (ésta es una particular preferencia del coreógrafo). Hay en él primeros bailarines del Teatro Argentino de La Plata, jóvenes exalumnos del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, la bailarina de flamenco Marcela Suez; y también Sofía Mazza, exintegrante del Ballet del San Martín y una reconocida maestra de la técnica Graham, la actriz Sofía Brochard, Yamil Ostrovsky, asistente y repositor de las obras de Araiz desde hace largo tiempo y dos bailarinas de formación contemporánea. Es un elenco numeroso, algo poco frecuente en las producciones independientes.

García Lorca y sus dos obras “difíciles”

En la mitología clásica quimera es un monstruo con cabeza de león, vientre de cabra y cola de dragón, y metafóricamente alude a una convivencia de naturalezas diferentes que en la obra de Araiz puede asociarse con la diversidad de técnicas, estilos y experiencias del grupo que la interpreta.

En Quimera esta alanza de elementos diversos aparece igualmente en los personajes, algunos de los cuales tienen solo nombres de colores, así como en las relaciones entre ellos. No es, sin embargo -aclara Araiz, poco amigo de las etiquetas- una obra surrealista: “Las etiquetan limitan y así abundan los diálogos de sordos entre personas que creen que están hablando de lo mismo”.

Oscar Araiz, siempre en actividad. Foto Archivo Clarín

La vinculación de Oscar Araiz con el universo lorquiano tiene dos antecedentes: durante la década en que dirigió el Ballet del Gran de Teatro de Ginebra había hecho un montaje sobre una pieza poco conocida de Lorca, El público.

La hermana del poeta, Doña Isabel, no le permitió utilizar el texto; sólo las imágenes: “llamé -recuerda Araiz- a un compositor suizo, joven, pero no logramos entendernos y hacia la mitad del proceso se cortó la relación. Finalmente lo hice yo solo. Recuerdo un 31 de diciembre bajo la nieve -estrenábamos tres días después-, yendo a un laboratorio de sonido en Lausana para completarlo”.

También había abordado en Ginebra Así que pasen cinco años, que fue el disparador de Quimera. “Aquellas dos piezas -dice hoy- son consideradas irrepresentables por diversas razones: imposibilidad de realizarlas por los equipamientos técnico-escénicos necesarios y por los temas aludidos en el contexto de un marco represivo que acabó por asesinar a Federico. Razones, entonces, técnicas, políticas y morales”.

Federico García Lorca, el granadino de quien en agosto se cumplieron 90 años de su asesinato.

La primera versión de Quimera se presentó en el Gran Teatro de Ginebra en 1989 con la presencia de Carlos Surinach, el compositor. La obra que se estrena ahora en el CC Recoleta es diferente porque la mirada del coreógrafo es distinta y porque a la música original de Surinach agregó nuevas composiciones, de Caroline Shaw y del argentino Mariano Vitacco.

Al vestuario original de Renata Schussheim sumó piezas del portugués Nuno Corte Real, máscaras de José María Suhurt y de Carlos Cytrynowski: “Desaparecieron ciertos personajes y aparecieron nuevos. Jugué con mayor libertad y acentué el aspecto estético-poético”.

-En la información previa al estreno aparece esta frase suya: “procuro convocar al público a participar de un juego estético formal, emocional y simple". ¿“Quimera” es simple en qué sentido?

-Es una larga historia, pero diría que es facilitar el acceso a Federico García Lorca en varios frentes.

Araiz cuenta por qué desconfía de la imaginación.

Qué es la imaginación

-Las imágenes fotográficas de “Quimera” muestran un gran despliegue de imaginación e inventiva. Sin embargo, en una entrevista de hace pocos años, usted decía que desconfía de la imaginación. ¿Por qué?

-Porque no es una herramienta mental. Confío más en las asociaciones visuales y en las imágenes soñadas. La imaginación como un ejercicio del tipo “escucho una música y me imagino”, no es algo que me ocurra. Por supuesto que la aplico, pero cuando trabajo sobre una partitura que voy a utilizar, analizo las notas, los compases, los cambios de intensidad, los silencios. Es un equilibrio entre lo mental, lo intuitivo, lo recordado y lo deseado.

-En su extenso recorrido como coreógrafo, ¿el impulso de crear nunca decayó y como ahora, no decae?

-Yo simplemente juego y me divierto. Solo; y mejor aún, con los otros.

Estrena el 8 de octubre, a las 19 en La Capilla del Centro Cultural Recoleta (Junín 1930, CABA). Funciones: jueves 15, 22 y 29 de octubre a la misma hora. La entrada es libre y sin costo para argentinos y residentes y el ingreso es por orden de llegada hasta agotar la capacidad del espacio.

POS