Este domingo 12 de abril, desde las 19 horas, Buenos Aires será testigo de un acontecimiento cultural bailable, distinto y especial. En el recinto del C Art Media (Corrientes 6271, Chacarita) se darán cita Los Mirlos del Perú junto a Los Espíritus e Ilan Amores. Una cabalgata de dancing con ritmos urbanos, pero además con el sabor de la selva profunda.

¿Qué pueden tener en común Graciela Alfano, Franz Ferdinand, Las Trillizas de Oro, Oasis, Damas Gratis y el músico y productor francés Oliver Conan? La respuesta es: Los Mirlos. Ellos son un grupo de cumbia amazónica del Perú que con más de medio siglo de trayectoria han logrado convertirse en artistas de culto desde Berlín hasta Canadá y desde Argentina hasta Roterdam. Ya lo explicaremos.

Esta es la asombrosa historia de una familia de músicos del Amazonas que le puso sonidos de la selva y guitarras eléctricas psicodélicas a la cumbia y desató una fiebre que inundó todo el planeta. Jorge Rodríguez Grández, su director musical y productor, fundó en 1968 en Moyobamba (región del oriente) el grupo local Los Saetas. Pero unos años más tarde sintió que la selva le quedaba chica y que él y sus músicos debían probar suerte en la gran capital.

"Así que para acá nos vinimos -cuenta don Jorge, desde su oficina/centro de comando en Lima-. Cambiamos el nombre del grupo y en el año '73 pudimos grabar con mucho esfuerzo nuestro primer long-play, que se llamó El sonido selvático".

-¿Cómo empezó para ustedes todo este asunto de la música?

-Teníamos un grupo de jóvenes en Moyobamba, mi tierra, que es la capital de la región San Martín. Ahí armé una agrupación de adolescentes, todos chicos de 14, 15, 16, años. Con mis hermanos, con el menor también, ¿no? Entonces hicimos las primeras canciones, y tocábamos en lugares como el Club Zaragoza en la selva baja. Después escuchamos que en Lima estaba grabando el maestro Enrique Delgado Montes con su banda Los Destellos y nos vinimos. Entonces, nosotros también ya comenzamos a buscar una guitarrita eléctrica, algo así para comenzar a hacer música,

Jorge Rodríguez Grández, el ala mater de Los Mirlos.

-Escuchaban cumbia colombiana, el popular vallenato?

-Algo, porque escuchábamos canciones de Colombia por radio AM, nos llegaban las señales por la selva. Radio Caracol, entonces ahí escuchamos, por ejemplo, La Danza de La Chiva, temas clásicos de Colombia.

Música, en plena selva

-¿La casa de ustedes estaba situada en la selva?

-En la selva si. Ahí empezamos a hacer nuestro pininos con la música.

-Y ahí había, supongo yo, una música típica aborigen, del lugar donde vivían, ¿no?

-Claro. Mi papá, don Gustavo, tocaba el acordeón. Y tocaba su pandilla, su chimaychi (ritmos del oriente amazónico), su música costumbrista de la Amazonía. Y es así como nosotros también nos adaptamos a eso y comenzamos a plasmarla en guitarras.

-Hay dos cosas que llaman la atención. Las primera es que casi ninguna de sus canciones tenían canto ni letras, sino que eran instrumentales. Y la otra cuestión es que habían reemplazado el acordeón por guitarras de rock...

-Claro, mire, llegamos a Lima en el año '71 con mi hermano mayor que nos trajo y nos dijo, "Bueno, vamos a hacer esto: nos gusta la música, nuestras raíces son selváticas y vamos a hacer algo distinto”. En aquella época el maestro Enrique Delgado ya hacía sus cumbias instrumentales. Por entonces todo era instrumental. Y de a poco nos fuimos metiendo. Después tuvimos la idea de pagar horas en distintas radios de Lima, todos los días, para poder pasar nuestras canciones. Y eso prendió en la gente.

La música de Los Mirlos es el sonido de la selva amazónica peruana; sus guitarras, el cantar de los pájaros.

Un poco de contexto

Para entender mejor esta mixtura extraña de aires selváticos con ritmos colombianos y guitarras psicodélicas de rock debemos viajar atrás en el tiempo. Hacia fines de los años '50, y comienzos de los '60, se produjo en los Estados Unidos, un subgénero del rock denominado “surf”. Eran bandas y solistas que no utilizaban cantantes, ni letras, sino que hacían música puramente instrumental. Las voces eran sustituidas por guitarras eléctricas que a través de efectos de cámara y delay trataban de imitar el sonido de las olas del mar, en California.

