“Europa no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas”, dijo el papa León XIV este jueves en su primer discurso en el puerto de Arguineguín de la isla Gran Canaria, adonde llegan miles de inmigrantes que huyen de África.
El papa quiso que este punto ciego de la ruta atlántica, la que más muertes provoca entre quienes se lanzan en gomones o embarcaciones precarias con la desesperación de llegar a suelo español, fuera una parada obligada de su gira.
Es la primera vez que un pontífice visita Canarias, una intención que Francisco, el papa argentino que precedió a León XIV, tenía en mente pero murió antes de poder realizarla.
La isla de Gran Canaria y Tenerife son la última escala del viaje apostólico del papa León XIV a España, que comenzó el sábado 6 de junio en Madrid, donde reunió a 1,2 millones de personas en una misa en la Plaza de Cibeles, y en Barcelona bendijo e inauguró la última torre de la Sagrada Familia de Gaudí.
El Papa León XIV saluda a los fieles durante su visita a las Islas Canarias, este jueves. Foto: REUTERS
“No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar la muerte cuando ya ha ocurrido”, dijo el papa en su discurso, el más severo contra las políticas migratorias europeas.
El Vaticano había pedido que el escenario se montara de modo tal que, detrás de León XIV, se viera el mar que los inmigrantes atraviesan hasta llegar a tierra firme.
La canaria está considerada una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo. Quienes la emprenden llegan a recorrer hasta más de 1.600 kilómetros en situación precaria.
Según datos de ACNUR, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados, 416 personas murieron en los primeros once meses de 2025 en el trayecto marítimo hacia el archipiélago.
Para la ONG Caminando Fronteras, sin embargo, fueron casi 2.000 personas las que se ahogaron en el mar intentado llegar a las islas Canarias el año pasado.
“No son números ni expedientes. Ustedes son personas”, les dijo el papa a los 1.800 inmigrantes que lo esperaban bajo el sol.
León XIV aterrizó en la base aérea de Gando, en la isla de Gran Canaria, a las once de la mañana (una hora más en la España continental).
En auto, recorrió los 45 kilómetros que separan la base aérea del puerto de Arguineguín, conocido también como el “muelle de la vergüenza” por las muertes de inmigrantes que se producen en las aguas que lo rodean.
El Papa, en un homenaje a los migrantes muertos en su intento por llegar a Europa, en el puerto Arguineguin, en Gran Canaria. Foto: REUTERS
Testimonios de huidas y rescates
Allí, León XIV escuchó el testimonio de un oficial de Salvamento Marítimo, quien le contó que lleva rescatando a más de 20 mil personas de las aguas del Atlántico.
Y la historia de Blessing, una inmigrante nigeriana que dejó a sus hijas de 2 y 4 años en su país y que fue víctima de una red de trata de personas.
“Si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien invaluable”, fue la respuesta del papa.
“Quiero decirles que su vida tiene que ser protegida. No entreguen su existencia a quienes comercian con ella -les habló León XIV a sus “queridos migrantes”-. No les crean a quienes prometen paraísos fáciles a cambio de su cuerpo, de dinero, de silencio o de su libertad. Esas falsas promesas son ‘cantos de sirenas’, son industrias de muerte”.
Y apuntó a que escuchen el mensaje “quienes tienen en sus manos responsabilidades decisivas, autoridades civiles, parlamentos, gobiernos y organizaciones internacionales”.
En el puerto, el Santo Padre recibió de manos de dos jóvenes refugiados una corona de flores que lanzó al mar para honrar la memoria de quienes no sobrevivieron a la travesía. Y bendijo una cruz de madera, realizada con restos de cayucos recuperados en las costas de la isla.
El Papa participó de un homenaje con una ofrenda floral a los migrantes desaparecidos en el mar. Foto: REUTERS
“La dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración -enumeró el papa en su discurso, antes de la bendición-. Y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra”.
Luego, ya camino a la catedral de Santa Ana, la que mandaron a construir los Reyes Católicos en la capital de la isla, Las Palmas, León XIV se detuvo en el casco histórico, en el barrio de Triana-Vegueta, donde miles de personas presenciaron la breve ceremonia a cielo abierto en la que la alcaldesa de la ciudad, Carolina Darias, le entregó la llave de oro de Las Palmas de Gran Canaria, la mayor distinción que concede la isla.
El archipiélago español de Canarias está formado por ocho islas pobladas por dos millones de habitantes.
El 60 por ciento de los inmigrantes que llegan por la ruta atlántica tocan tierra en la isla El Hierro, donde en marzo de 2025 volcó una embarcación, con más de 150 personas a bordo, mientras se estaban haciendo las tareas de rescate. Murieron cuatro mujeres y tres nenas.
León XIV se refirió a El Hierro como “esa isla, pequeña en extensión pero grande en humanidad”.
“Llevo en mi mano el anillo del Pescador. Su nombre mismo nos conduce al lago de Galilea, donde Cristo llamó a Pedro y le dijo: ‘Desde ahora serás pescador de hombres’. Pero aquí y en lugares como El Hierro ese mandato adquiere una fuerza literal y dolorosa”, dijo León XIV.
En 2024 se registraron 26 mil llegadas a esa isla. La cifra multiplica por cuatro la cantidad de gente que vive en ella.
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