Por qué el diseño de las aulas podría afectar hasta un 20% el aprendizaje de los chicos

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Un análisis vinculado a investigaciones internacionales y trabajos asociados a la Universidad de Stanford vuelve a poner el foco en algo que muchas veces pasa desapercibido: el espacio donde se aprende también educa. Iluminación, ruido, distribución del aula y sensación de pertenencia aparecen como factores clave para mejorar el rendimiento.



Cuando pensamos en una escuela, la imagen suele repetirse: filas de bancos, una pizarra al frente y un docente guiando la clase. Un esquema que parece natural, pero que cada vez es más cuestionado por especialistas que sostienen que el entorno educativo influye directamente en la atención, el bienestar y el aprendizaje de los estudiantes.


Distintos estudios internacionales señalan que el espacio físico donde se desarrolla la enseñanza puede tener un impacto significativo en el desempeño académico. Factores como la iluminación, la temperatura, el ruido, el orden visual y la comodidad aparecen como variables que condicionan la experiencia dentro del aula.


La investigadora Agustina Salvi retomó este debate y vinculó estos planteos con investigaciones académicas que proponen revisar no solo cómo enseñamos, sino también dónde enseñamos. La idea apunta a dejar de pensar el aula únicamente como un lugar donde se transmite contenido y comenzar a entenderla como un espacio que también puede estimular o limitar el aprendizaje.

En ese sentido, aparecen preguntas que atraviesan a toda la comunidad educativa: ¿siguen funcionando los modelos tradicionales de organización del aula para estudiantes que crecieron en entornos digitales? ¿Cómo sostener la atención de niños y adolescentes que conviven con múltiples estímulos al mismo tiempo?


Las propuestas no necesariamente implican grandes inversiones. Desde reorganizar los bancos para favorecer el intercambio entre pares hasta sumar plantas, aprovechar mejor la luz natural o generar espacios donde los estudiantes participen del cuidado del aula, los cambios pequeños también pueden modificar la experiencia cotidiana.


La discusión abre además un debate más profundo: si cambian las formas de aprender, ¿también deberían cambiar los espacios donde ocurre el aprendizaje? Para muchos especialistas, pensar la educación del presente implica revisar estructuras heredadas y preguntarse si todavía responden a las necesidades de los estudiantes de hoy.