¿La paz es una derrota? El dilema de Abril de 2026
- Telediario Digital
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El anuncio de un alto al fuego de dos semanas mediado por Pakistán ha marcado el punto más crítico de la guerra iniciada el pasado 28 de Febrero. En este escenario, la "paz" —o lo que queda de ella— se presenta no como una victoria diplomática, sino como un armisticio de supervivencia que deja un sabor a derrota en Washington, Tel Aviv y Teherán.
1. Estados Unidos: La derrota de la "disuasión total"
Para la administración de Donald Trump, la paz bajo las condiciones actuales tiene tintes de revés estratégico. El costo de la intervención: Aunque los ataques lograron descabezar parte de la cúpula iraní, incluyendo la muerte del Ayatollah Ali Khamenei, el objetivo de un "cambio de régimen" rápido no se materializó. En su lugar, el poder se consolidó en manos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria (CGRI) y de Mojtaba Khamenei, figuras aún más radicales.
Desgaste interno: Con un 60% de los estadounidenses desaprobando el manejo de la guerra y calificando las acciones de "excesivas", detenerse ahora es admitir que la fuerza bruta no pudo imponer un nuevo orden regional. Ceder en este punto implica dejar el camino abierto a la influencia de Rusia y China en el Golfo Pérsico.

2. Israel: El vacío de la "amenaza existencial"
Para Israel, la paz es una derrota de sus objetivos de seguridad máxima. Supervivencia vs. Eliminación: El primer ministro Netanyahu buscaba la "destrucción duradera del programa nuclear iraní".
Si el cese de hostilidades ocurre sin garantías de desmantelamiento total, Israel queda atrapado en una paz que solo permite a Irán y sus aliados, como Jizbalah, reconstruirse.
Aislamiento regional: La guerra ha tensado al máximo la normalización con los Estados árabes, condicionada ahora de forma más agresiva a la cuestión palestina. Una paz que no asegure la hegemonía militar absoluta de Israel es vista por sus sectores más duros como una capitulación ante el tiempo.
Pero, además, la aceptación por parte de Netanyahu de las condiciones presentadas por Pakistán, marcó el inicio de una oleada de críticas por parte de la oposición, que calificó la actuación del Primer Ministro como “catastrófica” y “humillante”. Asimismo, Netanyahu se vio obligado a continuar con los bombardeos en Líbano -país virtualmente destruido desde adentro y desde afuera- para mantener un hilo de legitimidad dentro del sistema político de Israel.
3. Irán: La derrota de la soberanía y la economía
Desde la perspectiva de Teherán, la paz podría constituir la aceptación de una derrota táctica para evitar la aniquilación nacional. Infraestructura en ruinas: Los ataques contra centrales eléctricas y terminales petroleras han puesto al régimen al borde del abismo económico. Aceptar el "plan de 15 puntos" de Trump —visto por muchos como una rendición encubierta— habría sido un precio demasiado alto por detener la destrucción.
Por ello, las autoridades persas han insistido en que la propuesta de Pakistán encubre, en realidad, los diez puntos que Irán contrapropuso a Estados Unidos, pese a que en su momento habían sido rechazados por Trump. De esta manera, para Teherán el cese del fuego debería implicar también el cese de los ataques israelíes contra su aliado Líbano, por lo que desde esta columna se carece de optimismo sobre el futuro del silencio de las armas.

Victoria moral vs. Realidad: Aunque Irán clama una victoria por haber resistido la embestida inicial y mantenido el control del Estrecho de Ormuz como "baza militar", la pérdida de su liderazgo histórico y la devastación interna lo obligan a una paz que es, en la práctica, un reconocimiento de su vulnerabilidad.
La paz que podría lograrse este 2026 no implicará el fin del conflicto, sino el inicio de una guerra fría regional más peligrosa. Para Estados Unidos, es el límite de su poder; para Israel, es una pausa en una amenaza que percibe como eterna; y para Irán, es la amarga medicina de la supervivencia tras el incendio. Nadie gana, pero todos necesitan que las armas callen para no perderlo todo, aunque para algunos la única forma de legitimidad consiste, precisamente, en utilizar las bombas y en contar muertos.
Pablo M. Wehbe – Profesor UNRC-UNVM
Columnista de “Argentina Noticias”, Canal 13
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