La historia de Abril Molina: ciencia de alto nivel, maternidad y una decisión que lo cambió todo
- Telediario Digital
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Abril Molina es doctora en Ciencias, investiga nuevas terapias contra el cáncer y tiene una carrera reconocida a nivel internacional. Pero detrás de los logros, hay decisiones difíciles, vocación y una vida cotidiana atravesada por desafíos.

En los laboratorios donde se desarrollan avances que podrían cambiar el futuro de la medicina, también hay historias profundamente humanas. La de Abril Molina es una de ellas: científica, investigadora y referente en su campo, pero también madre, amiga y protagonista de un recorrido marcado por la vocación y las decisiones complejas.
Nacida en Venado Tuerto y formada en la universidad pública de Río Cuarto, Molina encontró su camino casi por intuición. “Me veía como científica”, contó durante la entrevista, al recordar cómo eligió la carrera de Química tras analizar los planes de estudio. Desde entonces, su vínculo con la investigación fue inmediato: ya en tercer año comenzaba a trabajar en laboratorio, una experiencia que definió su futuro.
Su carrera la llevó a Alemania, donde realizó un postdoctorado junto a su pareja, también científico. Allí conoció otra cara de la ciencia: financiamiento inmediato, recursos disponibles y una dinámica de trabajo completamente distinta. “Pedí reactivos y en tres días estaban”, recordó. Una realidad muy lejana a la que encontraría luego al regresar a Argentina.

El regreso no fue sencillo. Llegó en un contexto adverso para la ciencia, con recortes y demoras que impactaban directamente en la investigación. “Volver fue durísimo”, admitió. Sin embargo, eligió quedarse. La convicción de trabajar en la universidad pública y aportar al desarrollo científico del país pesó más que las dificultades.
Hoy, su trabajo se centra en el desarrollo de “nanogeles inteligentes”, una tecnología que podría permitir tratamientos más precisos contra enfermedades como el cáncer. Se trata de cápsulas microscópicas capaces de transportar medicamentos directamente a las células afectadas, reduciendo efectos secundarios y mejorando la eficacia de las terapias.
Pero su historia no se agota en el laboratorio. Molina también pone el foco en la vida cotidiana: la maternidad, la organización del tiempo, las exigencias personales. “La imagen de que podemos con todo no es real. Vivimos corriendo”, confesó. Entre la ciencia y la familia, su día a día es un equilibrio constante.
En un contexto donde cada vez menos jóvenes eligen carreras científicas, su mensaje es claro, aunque crudo: recomienda formarse en el exterior antes de regresar. “Hoy no hay condiciones para sostener a los y las becarias”, advirtió. Aun así, su propia trayectoria demuestra que, incluso en escenarios complejos, la ciencia argentina sigue generando talento capaz de impactar en el mundo.
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