Contra los pronósticos electorales que en Israel mostraron las fallas en las encuestas, la oposición de la derecha liberal y sionista de este país no logró desbancar a Benjamín Netanyahu como esperaban ni el primer ministro tuvo un desastre electoral. Sin embargo, con las 27 bancas que obtuvo el oficialista Likud, cinco menos que las 32 de las anteriores legislativas de 2022, el premier más longevo de la historia del estado judío enfrenta serios problemas para formar un gobierno de coalición con las 61 bancas necesarias.
Tampoco tiene las cosas fáciles el general Gadi Eisenkot, quien parecía el favorito para desbancar a Netanyahu con ideas “parecidas pero diferentes”, tales como promesas de seguridad para los israelíes. Y también una investigación por las fallas del gobierno de Netanyahu antes y después de la masacre de Hamas de 2023. Propone también la creación de una comisión de investigación contra el gobierno de Likud, luchar contra la corrupción y alejarse del ultranacionalismo de la ultra derecha religiosa que para muchos amenaza la democracia en este país donde la vida civil está muy regida por la línea religiosa hebrea.
Mientras esto se decide y en la previa de que el presidente Isaac Herzog llame a uno de los líderes partidarios para formar gobierno, el voto árabe irrumpió con una fuerza inesperada en las elecciones legislativas y se convirtió en una de las grandes claves de una elección sin ganador claro. Las proyecciones estiman que los dos principales partidos árabes podrían sumar entre 17 y 18 bancas en una Knesset (parlamento) de 120 escaños, con una participación histórica de los ciudadanos árabes, cercana al 80%.
Things you see only in Israel: Arab Bedouins going to vote on camels 🐪
— Rabbi Poupko (@RabbiPoupko) October 27, 2026
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El resultado es mucho más que una sorpresa electoral: puede complicar los planes de Benjamin Netanyahu para mantenerse en el poder y obligar a la oposición a revisar sus propios límites políticos.
El propio Netanyahu mantiene un furioso relato con estos partidos buscando anular las elecciones que podrían ponerle fin a su “reinado” y llevarlo al banquillo de acusados, en un país donde la justicia puede procesarlo por causas de corrupción. Y porque hay muchos que le exigen que explique su responsabilidad en las relaciones previas con Hamas y las fallas de seguridad anteriores al 7 de octubre de 2023, día en que el grupo terrorista Hamas entró a Israel y asesinó a 1.200 personas y se llevó a otras 250 de rehenes. Y muchos quieren poner fin a las guerras en Gaza, Líbano e Irán que sobrelleva Netanyahu.
En las últimas horas, incluso, hubo desde el gobierno voces extremas que buscaron mostrar a los árabes y beduinos que fueron a votar en camellos y con sus culturas “como salvajes” y a las mujeres cubiertas con el pañuelo como artífices de “doble voto”. Sin embargo, cualquier observador ve que las elecciones en Israel transcurrieron tranquilamente.
“Lo inesperado (del voto árabe) fue la magnitud”, dice Noga Tarnopolsky, periodista y analista política de origen argentino. Para ella, el desempeño de los partidos mayoritariamente árabes fue una respuesta cívica a una campaña que define como marcada por el odio y el racismo. Los ciudadanos árabes, sostiene, terminaron convirtiéndose en protagonistas de la defensa de la sociedad civil israelí.
Los partidos sionistas, incluso opositores como el Yashar, de Eisenkot, que sacó 22 escaños, o Yisrael Beytenu, de Abigor Lieberman, que sacó 7, prometieron no recurrir a los árabes, lo que los llevaría a no poder formar gobierno si no recurren a esos 17 o 18 escaños de los árabes israelíes, que se quejan de que el gobierno los está convirtiendo en ciudadanos de segunda, cuando se sienten tan israelíes como los judíos. Y constituyen un 20% de la población.
Apuntan contra las controversias de la coalición de Netanyahu, como el ministro de Seguridad Ben-Gvir, de claras expresiones de incitación al racismo y apoyo a una organización terrorista del movimiento Kach, o el ministro de Hacienda Bezalel Smotrich, que tiene competencias ampliadas en el ministerio de Defensa sobre asuntos civiles en Cisjordania y apoya la violencia y la ocupación de los colonos israelíes en las tierras palestinas.
La paradoja es que, pese a su peso parlamentario, la posibilidad de que esos partidos participen de una coalición sigue siendo incierta. Los dos buscan contribuir a una derrota de Netanyahu, pero el rechazo de sectores de la oposición a asociarse con ellos puede convertirse en un obstáculo decisivo.
Massive Arab-Muslim voter turnout in #Israel elections. About two million Palestinians, mostly Sunni Muslims but also Christians and Druze, are enthusiastically involved in campaigning and voting. These images are a still shocker for most in Arab and Muslim countries who are…
— Ahmed Quraishi (@_AhmedQuraishi) October 27, 2026
Tampoco se trata de un bloque homogéneo. El Ra’am, Abbas, es un partido conservador, vinculado al movimiento islamista, que aspira a tener un lugar en un futuro gobierno. La Lista Conjunta, en cambio, reúne una tradición política diferente y también busca contribuir a desplazar al actual primer ministro.
La figura de Mansour Abbas, líder de Ra’am, vuelve a ocupar el centro de la escena. Odontólogo de formación y dirigente del ala política del sector sur del Movimiento Islámico en Israel, Abbas defiende una estrategia pragmática: participar del sistema político israelí para obtener respuestas a las demandas de la población árabe, en particular en seguridad, vivienda y presupuesto.
El candidato palestino Mansour Abbas, líder del partido Ra'am, sostiene a su hija mientras deposita su voto en un colegio electoral, durante la jornada de elecciones nacionales en Israel, en Maghar. Foto Reuters
En 2021 rompió un tabú al incorporar a su partido a la coalición que llevó al poder a Naftali Bennett y luego a Yair Lapid, y contribuyó así a desplazar temporalmente a Netanyahu. Ahora aspira a que los resultados permitan formar una nueva mayoría contraria al primer ministro, aunque el rechazo de varios dirigentes opositores a gobernar con partidos árabes vuelve a complicar esa posibilidad.
El diario Haaretz advirtió que ignorar el voto árabe sería un error del bloque liberal israelí. La advertencia apunta a una contradicción central: pretender desplazar a Netanyahu sin reconocer el peso político de una parte significativa del electorado.
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