“El duelo no es un momento, es un proceso”: cómo atravesar una pérdida sin dejar de vivir
- Telediario Digital
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La psicóloga Gabriela Cantore analizó el proceso del duelo, sus etapas y los desafíos emocionales que implica. Una mirada humana sobre cómo transitar la pérdida y volver, de a poco, a la vida cotidiana.

El duelo no llega como un instante aislado, sino como un camino que se abre paso en la vida de quienes atraviesan una pérdida.
En diálogo con Telediario Federal, la psicóloga Gabriela Cantore, abordó uno de los procesos más complejos de la experiencia humana: aprender a vivir sin alguien o algo que ya no está.
“El duelo es algo que inicia, no es un evento esporádico”, sostuvo Cantore, y remarcó que no se limita únicamente a la muerte de un ser querido. “Empiezo un proceso que voy a caminar y transitar con lo que tengo”, agregó, al explicar que también puede aparecer ante pérdidas de vínculos, trabajos o etapas de la vida.
En ese recorrido, la especialista describió algunas etapas que suelen aparecer. La primera, según indicó, es la negación: “No puede ser que se murió una persona”, una reacción que —lejos de ser negativa— funciona como defensa inicial. Luego, aparece el enojo y la búsqueda de respuestas: “Tratar de entender lo usamos para pacificar lo que nos duele”, explicó.
Pero más allá de las etapas, Cantore puso el foco en el impacto que tiene la pérdida en la vida cotidiana. “La muerte nos enfrenta a valorar lo que hacemos día a día”, afirmó. En ese sentido, planteó que el duelo obliga a resignificar lo cotidiano: “Esto que daba por obvio, de repente me doy cuenta que lo quería un montón y no está más”.
También advirtió sobre la importancia de no exigirse en medio del dolor. “El dolor es algo muy desestabilizante, entonces no sobreexijamos cuestiones que atraviesan a una persona”, señaló. Y agregó que, si bien cada proceso es distinto, “entre el año y el año y medio la persona debería poder haberse reincorporado a sus tareas”, aunque siempre contemplando la singularidad de cada caso.
En el cierre, dejó una reflexión que resume el sentido del proceso: aceptar la ausencia no implica olvidar. “La persona falleció, no va a volver, pero puedo empezar a recordarla con cierta alegría”, expresó. Y concluyó: “La vida continúa con una herida, con una cicatriz… algunas se ven y otras están en el alma”.
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