Bogotá está cubierta de amarillo, rojo y azul. Banderas, globos, guirnaldas. Y camisetas. Muchas camisetas. La selección de fútbol juega este martes en México su segundo partido en el Mundial y aquí, mientras los empleados electorales siguen contando los votos del balotaje del domingo, gran parte de la población hace sus apuestas sobre los resultados del partido contra la República Democrática del Congo.

La camiseta amarilla brillante que se convirtió en símbolo de campaña del libertario Abelardo De la Espriella, este martes parece unir a la población. En comercios, bares, oficinas y hasta en parques y plazas -en Bogotá y otras ciudades- se han instalado pantallas gigantes para ver el partido programado para las 9 de la noche de Colombia.

Detrás de la pasión deportiva

Pero detrás de esta pasión deportiva, el país sigue profundamente dividido en dos mitades irreconciliables. Aunque el gobierno de Gustavo Petro todavía no reconoció la victoria de De la Espriella en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de este domingo y, como en la primera vuelta, denunció supuestas irregularidades, aquí el escrutinio avanza sin dificultades.

Las autoridades electorales y los observadores internacionales coinciden en que el proceso fue transparente y el resultado definitivo, que se conocerá posiblemente entre miércoles y jueves –se espera todavía la llegada de votos del exterior- al parecer no cambiará respecto del conteo rápido del domingo, que mostró un triunfo ajustadísimo del candidato libertario.

De la Espriella recibió el 49,66% de los votos, contra 48,70% del senador del Pacto Histórico, Iván Cepeda, heredero político de Gustavo Petro. Una diferencia de poco más de 250.000 votos, en un total de 26 millones de votantes (el 64% del padrón, pues aquí el voto no es obligatorio). Según el conteo rápido, el populista de derecha De la Espriella obtuvo. Una ventaja mucho menor a la que esperaba el “Tigre”, como se hace llamar el abogado y empresario de 47 años que irrumpió en la política hace apenas un año y sorprendió con su victoria en primera vuelta.

Una marcha a favor de Iván Cepeda, este lunes en Bogotá. Foto: REUTERS

Cepeda afirmó el mismo domingo a la noche que reconocía el conteo preliminar pero que no es un resultado definitivo, y que esperará hasta que se analicen las reclamaciones sobre supuestas irregularidades en más de 57.000 mesas de votación en todo el país. Sus seguidores, mientras, salieron a protestar en varias ciudades y prometen una firme resistencia frente a De la Espriella.

Reuniones a puertas cerradas

El líder de la derecha libertaria no volvió a aparecer en público luego de su discurso del domingo a la noche en Barranquilla, donde bajó un poco el tono de confrontación que mostró en la campaña y prometió gobernar para “todos los colombianos”.

Desde esa ciudad de la costa del Caribe, donde vive con su esposa y sus cuatro hijos, el futuro presidente trabaja desde el lunes a puertas cerradas en el armado de su gabinete.

Aupado por los presidentes conservadores de la región, que le enviaron sus felicitaciones –Javier Milei y Donald Trump estuvieron entre los primeros- De la Espriella ahora deberá convocar a figuras de su nuevo espacio político pero a la vez de los partidos tradicionales de derecha, pues necesitará apoyos en el Congreso para poder avanzar en los grandes cambios que promete.

Este martes, el equipo de campaña de De la Espriella anunció en un comunicado que “se estableció la hoja de ruta del proceso de empalme con la administración saliente, con el propósito de garantizar una transición ordenada, responsable y orientada a responder desde el primer día a las necesidades de los colombianos”, y agregó que “en los próximos días” se darán a conocer los integrantes de su equipo de gobierno.

Los medios locales ya comienzan a arriesgar algunos nombres. Muchos coinciden en que seguramente el vicepresidente electo,José Manuel Restrepo, de 55 años, tenga un rol de peso en el futuro gobierno. Ex ministro de Hacienda durante el mandato de Iván Duque, seguramente ayudará a armar el equipo económico . Y, mientras avanza el conteo de los votos, los líderes de la izquierda en el poder –sin decirlo abiertamente- ya se preparan para ejercer una firme oposición.

El libertario de 47 años, que hizo fortuna con su estudio de abogado y sus marcas de ron y de indumentaria exclusiva, se presentó como el “outsider” de la política que llega para “poner orden” al país. Pero deberá ceñirse a las reglas del juego político y posiblemente moderar sus propuestas más audaces y controvertidas en seguridad y economía.

Sus planes incluyen recortar drásticamente el Estado, bombardear guerrilleros y narcotraficantes con apoyo del gobierno de Donald Trump, o revisar la permanencia de Colombia en organismos de cooperación como Naciones Unidas.

Soldados patrullan el frente del centro de convenciones Corferias, en Bogotá, donde se realiza el escrutinio de las elecciones presidenciales. Foto: REUTERS

Cuando el país atraviesa una grave crisis de seguridad, tras el fortalecimiento en los últimos años de grupos armados y de carteles del narcotráfico, De la Espriella quiere construir diez megacárceles para encerrar a criminales, similares a las que implementaron Nayib Bukele en El Salvador y Daniel Noboa en Ecuador. También propone flexibilizar las normas para la portación de armas y bombardear a narcotraficantes con ayuda de Estados Unidos.

Sus adversarios ven tintes autoritarios en su discurso y muchos analistas consultados por Clarín advirtieron de posibles avances contra la democracia. Otros temen además una posible escalada de la violencia derivada de esta estrategia.

En cuanto a la economía sus ideas también son controvertidas. En un país que enfrenta un profundo hueco fiscal, luego de cuatro años de una política expansiva con la que Petro derivó fondos del Estado para financiar programas sociales con los que logró reducir la pobreza y la desigualdad, De la Espriella promete una “patria milagro”. Busca recuperar la expansión económica y la inversión. Con el modelo de la motosierra de Milei, quiere reducir en un 40% el tamaño del Estado, y no descarta dolarizar la economía.

Pero muchas de sus propuestas encontrarán fuerte resistencia en el Parlamento, en la Justicia y también en las calles.

El clima de tensión y división parece dar un respiro este martes, cuando la atención de gran parte de los colombianos está en el Mundial de fútbol. Pero las divisiones y enfrentamientos se harán notar de aquí al 7 de agosto, cuando Gustavo Petro tenga que dejar la Casa de Nariño y el país gire hacia una nueva derecha, más extrema y menos predecible.