Existe un caudal de críticas legítimas contra la administración del presidente brasileño Lula da Silva y su derecho a un cuarto mandato. Pero los cuestionamientos sin evidencias del ex candidato Flávio Bolsonaro a las elecciones que perdió el último domingo, su reclamo de un triunfo inexistente y el escape con condimentos bizarros de una mala película de espías, describen mejor que cualquier comentario la magra jerarquía de este dirigente. Esta ahí también en gran media la razón por la cual muchos votantes que quizá en otra circunstancia no hubieran elegido al líder del PT lo hicieron masivamente.

Hay mucho aún por conocer sobre esta extravagante aventura y el papelón que la corona. Más allá de la promocionada participación de Argentina como agente menor de una operación organizada a la distancia, importa determinar el nivel de involucramiento del canciller norteamericano Marco Rubio en esta deriva. La pérdida de Brasil no figuraba en el radar de una arquitectura pensada desde ese ministerio para un control efectivo de la región con gobernantes alineados a Washington.

Se trata de la constatación en el terreno del supuesto derecho de EE.UU. a reservarse un dominio total de este espacio, como plantea el último documento de seguridad nacional de la potencia que agrega nuevos corolarios a la Doctrina Monroe al estilo de la diplomacia agresiva del primer Roosevelt, Teddy. Pero sin Brasil esas intenciones son solo papeles. Tampoco se ha logrado esa prevalencia sobre México o Canadá, en el otro extremo del hemisferio, junto a EE.UU. y el país sudamericano, las principales economías del espacio americano.

Diplomáticos consultados por esta columna, señalan que un intento de reparación contra reloj del notorio fracaso de la estrategia en Brasil y el impacto en la carrera política de Rubio, consistiría en instalar la idea de que fue Bolsonaro y no Lula da Silva quien ganó la elección a despecho de la información constatable en contrario. La huida entre las sombras del dirigente de un supuesto régimen-dispuesto-a-todo le brinda espectacularidad a esa noción. Pero todo fue tan rústico y chapucero que los organizadores de esta escena probablemente ya habrán multiplicado su preocupación.

El presidente reelecto de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva durante la celebración de su cumpleaños en el Palacio de la Alvorada, en Brasilia EFE

Bolsonaro, en un extremo del grotesco, en su escrito en el cual se presentó como presidente legítimo de un país que ya no existe, Estados Unidos do Brazil, y luego corrigió con el nombre correcto de República Federativa do Brasil y se redujo a líder, se llega a comparar con el general De Gaulle cuando el héroe francés huyó a Londres para organizar la resistencia contra los nazis.

El propio Donald Trump, que ha hecho de la posverdad o la mentira, un ariete constante y desprejuiciado de su visión del mundo y de la política, puso pronta distancia de este invento. Evitó avalar la demanda contra la elección en Brasil del autoproclamado líder en el exilio y se limitó a señalar que se aceptó darle un pase de ingreso a él y su familia: “Fue una elección muy extraña, pero no queremos vernos involucrados”.

El problema ahí es que el país sudamericano es demasiado importante como para ignorar la prudencia y además no existen evidencias concretas que pongan en duda el resultado electoral, más bien lo contrario. "Permitir la entrada de Flávio bajo el argumento de asilo es una cosa. Otra es empezar a tratarlo como presidente electo, ya que obligaría a romper relaciones con el Brasil, algo que EE.U. no está dispuesto a hacer porque no responde a los intereses estadounidenses", afirma un embajador de ese país citado por el portal UOL de Folha. Y criticó que Bolsonaro hable de fraude.

Hubo observadores que controlaron el trámite de la votación. En la segunda vuelta se utilizaron las mismas urnas y la tecnología de la primera cita que fue elogiada por Washington cuando la ganó Bolsonaro. No hubo, además, una sola protesta callejera como las de hace cuatro años cuando se multiplicaron como reacción a la derrota frente a Lula da Silva del entonces presidente Jair Bolsonaro, quien se negó a reconocer ese resultado.

El argumento del dirigente opositor para esta protesta es por la extensión de dos horas de la votación que tanto él como Lula demandaron a la Justicia. El presidente, debido a que no aparecían los autobuses que usan los sectores de menores ingresos para llegar a los sitios de votación y el retador, por las lluvias y el deslizamiento de tierra que impedían el tránsito en las rutas. La decisión de la Corte Electoral se demoró y la adoptó casi en el final del primer horario establecido. Para ese momento cerca del 90 por ciento de las urnas estaban cerradas y no pudieron ser reabiertas. Son electrónicas.

