La fallida ejecución de Christa Pike, la mujer que llevaba casi tres décadas en el corredor de la muerte en Tennessee y que ayer sobrevivió a las dos inyecciones presuntamente letales de pentobarbital, causó conmoción y se convirtió en un tema de debate a nivel mundial.

Sin embargo, este tipo de fallos no está tan inusual en los Estados Unidos.

Técnicos que no pueden acceder a las venas para aplicar el líquido letal, cables mal conectados y agonías que se extienden mucho más del tiempo previsto son los errores más frecuentes.

Desde 1976, cuando se reanudaron las ejecuciones de condenados a muerte en EE.UU. -después de que fueran paralizadas durante cuatro años por el Tribunal Supremo-, al menos 64 ejecuciones resultaron fallidas o registraron problemas graves, 51 de ellas realizadas mediante inyección letal, según los datos que recoge la web de la organización norteamericana Death Penalty Information Center hasta mayo de 2026.

Para un período histórico más amplio, 1890–2010, un estudio del profesor, politólogo y jurista estadounidense Austin Sarat contabilizó 276 ejecuciones fallidas de un total de 8.776.

Esto da una media de 3,15 por ciento.

Una sala de ejecución en los Estados Unidos, donde hubo más de 64 casos fallidos en los últimas décadas.

El caso de Christa Pike

Christa Pike, de 50 años, condenada a muerte por asesinar a una compañera de clase en 1995, sobrevivió anoche a dos intentos de ejecución mediante inyección letal en la penitenciaría de máxima seguridad de Riverbend, en Nashville.

Recibió dos dosis del sedante pentobarbital, utilizado habitualmente en la ejecución de presos condenados a muerte.

Christa Pike recibió dos inyecciones letales, pero sobrevivió.

Sin embargo, según sus abogados, su corazón continuó latiendo después de la administración del medicamento e incluso era posible escucharla roncar. La reclusa fue trasladada a un hospital cercano, pero se desconoce su estado de salud.

En un comunicado, la defensa de Pike denunció "dificultades para acceder a las venas" durante los procedimientos, así como "venas que se rompieron, pentobarbital degradado y ausencia de asistencia médica de emergencia".

Los testigos de la ejecución fallida, junto a una imagen de la joven asesinada por Christa Pike. Foto: AP

"El estado de Tennessee volvió a fracasar en la ejecución de una pena de muerte legal", afirmaron los abogados.

Un error que se repite

Previo al caso de Pike, el fallo más reciente ocurrió el 21 de mayo, también en Tennessee. Tony Carruthers iba a ser ejecutado por tres asesinatos cometidos en 1994 y el equipo encargado consiguió establecer una vía principal, pero no pudo establecer la segunda vía que exige el protocolo tras una hora y media de intentos y doce pinchazos, según señalaron sus abogados.

Tras un intento fallido, la ejecución de Tony Carruthers se aplazó.

Carruthers volvió a su celda y posteriormente su sentencia de pena de muerte fue aplazada hasta el año que viene. Entre los casos de ejecuciones fallidas están los siguientes:

14 de julio de 1989; Horace Franklin Dunkins Jr., en Alabama

Fueron necesarias dos descargas eléctricas, con nueve minutos de diferencia, para completar la ejecución. Después de que la primera no lograra matar al prisionero, el capitán de la guardia de la prisión abrió la puerta de la sala de testigos y declaró: “Creo que hemos conectado mal los enchufes”.

15 de septiembre de 2009: Romell Broom, en Ohio

Los esfuerzos por encontrar una vena adecuada al reo se interrumpieron después de más de dos horas. El gobernador de Ohio, Ted Strickland, ordenó detener la ejecución y realizarla una semana después. Los verdugos atribuyeron los problemas al historial de consumo de drogas intravenosas de Broom. Finalmente murió en diciembre de 2020 a causa de un cuadro de Covid contraído en el corredor de la muerte.

Romel Broom murió por Covid antes de ser ejecutado.

