Malvinas: 44 Años del Hundimiento del ARA General Belgrano y el héroe de Río Cuarto
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Se cumplen 44 años del hundimiento del ARA General Belgrano, uno de los episodios más trágicos del conflicto que marco a nuestro país. El ataque que aún divide y la memoria local en la ciudad.

El 2 de mayo de 1982 marcó un antes y un después en la Guerra de Malvinas. Ese día, el submarino británico HMS Conqueror lanzó torpedos contra el ARA General Belgrano, provocando su hundimiento y la muerte de 323 tripulantes. A 44 años, el episodio sigue siendo uno de los más dolorosos y discutidos de la historia argentina reciente.
Los testimonios de los sobrevivientes reconstruyen el horror: explosiones, oscuridad total y el impacto inmediato del frío del Atlántico Sur. Tras abandonar el buque, muchos quedaron a la deriva en balsas durante más de un día, enfrentando tormentas, viento y temperaturas extremas. Algunos resistieron hasta 40 horas antes de ser rescatados.
El Belgrano no era un barco más: con más de mil tripulantes, su hundimiento representó casi la mitad de las bajas argentinas en toda la guerra. Su historia se convirtió en símbolo del costo humano del conflicto, pero también en un punto de quiebre en la estrategia militar de ambos países.
La polémica sigue vigente. El gobierno británico de entonces, encabezado por Margaret Thatcher, defendió el ataque como una acción legítima. En Argentina, en cambio, se cuestiona que el hundimiento se produjo fuera de la zona de exclusión establecida por el Reino Unido.

La memoria en el interior: una deuda pendiente
Entre esos nombres aparece el de Edgardo Prámparo, el riocuartense que perdió la vida en el hundimiento. Había nacido el 14 de mayo de 1962 en Río Cuarto y pasó parte de su infancia en la ciudad antes de trasladarse con su familia a Buenos Aires.
Como muchos jóvenes de su generación, fue convocado para cumplir con el servicio militar y terminó integrando la Armada Argentina. Tras su instrucción, fue destinado al Belgrano, donde pasó a formar parte de la tripulación conocida como “los 1093”, quienes zarparon desde Puerto Belgrano rumbo al Atlántico Sur en abril de 1982.

Tenía apenas 20 años y estaba a pocos días de cumplir 21 cuando el buque fue atacado. Su vida quedó truncada en el mar, donde aún hoy descansan sus restos. Años más tarde, fue ascendido post mortem a Cabo Segundo y declarado Héroe Nacional por el Estado argentino.
Su legado no quedó solo en el recuerdo familiar. En la ciudad, el IPEM 330 lleva su nombre y se convirtió en un espacio donde nuevas generaciones conocen su historia y la de Malvinas.

Familiares y miembros de la comunidad han sostenido durante años el reclamo de mayor reconocimiento para su figura. Señalan que, más allá del homenaje escolar, aún falta una valoración más profunda a nivel institucional y social.
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