En las dos horas de postergación ingresaron solo 34.330, votos adicionales, el 0,03% del total. Lula gana la elección por 4.430.000 votos de diferencia. La extensión tuvo un impacto insignificante. El Tribunal Electoral Superior confirmó los resultados electorales a las 21,10 del domingo. Ese organismo lo preside el magistrado Kassio Nunes Marques, nombrado por Jair Bolsonaro, aquel ex presidente y padre del candidato.

Retroceso y confusión

Es por eso, entre otras razones, que el senador que había afirmado en la noche del domingo que denunciaría la votación y pediría su anulación, retrocedió luego, abandonó ese argumento y afirmó que tomaría la tarea de conducir a la oposición contra Lula. Su Partido Liberal avaló rápidamente el resultado del comicio. Esa fuerza solo agregó el reproche aceptable por el enorme gasto público que dispuso el gobernante para recuperar los votos que perdió en la primera vuelta, con una serie de beneficios sociales que incluyeron la anulación de las deudas contraídas por los micro emprendimiento. Los taxistas entre otros microempresarios -comprobó este cronista- celebraban más que Lula ese domingo la victoria del PT. Las mismas maniobras populistas que usó Bolsonaro padre cuando enfrentó a Lula da Silva hace cuatro años. Es polémico, pero no son procedimientos ilegales.

El gobernador de San Pablo y el fallido candidato del Partido Liberal, Flàvio Bolsonaro REUTERS

Ahora el gobierno de EE.UU., como quien recibe a un pariente incómodo, refugia a un político y su familia que, con el paso de las horas, va quedando claro que muy lejos de De Gaulle, no huyó de una “dictadura”, sino de graves problemas penales que lo asedian, entre ellas causas de lavado de dinero por cifras multimillonarias que lo involucran de modo directo. Esto es combustible para la oposición demócrata en un momento muy incómodo para esta Casa Blanca, días antes de las elecciones de medio término del martes que se han convertido en un referéndum sobre Trump y experimenta los apoyos más raquíticos de la historia para un presidente en ejercicio.

Estos han sido días de un amontonamiento de horas bajas para el magnate neoyorquino. No solo se quebró la ofensiva dominante en la región. La pérdida de Brasil para la cancillería norteamericana acelerará la discusión en Venezuela para derribar a la dictadura amparada por Washington y demorará o quizá suspenda la ofensiva sobre Cuba. Fuera de la región, en Israel el aliado íntimo del magnate, Benjamín Netanyahu no logró una victoria plena y su mandato está en riesgo, así como su carrera política.

En Brasil este episodio exhibe ganadores claros. En lo que allá se llama derecha, la oposición, hay tranquilidad: “Se corrió el jarrón chino del centro de la mesa”, le dice una fuente política a este cronista. Es un paso que, se afirma, celebra con regusto la esposa de Jair Bolsonaro, Michelle ahora senadora nacional y enemiga de los hijos del ex mandatario. Esa dirigente está asociada políticamente con el gobernador de San Pablo, Tarcisio de Freitas, quien ahora tomará la posta con mayor facilidad para el siguiente turno en cuatro años. acaba de decir que le interesa disputar la presidencia en 2030 y criticó la fuga del candidato.

En las fotos también aparece Valdemar Cosa Neto, el titular del Partido Liberal que se habría enterado de la huida del dirigente por los diarios. Fue la segunda mentira de Flávio a su partido. Primero cuando negó haber recibido millones de dólares del estafador del banco Master que luego reconoció y ahora con el escape tras prometer a su gente que se quedaría con ellos en Brasil.

El otro gran ganador es Lula da Silva, que surge como el adulto en el cuarto gracias a estas torpezas y sin hacer comentarios expone las precariedades del rival que debió enfrentar. No debería sorprender con este nuevo entorno alguna novedad sobre el futuro carcelario del ex mandatario y de sus cómplices del intento golpista. Hay una necesidad práctica del gobierno para aliviar la grieta nacional y posiblemente este sainete le ha facilitado el camino.

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