Guillermo Arana Leyton, rescatista del grupo Fenix Unit, reconoció este lunes que tuvo hasta último momento la esperanza de encontrar con vida a Lucas Gámez, el nene argentino que había quedado atrapado entre los escombros tras los terremotos en Venezuela, y reveló que cuando hallaron su cuerpo, estaba "abrazado a sus abuelos".
El rescatista argentino habló esta mañana desde el aeropuerto de Mendoza, a donde arribó tras una gran cantidad de días en la zona de La Guaria, a donde viajó para colaborar en las tareas de rescate.
“Pudimos completar el objetivo que llevábamos, pero no como esperábamos, porque teníamos la esperanza de encontrar a más personas con vida. Ha sido algo nefasto por la cantidad de personas fallecidas“, expresó a Canal 9 Televida.
Y advirtió que este desastre natural “rompió todos los números que podía pensar. Hoy te digo que van a llegar a 20.000 personas muertas“. De acuerdo con los registros oficiales al día de hoy, hay 4.490 fallecidos.
Guillermo Arana Leyton, rescatista de Fénix Unit Rescue, buscando a Lucas Gamez. Foto: Fernando de la Orden / Enviado Especial
La misión principal de Guillermo fue en el edificio Miramar, donde dirigió tareas de rescate junto a efectivos de otros países para sacar a Lucas Gámez, su familia y vecinos.
"Pensamos que Lucas iba a estar vivo pero lo encontramos fallecido, abrazado a sus abuelos. Tuvimos que deshacer un edificio de nueve pisos, con maquinaria pesada y algunas personas habían estado con vida diez días luego del terremoto", lamentó.
Lucas se encontraba en el segundo piso, junto a los tíos de su mamá, con quienes había ido a pasar el día en la playa de La Guaira. Acababan de ingresar al edificio cuando los sacudieron los terremotos.
Un equipo rescatistas argentinos trabajando el edificio Miramar. Foto: Fernando de la Orden / Enviado Especial
El rescatista explicó que la misión contó con el apoyo de 15 médicos venezolanos radicados en Argentina, integrantes de la Asociación de Médicos Venezolanos en la Argentina. Además, destacó la colaboración de la presidenta de la entidad, Indira Acosta, y de la colectividad venezolana en Mendoza, que asistió al grupo con alimentos durante toda la misión.
En ese sentido, reconoció que le costaba comer en esas circunstancias: "¿Cómo podés comer cuando tenés esta situación? Yo era medio reticente a comer. Tan es así que trabajábamos 24 horas, descansábamos dos horas y volvíamos otras 24 horas".
"Estábamos superados en todo. Creo que cualquier país del mundo se sentiría igual ante una tragedia de esta magnitud", señaló y detalló que “no existe agua potable, no hay cloacas y no tenés medios de sanidad para contener una epidemia. Hoy se está generando sarna, incluso entre los mismos rescatistas“.
También advirtió que todavía quedan muchos cuerpos atrapados entre los escombros y que la maquinaria disponible resulta insuficiente para avanzar con la recuperación. “El olor de los cuerpos es abrumador. Quedan muchísimos cadáveres dentro de los edificios y las máquinas no alcanzan para remover todos los escombros”, indicó.
“Acá te encontrás lo mejor y lo peor de la gente, incluidos los rescatistas. Algunos van como si fuera un turismo de catástrofe. Buscan sacar a alguien con vida, salir en una foto e irse. Cuando pasan los primeros días y las posibilidades disminuyen, muchos dejan de asistir“, afirmó.
Finalmente, adelantó que dentro de 7 días volverá a Venezuela con un nuevo contingente integrado por rescatistas mineros especializados en recuperación de cuerpos, además de diez psicólogos y cinco médicos para reforzar la asistencia en la zona afectada.
D.D.
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