16 enero 2014: Dennis McGuire, en Ohio

Condenado en 1994 por violar y asesinar a puñaladas a una joven de 22 años en 1989, fue ejecutado con una inyección letal que combinaba dos fármacos y que nunca antes había sido usada, y que le provocó una reacción que le mantuvo agonizando durante 25 minutos.

29 de abril de 2014: Clayton Lockett, en Oklahoma

Sentenciado a la pena capital por el asesinato de una joven de 19 años en 1999, se retorció y jadeó durante 40 minutos cuando le fue administrada la inyección, que contenía una combinación de fármacos usada por vez primera en el estado de Oklahoma, antes de morir de un ataque al corazón.

Clayton Lockett tuvo una larga agonía tras recibir la inyección letal.

24 de julio de 2014: Joseph Wood, en Arizona

Condenado por un doble asesinato, falleció casi dos horas después de recibir la inyección letal, tras permanecer más de una hora agonizando.

15 de noviembre de 2017: Alva Campbell, en Ohio

Unos 80 minutos después de la hora programada para que comenzara la ejecución se canceló por no poder acceder a sus venas. Menos de cuatro meses después, el 3 de marzo de 2018, Campbell murió en el corredor de la muerte debido a sus afecciones médicas terminales.

Alva Campbell también murió antes de ser ejecutado.

22 de febrero de 2018: Doyle Lee Hamm, en Alabama

A pesar de las múltiples advertencias del abogado defensor de que sería imposible encontrar una vena en la que insertar el catéter (Hamm sufría de cáncer linfático avanzado y carcinoma), se intentó la ejecución. Al acercarse la medianoche, fecha límite que prohibía nuevos intentos, se canceló. El 28 de noviembre de 2021, Hamm, aún en prisión, murió de su linfoma y cáncer craneal.

Doyle Lee Hamm fue condenado por un asesinato en 1987. Foto: AP

28 julio 2022: Joe Nathan James Jr., en Alabama

Su ejecución mediante inyección letal se prolongó durante unas tres horas por las dificultades del equipo para establecer una vía intravenosa, el procedimiento más prolongado entre las ejecuciones fallidas mediante inyección letal en EE.UU. desde la introducción de este método en 1982. Una autopsia posterior documentó numerosos pinchazos, hematomas y una incisión en el brazo.

Joe Nathan James Junior agonizó tres horas.

22 septiembre 2022: Alan Miller, en Alabama

Condenado a muerte por el asesinato de tres compañeros de trabajo en 1999, los funcionarios intentaron durante aproximadamente 90 minutos establecer una vía intravenosa, pero no lo lograron y la ejecución fue suspendida. Posteriormente, Alabama estableció que su ejecución se realizaría mediante hipoxia por nitrógeno, que se llevó a cabo finalmente el 26 de septiembre de 2024.

Alan Miller fue ejecutado tras un primer intento fallido. Foto: AP

17 de noviembre de 2022: Kenneth Eugene Smith, en Alabama

La ejecución comenzó poco después de las 22.00, pero se canceló a las 23:21, cuando los funcionarios de la prisión determinaron que no tenían tiempo suficiente para colocar una segunda vía intravenosa antes de que la orden expirara a medianoche. Cinco días después la gobernadora de Alabama, Kay Ivey, detuvo todas las ejecuciones en el Estado y ordenó una “revisión exhaustiva” de los procedimientos. Finalmente fue ejecutado el 25 de enero de 2024 en Alabama mediante la hipoxia por gas nitrógeno.

Mario Marazziti fue ejecutado en un segundo intento, hecho dos años después del primero.

28 febrero 2024: Thomas Creech, en Idaho

El intento de ejecución mediante inyección letal fue suspendido después de que el equipo médico realizara ocho intentos durante unos 58 minutos para establecer una vía intravenosa, sin conseguirlo. Un segundo intento, previsto para el 13 de noviembre de 2024, fue suspendido el 6 de noviembre, por lo que Creech no llegó a ser ejecutado.

Thomas Eugene Creech. Foto: AP

Con información de EFE

D.D.