El aeropuerto Ben Gurion de Tel Aviv se ve sobrepasado en estos días entre sus habituales medidas de extrema seguridad y la avalancha de israelíes que llegaron a este país para votar este martes 27. Había alegría. Excitación. Muchos llegan cubiertos por la mítica bandera de la estrella de David para mostrar su sentimiento más patriótico que partidario.
Este lunes las cifras variaban entre 60.000 y 85.000 los ciudadanos de este país que vinieron a votar en los primeros comicios legislativos desde la masacre cometida por el grupo terrorista palestino del 7 de octubre de 2023 y la dura guerra de Benjamín Netanyahu en Gaza, Líbano e Irán, que ahora divide fuertemente a este país, aunque con matices, pero muy polarizado.
Elecciones legislativas en Israel este 27 de octubre. En la foto el ministro de la Diáspora del gobierno de Benjamín Netanhayu, Amichai Chikli
Foto: Fuente Latina
Los 7,3 millones de electores que podrán emitir su sufragio este martes lo harán en un país atravesado por una profunda fractura política y social en la que Netanyahu, el líder más longevo y a quien llaman irónicamente “King Bibi”, busca ser reelecto, mientras que la oposición, por derecha e izquierda, busca desbancarlo.
Más aún, uno de los dos aliados más importantes de Javier Milei, junto a Donald Trump, enfrenta una oposición que quiere incluso llevarlo a la cárcel por las fallas —que su partido no reconoce— en las míticas medidas de seguridad fronteriza e internas que tiene este país contra el terrorismo aquel 7 de octubre. Muchos le adjudican la responsabilidad de haber desoído advertencias previas de que los terroristas preparaban un ataque, lo que el gobierno niega.
Invitada por la organización Fuente Latina a presenciar estos comicios, Clarín está recorriendo el país y entrevistó a candidatos del oficialismo y la oposición que se enfrentarán este martes. Para formar gobierno hace falta una mayoría de 61 escaños, lo que suele ser muy difícil y entonces deben recurrir a distintas alianzas en un país donde el avance del ultranacionalismo ultrarreligioso es otro aspecto del dilema de estar en “guerra eterna”.
“Israel está siempre en un problema existencial. Pero estas sí son elecciones muy concentradas sobre la persona de Netanyahu”, cuyo principal contrincante es el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot, a quien se considera el favorito con posibilidades de ganarle a “Bibi”.
Es el líder del partido Yashar, uno de los principales espacios de la derecha y que, por una parte, no aceptará formar gobierno con partidos árabes y, por el otro, está en contra de la creación de un Estado palestino, como ahora lo está la mayoría de los israelíes desde que el 7 de octubre de 2023 Hamas asesinara a 1.200 personas y se llevara a Gaza 250 rehenes en otra crisis que duró dos años.
“Estas son unas elecciones sobre la identidad del país, los valores de la nación y quiénes vamos a ser”, sostuvo a Clarín Lianne Pollack-David, integrante de Yashar. Lianne es candidata de Yashar y, si bien en la cuestión de política exterior sostiene que, desbancando a Netanyahu y obligándolo a comparecer ante la abortada comisión sobre lo ocurrido el 7 de octubre, Israel empezará a acercarse a la “familia de naciones”.
La oposición en general plantea como prioridades la creación de una comisión estatal de investigación sobre los ataques de Hamas del 7 de octubre de 2023 y la aprobación de una ley que obligue a los ultraortodoxos a cumplir el servicio militar, una cuestión que se convirtió en uno de los principales focos de conflicto dentro de la sociedad israelí.
También el partido de Eisenkot, que además quiere que los ultraortodoxos acepten en las currículas educativas una educación como la de todos, con matemáticas, lenguas y geografía -algo que no les brindan a sus hijos y los aísla de la sociedad-, y que cumplan con el servicio militar como todos los israelíes. Un debate que centra la vida política del Estado judío.
Para el ministro de la Diáspora, Amichai Shikli, no hay nada que cuestionar sobre la actuación de Netanyahu y su gobierno. “No hubo fallas”, dice este, y sostiene, por el contrario, que bajo el gobierno de Netanyahu la economía “sigue creciendo” y la inflación se ha domado.
En el encuentro con la prensa, el político sostuvo que con Netanyahu había cada vez más amigos en Latinoamérica, consideró fuerte aliado a Javier Milei y llamó “dictador” a Lula da Silva, cuyo triunfo no reconoció aún el gobierno de Israel.
