Había ganado con el 72% de los votos y no cobró más de 200 dólares mensuales durante todo un mandato que se extendió de 1986 a 1988. Hace 40 años, Clint Eastwood, la estrella de Hollywood que más ha sabido vivir en este planeta, fue electo alcalde de Carmel by the Sea, un encantador pueblito californiano con nombre de banda indie.
Su medida de gobierno más recordada fue derogar la ley que prohibía vender y comer helado en la calle. En la siempre exigente California, las mejoras cosméticas también fueron prioridad y renovó la escalinata que conduce a la playa de Carmel. También ordenó ampliar las instalaciones de la biblioteca pública.
Su pequeño reino parecía sacado de una de esas películas donde el viejo Clint Eastwood siempre parece cuestionarse por qué Dios le ha dado tanto amor en un mundo sin sentimientos.
Carmel-by-the-Sea tiene unos 4.000 habitantes, está a menos de 200 kilómetros de San Francisco, en plena costa californiana. Lo describen como pintoresco, tranquilo, elegante, sin grandes cadenas comerciales, lleno de cafés y galerías de arte. Las casas tienen techos a dos aguas, los jardines están perfectamente cuidados y la arquitectura es casi de costa europea.
Allí vivía Clint, que además de algunas propiedades era dueño del restaurante/hotel Mission Ranch. Su candidatura surgió por un problema menor de permisos: el actor quiso agregar una mesita con sillas en la vereda y el permiso fue rechazado. Eso lo puso de malhumor. “¡Estricto y absurdo", bramó con la comisura inflamada. Ahí mismo decidió involucrarse directamente en la política local.
Eastwood ganó la elección el 8 de abril de 1986 por paliza, obteniendo el 72% de los votos. Su principal rival fue la entonces alcaldesa Charlotte Townsend, representante exclusiva de las estrictas regulaciones locales. Comparado con ella, el siempre republicano Clint Eastwood parecía más progre que Pedro Rosemblat.
La pérfida alcaldesa
En campaña. Clint Eastwood, en la previa de su elección como intendente de Carmel by the Sea. Foto: AFP/ Bob Larson
“Él actúa, yo trabajo”, decía el eslogan de Townsend para enfrentar a su famosísimo rival. Clint Eastwood había llegado al paisaje perfecto en los años '40, como instructor de natación de la Armada. Fue como maravillarse con la bohemia de Villa Gesell en los años '60. En esas playas, caminando por la orilla, conoció a uno de sus fugaces amores, Dina Ruiz, una animadora de televisión.
En 1986, en Carmel no se podía vender ni comer helados en la calle. El cucurucho goteando manchaba el asfalto y lo dejaba pegajoso. Townsend era implacable hasta que fue ridiculizada por Clint en una campaña que incluyó acusaciones de todo tipo: ella misma llegó a denunciar que los seguidores de Eastwood le gritaban “lesbiana anticucurucho”.
La revista Spin la describía así: “Charlotte Townsend, la alcaldesa, es una divorciada no tan alegre, que se parece a uno de esos personajes de dibujos animados, como las gallinas que le gritan al Gallo Claudio por dormirse en el trabajo”. En esa misma línea, la contaban como “una sádica profesora de gimnasia”.
El primer amor
Clint Eastwood, como intendente de Carmel by the Sea, visitó al presidente Ronald reagan en la Casa Blanca. Foto: AFP/ Mike Sargent
El 8 de abril, el actor y director ganó con tal margen que Townsend, muchos años después, confesó su estado de ánimo perpetuo: “Nunca lo superé”.
En el primer año de mandato, Clint ya se había acercado al cine, pero durante su segundo año le dedicó tiempo completo a una de Harry el sucio y también dirigió Bird, la genial biopic sobre Charlie Parker. Delegaba tareas, y su persona de confianza era Sue Hutchinson, veterana prensera de sus campañas cinematográficas. Eastwood no buscó la reelección y la vida en Carmel continuó.
“Creo que nuestra mayor contribución fue hacer las cosas y volver a ponerlas en marcha”, dijo el veteranísimo artista de 95 años. “Es como dirigir una película: colocás todo donde querés que esté y luego rezás, mucho. Rezás para haber tomado las decisiones correctas”.
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