Rusia e Israel, bajo custodia en la bienal más politizada de los últimos años

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En medio de protestas, huelgas y fuertes cuestionamientos por la guerra en Gaza y el conflicto en Ucrania, los pabellones de Rusia e Israel se convirtieron en el centro de la tensión política y cultural en la Bienal de Venecia 2026. Desde Italia, el exdirector del Museo Nacional de Bellas Artes de Neuquén, Oscar Smoljan, describió el clima que atraviesa la muestra internacional.

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    La Bienal de Venecia 2026 abrió atravesada por un clima de fuerte tensión política y social. En los históricos jardines donde se despliegan los pabellones nacionales, dos espacios quedaron especialmente bajo la lupa: los de Rusia e Israel, ambos custodiados por fuerzas de seguridad en medio de protestas y reclamos internacionales.


    Desde el lugar, Oscar Smoljan relató para Canal 13 de Río Cuarto el particular clima que se vive en una de las muestras de arte contemporáneo más importantes del mundo. “Estamos frente al pabellón ruso, seguramente uno de los más cuestionados en esta bienal tan politizada, tan social”, expresó.



    Según describió, al ingresar al espacio ruso la propuesta artística parece buscar una desconexión deliberada de los conflictos actuales.

    “Escuchamos música en un tono muy menor, cuestiones ancestrales y la naturaleza. Una manera de abstraerse de la realidad es lo que han manifestado los artistas rusos en esta edición”, explicó.

    La polémica no se limita solamente a Rusia. Israel también quedó en el centro de las críticas luego de que organizaciones de artistas, sindicatos y trabajadores culturales impulsaran una huelga inédita dentro de la Bienal bajo la consigna “Art Not Genocide” y “Cerrar el pabellón del genocidio”.



    La protesta apunta directamente contra la presencia israelí en la muestra y denuncia lo que consideran un intento de “lavado cultural” frente a la guerra en Gaza.

    Colectivos internacionales convocaron manifestaciones, paros y boicots, mientras crece el debate sobre el rol del arte en contextos de guerra y crisis humanitarias.

    La edición 2026 de la Bienal ya quedó marcada por una pregunta que atraviesa pasillos, pabellones y debates: ¿puede el arte mantenerse al margen de los conflictos políticos del mundo?