Este lunes los dos partidos con más probabilidad de escaños eran el de Eisenkot y su partido Yadash, con proyección de 23 bancas, y el Likud, de Netanyahu con 19.
Los árabes israelíes y el límite de la oposición
Los partidos árabes israelíes representan un estimado del 20% de la población y el 17% del electorado. Así como la derechización de esta sociedad como respuesta al terrorismo despertó resentimientos que antes no estaban tan en llamas, su participación puede ser determinante en un sistema parlamentario tan fragmentado y sin que ningún bloque se asegure la mayoría este martes.
Lianne Pollak-David, candidata del partido Yashar, del general Gadi Eisenkot. Foto Fuente Latina
Las proyecciones indican que los resultados no se conocerán en la misma noche.
Los sondeos dan cuenta de que la Lista Conjunta, que reúne a Hadash, a Ta'al y Balad, y a la Lista Árabe Unida, que lleva por cabeza a Mansur Abbas, podrían llegar a entre 13 y 15 bancas, solo si hay una alta participación.
Pero los árabes generan fuerte resistencia en el centroderecha y la derecha ultra, que ha crecido fuertemente en este país, también entre los jóvenes, como una respuesta al miedo al terrorismo, donde Netanyahu ha sido un experto en sobrellevar ese discurso. Para el caso, en las últimas horas, altos mandos de las Fuerzas Armadas se le rebelaron cuando amagó con otro ataque al enemigo histórico, Irán, al señalarle que no había que hacer la guerra con fines políticos.
Eisenkot afirmó que no pedirá el apoyo de los partidos árabes y sostuvo que, si no consigue los 61 escaños necesarios para gobernar, buscará respaldo entre los partidos sionistas, incluidos sectores del Likud y de las formaciones ultraortodoxas.
La alianza Juntos, encabezada por Naftali Bennett y Yair Lapid, también descartó buscar apoyos en los extremos del arco parlamentario, tanto entre los partidos árabes como entre los ultraortodoxos. Clarín entrevistó a Eitan Guinzburg, que nació en Argentina y llegó con tan solo un año a vivir en este país. Así como también se manifiesta duro contra la concesión de un Estado palestino, sostiene, por otro lado, la necesidad imperiosa de que Israel recupere valores de ser un Estado “judío, liberal y democrático”, donde el sistema religioso no domine la vida y se empiece a respetar el sistema judicial que muchos consideran fue raptado por Netanyahu a manera de impedir que avancen las causas en su contra por corrupción.
La postura contrasta con la estrategia de Mansur Abbas, cuyo partido ya integró en 2021 la coalición de gobierno encabezada por Bennett y Lapid.
Elecciones legislativas en Israel este 27 de octubre. En la foto, Mauricio Lapchik, de la lista Arabe Unida
Foto. Fuente Latina.
La Lista Conjunta no contempla ingresar en una coalición, aunque su dirección de campaña aseguró que hará todo lo posible para impedir el regreso de Netanyahu. Entre sus principales exigencias figuran medidas contra el crimen organizado en las localidades árabes y el freno a la violencia de colonos israelíes contra palestinos en Cisjordania.
Mauricio Lapchik, de origen uruguayo, mantiene fuerte en un Israel todavía impactado por el terrorismo una postura que es la que se oye en Europa. “Hay que buscar las raíces del terrorismo en la ocupación de los territorios palestinos”. ¿Quiénes son los terroristas? ¿Los palestinos o los judíos?, dirá sobre los avances violentos de los colonos israelíes sobre Cisjordania. Un tema de debate en estas elecciones, pero de muy difícil solución. La derecha y la centroderecha dicen que hay que frenarlos, pero lo ocupado hasta ahora no se toca. Pero rara vez se castiga como se debe a los colonos y pocos crímenes se han castigado con la misma vara que se castiga al palestino.
La reticencia a compartir el poder con los partidos árabes no es nueva, pero se consolidó como un consenso político después del ataque de Hamas del 7 de octubre, según el análisis citado por Europa Press del International Crisis Group.
Netanyahu ha utilizado esa posibilidad para advertir que sus adversarios solo podrían desplazarlo con el respaldo de los árabes israelíes, un argumento que, según ese análisis, busca movilizar prejuicios contra esa comunidad y cuestionar la legitimidad de un eventual acuerdo.
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