Toda Italia sigue ansiosa y deprimida la tragedia de los cinco submarinistas que murieron en una gruta profunda en el Atolón de Vaavu, en las islas Maldivas, y cuyos cuerpos, “para poder llorarlos”, comienzan a llegar desde tan lejos. Una de las víctimas ya fue repatriada a Milán este miércoles, al tiempo que los cuerpos de los últimos dos buzos atrapados en la cueva fueron sacados del agua.

Con la llegada de los cuerpos, Italia se sumergirá de lleno en el luto y el único consuelo para sus familiares será que podrán llorarlos de cuerpo presente.

Personal de rescate en la zona del accidente, en Maldivas. Foto: Reuters

Un misterio que las autopsias develarán es el del oxígeno, porque se estima que tal vez los cuatro que habían quedado atrapados en la cueva no podían encontrar la salida. O se presentó el fenómeno del oxígeno tóxico por problemas en los tanques de apoyo. Un quinto cuerpo el del instructor fue hallado fuera de la cueva.

La tragedia ha tenido una gran repercusión mundial por los ingredientes que la gestaron: el marco atractivo de las aventuras marítimas de los que sienten la fascinación de recorrer bajo el agua los secretos de los mares. Y los cinco protagonistas funestos de lo que parecía una aventura fascinante pero segura, porque todos tenían experiencia en inmersiones, grutas y el manejo de la imprescindible dotación para volver vivos para contarla.

Todo se juntó, pero en dimensión de tragedia, desde este fin de semana, cuando fue rescatado el cuerpo sin vida de Gianluca Benedetti, de 44 años, experto submarinista y director de la nave Duke of York, en la que otros veinte italianos habían acompañado a los participantes en la aventura.

Ahora hay versiones contradictorias que señalan que al principio se decía que iban solo a explorar los acantilados o paredes de coral que, por ejemplo, Benedetti conocía muy bien.

Gianluca Benedetti, de 44 años, experto submarinista y director de la nave Duke of York. Foto: Facebook

La otra versión señaló que los cinco, guiados por la conocida bióloga marina Mónica Falcone, de 53 años, a quien acompañaba su hija Giorgia Somacal, ingeniera biomédica de 22 años, tenían por objetivo inspeccionar una cueva submarina del atolón de Vaavu. Los cinco se lanzaron al agua desde el Duke of York.

Además de Benedetti, la líder de la expedición Mónica Falcone y su hija Giorgia Somacal, los otros dos eran Federico Gualdieri y Mariella Oddenino.

Bióloga marina Mónica Falcone. Foto: Facebook

El objetivo primero era en realidad la cueva que Falcone tenía como eje central de las búsquedas submarinas y que se los tragó a todos, sin que haya todavía una explicación exhaustiva. Para ello hay que esperar los exámenes de los cuerpos y una cadena de estudios científicos.

El abogado Carlo Somacal intenta explicar lo inexplicable, pero continuamente le brota un llanto desesperado que trata de contener. “Mi mujer Mónica era muy experta, una científica seria, que hace tantos años que hacía y dirigía expediciones subacuáticas. También mi hija Giorgia había aprendido de su madre. No me explico qué pasó, Dios mío”.

Carlo no ha regresado a la casa familiar en Pegli, donde todo le recuerda a su mujer y a su hija. Ha ido a la casa de un hermano. “Mónica era muy experta, meticulosísima, con todos los brevetes (certificados de buceo). Nunca, nunca, habría puesto en riesgo la vida de nuestra hija”.

Dice que lo que más le duele es que aún haya quien ponga en duda su experiencia y sugiera “que haya cometido una imprudencia”. En la noche del martes, participó de un multitudinario rezo colectivo del Rosario en la iglesia local.

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Así es la cueva donde murieron los 5 buzos italianos en las Maldivas

“No sé lo que ocurrió. Tal vez alguno entró en dificultades. Tal vez las bombonas (tanques de oxígeno)”. Quizás un “malore”, como dicen los italianos. “No quiero acusar a nadie, que quede claro. Espero que me lo digan los que investigan”.

Las conclusiones definitivas se sabrán tras las autopsias.

Tres muy expertos finlandeses llegaron por vía aérea a las Maldivas y en dos tandas encontraron y sacaron de la gruta a Mónica Falcone, Giorgia Somacal, Mariella Oddenino y Federico Gualdieri.

Informaron que los habían hallado a 55 metros de profundidad y confirmaron que la cueva marina es muy oscura, la luz y la visibilidad son escasas, “lo que puede complicar mucho las cosas”.

La tragedia, que hizo huir de las Maldivas a muchos turistas asustados por la suerte de los cinco italianos, ha puesto en apuros económicos a la zona.

Los expertos finlandeses, dotados de sistemas respiratorios ultramodernos y de gas Trimix (una mezcla de nitrógeno, helio y oxígeno) trabajaron en total más de tres horas, ayudados por submarinistas expertos locales. Utilizaron scooters subacuáticos, que son vehículos de propulsión que no tenían los italianos fallecidos. Pero es que la gruta escondía tantas trampas que era necesario afrontarla muy bien preparados.