El presidente Donald Trump busca dejar su sello en la Casa Blanca con un imponente y lujoso salón de baile, cuya construcción ha generado una enorme controversia, pero ahora argumenta que la verdadera importancia de la obra reside en lo que se desarrolla bajo tierra y que apenas había trascendido: un enorme complejo secreto y fortificado capaz de proteger al jefe de la primera potencia del mundo, junto con decenas de personas, por varios meses en caso de un grave ataque a los Estados Unidos, incluso nuclear.

Si bien el presidente buscó mantener oculto su proyecto subterráneo, tuvo que exponer ciertos detalles ante la Corte Suprema, que en estos días debate si otorgarle o no el permiso para la construcción del nuevo salón de baile, que viene avanzando a toda velocidad y que es objetada por el National Trust for Historic Preservation porque dice que semejante obra modifica sustancialmente a la Casa Banca y debe ser autorizada por el Congreso.

El viernes, el presidente del máximo tribunal, John Roberts, dio luz verde a que las obras continuaran mientras la Corte decide su sentencia definitiva.

En los últimos días aparecieron muchos más detalles sobre el proyecto bajo tierra, revelados en documentos judiciales. Se trata de un enorme complejo militar y de seguridad subterráneo integrado al nuevo salón de baile que se ubica en lo que era el Ala Este de la Casa Blanca, que fue demolida para este fin.

Las obras en la Casa Blanca. Foto: AP

Sobre ese terreno se construye un salón de baile de unos 8.400 metros cuadrados (más grande que una cancha de fútbol) y capacidad para más de 1.000 personas, con columnas griegas, escalinatas y decoraciones doradas, que reflejan el estilo de la residencia de Trump en Mar-a-Lago.

Pero, según documentos judiciales presentados a la Corte a los que accedió Clarín, debajo del salón se están construyendo cinco niveles subterráneos de un complejo militar. Estas instalaciones incluyen:

--Refugios antibombas y áreas altamente fortificadas para proteger al presidente y altos funcionarios.

--Un centro de comando y control, pensado para que el presidente pueda seguir ejerciendo la autoridad como comandante en jefe y mantener la continuidad del funcionamiento del gobierno durante un eventual ataque contra Washington.

--Instalaciones médicas y un hospital militar bajo tierra.

--Protección contra bombas, cohetes, misiles e incluso los efectos de una explosión nuclear.

--Ventilación de grado militar.

--Una estructura diseñada para ser resistente a ataques con drones.

--Un “drone port” en el techo, que Trump describió como una instalación para operar drones defensivos.

--Materiales extraordinariamente resistentes: grandes cantidades de hormigón y acero reforzado, además de vidrio especial de unos 12 centímetros de espesor en varias partes del complejo. "Es el hormigón más duro y resistente que existe, el tipo usado en centrales nucleares. Es impermeable y prácticamente imposible de desmontar", señala el documento.

Trump junto a las obras en la Casa Blanca. Foto: Reuters

El secretario del Ejército, Dan Driscoll, sostuvo ante la Corte Suprema que el complejo subterráneo es necesario para garantizar “uninterrupted command and control” (un mando y control ininterrumpidos) y permitir que el presidente siga gobernando durante un ataque o una crisis global. Otro funcionario responsable de la obra, Joshua Fisher, lo describió como, en gran medida, un “safe room” para la Presidencia y la continuidad del gobierno.

Dimensiones y costo

El sitio Axios informó que la parte subterránea sería más pequeña que el salón de baile y ocuparía debajo unos 2.040 metros cuadrados, según planos de la National Capital Planning Commission.

El costo es controvertido. Trump al principio presentó el salón de baile como una obra de US$200 millones financiada con fondos privados. Luego habló de unos US$400 millones. Pero documentos internos obtenidos por The Washington Post muestran que el contratista calculó en marzo un costo total del proyecto del Ala Este de alrededor de US$600 millones, y estimó que más de la mitad provendría de fondos públicos vinculados, entre otros, al Secret Service y al White House Military Office.

La Casa Blanca sostiene, sin embargo, que los aproximadamente US$400 millones correspondientes al salón de baile son financiados por Trump y donantes privados.

¿Es necesario? La Casa Blanca ya tiene un bunker

Los detalles del complejo subterráneo aparecieron cuando la justicia comenzó a trabar la construcción y pidieron explicaciones. Trump pasó de decir que quería un salón más grande y cómodo para agasajar a presidentes e invitados a afirmar que el salón de baile era un tema de seguridad nacional.

Pero The Washington Post reveló el domingo por la noche que la Casa Blanca ya tiene un búnker mucho más moderno de lo que se conocía públicamente, lo que pone en duda si la construcción que busca Trump es realmente necesaria.

Según tres ex funcionarios citados por el diario, durante el gobierno de Barack Obama se terminó secretamente una instalación a unos 18 metros bajo el complejo de la Casa Blanca, capaz de resistir una explosión nuclear y de albergar a decenas de personas durante varias semanas. Su construcción había comenzado después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 como un centro de mando para garantizar la continuidad del gobierno.

George Bush y Dick Cheney en el búnker de la Casa Blanca tras los atentados del 11 S. Foto: AP

Esta construcción se sumó a una ya preexistente: el histórico Presidential Emergency Operations Center (PEOC), debajo del Ala Este, que se construyó en 1942 durante la presidencia de Franklin D. Roosevelt. Allí fue llevado el vicepresidente Dick Cheney y la primera dama Laura Bush, durante los atentados del 11 de septiembre de 2001. Ese día el presidente George W Bush estaba en una escuela primaria en Sarasota, Florida.

Ante los tribunales, el gobierno dice que estas instalaciones ya no le sirven y que las nuevas amenazas, sobre todo drones militares y posibles atentados contra el presidente, requieren instalaciones de nueva generación.

"El Proyecto de Modernización del Ala Este está inextricablemente ligado a la seguridad del presidente, los terrenos de la Casa Blanca y ciertos activos de infraestructura de seguridad", dijo el portavoz de la Casa Blanca, Davis Ingle, en un comunicado al Post.

"Eventos recientes como el ataque frustrado al histórico UFC Freedom 250 en la Casa Blanca demuestran exactamente por qué el Proyecto de Modernización del Ala Este es tan necesario para eventos a gran escala, que incluyen estructuras a prueba de drones y puertos para drones, entre otras mejoras críticas de seguridad", añadió Ingle.

El portavoz se refería a los arrestos de un grupo de personas que supuestamente buscaban atentar con drones contra el presidente en el día de su 80 cumpleaños, que celebró en la Casa Blanca con una competencia de luchadores de artes marciales mixtas. Trump ya ha sufrido varios intentos de atentados, uno de ellos en un acto de campaña, otro en su campo de golf en Florida y otro en la cena de Corresponsales de la Casa Blanca.

Mientras tanto, las obras avanzan a toda velocidad: el gobierno dijo este mes ante la Corte Suprema que estaban aproximadamente 65% terminadas, con unos 250 trabajadores distribuidos en 20 horas diarias, siete días a la semana.

Ahora Trump espera la decisión final del máximo tribunal. Pero, si la Corte llegara a prohibir el proyecto, asomaría otro problema. Según señaló el gobierno en documentos judiciales, “los materiales utilizados, tanto en hormigón como en acero (e incluso vidrio), están destinados a detener bombas, cohetes, misiles e incluso explosiones nucleares". Y advirtió: "Francamente, si el tribunal lamentablemente ordenara que el edificio fuera derribado o incluso modificado, no habría forma de hacerlo”.