Nombres como los de los guitarristas Link Wray, Duane Eddie y Dick Dale junto a bandas como The Surfaris y The Ventures (y su contrapartida inglesa, The Shadows) produjeron un verdadero boom en aquellas épocas y sirvieron más tarde como inspiración para las primeras bandas de punk, con los Ramones a la cabeza. Incluso La Argentina también conoció el rock instrumental surfing y de garage de la mano del gran guitarrista Bingo Reyna. La moda se extendía por todo el mundo y llegó al Amazonas…

Del día a la noche comenzaron a aparecer en el Perú grupos de cumbia amazónica y también andina: Juaneco y su Combo (ataviados con las vestimentas típicas de la etnia Shipibo-Conibo), los Wemblers de Iquito, Los Orientales de Paramonga y Los Destellos, dentro de una larga lista encabezada por Los Mirlos. Y del lado del rock nacía en 1964 una banda seminal en el punk peruano: Los Saicos. Todos esos ingredientes entraron a la licuadora de Los Mirlos.

Muchos años más tarde, en los albores del nuevo milenio, un productor, músico y DJ francés llamado Oliver Conan viajó por la amazonía peruana y volvió a su estudio de Brooklyn con una idea fija: realizar un disco compilatorio de cumbia psicodélica a la cual tituló Roots of Chica. Y el furor se desató en todas partes.

Los Mirlos vienen de tocar en el Festival de Coachella su cumbia psicodélica.

Primer destino: la Argentina

-El primer viaje de ustedes a la Argentina sucedió en 1980 y por motivos muy particulares.

-Sí, nos convocaron para participar en una de las películas de la saga del amor. Estaba La playa del amor, La carpa del amor y nosotros participamos en Las vacaciones del amor. Con Graciela Alfano, Jorge Martínez y Las Trillizas de Oro. Fue nuestro primer viaje fuera del Perú y tenemos muy bonitos recuerdos de ese momento. Yo me había comprado una cámara filmadora. Era a color pero muda, no grababa sonido. Igual filmamos todo ese viaje y buena parte de los siguientes, porque volvimos a Buenos Aires varios años seguidos.

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Los Mirlos con Graciela Alfano y Jorge Martínez

-En esa época los ránkings de la Cámara del Disco en Argentina publicaba las ventas y Los Mirlos estaban arriba de todo. ¡Ustedes le ganaban hasta a Queen!

-Jajaja eso es verdad (Jorge se ríe y junto a él su hijo Jorge Luis disfruta de esas anécdotas). Nos habían llevado los hermanos Kaminsky, que tenían el sello discográfico Microfón. En la película también cantaban Camilo Sesto y Angela Carrasco. Aquello nos abrió muchas puertas. Todos estos últimos años hemos estado viajando por el mundo. Tocamos en Alemania, en Holanda, en Francia, en México, en Colombia…

-Y estuvieron hace muy poco en el Festival del Coachella, ¿verdad?

-Sí, claro, el año pasado. Dos días tocamos, y la gente de Adidas nos hizo como unos uniformes bien bonitos, nos dieron buzos y zapatillas. Pero en el segundo show nosotros ya quisimos salir con nuestra ropa típica: camisas de colores con flores, collares y colgantes. Tratamos siempre de llevar el color de la selva con nosotros.

Fans famosos

Tal ha sido la popularidad de Los Mirlos en todo el mundo durante el último cuarto de siglo que hasta tienen sus fans del pop y del rock internacional. Noel Gallagher, en un reportaje de hace cuatro años, se declaraba admirador de esta banda. Y también los escoceses Franz Ferdinand, que durante su show del 2024 en Lima tocaron La Danza de Los Mirlos.

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Franz Ferdinand tocando La danza de Los Mirlos

Cuando escuchamos eso no lo podíamos creer -dice Jorge Luis-, porque además todo el público de Franz Ferdinand es muy joven. Pero fue un gesto muy lindo de ellos, como un reconocimiento a la banda que fundó mi padre.

Existe un hermoso documental titulado precisamente La Danza de Los Mirlos (2022, dirigido por Alvaro Luque, puede verse en Mubi), que narra los comienzos, el ascenso y la trayectoria que los ha llevado a ser considerados artistas de culto. Aunque ellos mismos no le den demasiada importancia a esa etiqueta. Y aunque hoy haya otras bandas que intentan copiarlos.

"Porque Los Mirlos son originales -continúa don Jorge-, tienen su estilo creativo que es el sonido de sus guitarras, el canto de los pájaros, somos auténticamente de la Amazonia. Muchos dicen ahora ser amazónicos también claro, y no conocen ni la selva. Algunos empresarios quieren tomar la marca. Pero yo la tengo registrada y protegida en todos los países que pude.

Jorge Rodríguez Grández, el líder de Los Mirlas, recuerda que su primer viaje internacional fue a la Argentina.

-Ustedes han desarrollado una fuerte amistad con Pablo Lescano, el líder de Damas Gratis, también.

-Sí, Pablo es un gran amigo. Incluso hemos hecho una bonita gira por Europa todos juntos. Tuvimos la oportunidad de conocerle a él cuando fuimos hace como quince años al Festival FIFA, al Festival Internacional Folklórico Buenos Aires, en la Plata. Y después de ese esa presentación, al siguiente día había otra en el Niceto Club, en Palermo. Y la discoteca estaba llena y ahí estaba Pablito. Llegó a tocar un tema al final con nosotros, Entonces, lo conocimos y bueno, lo invitamos a cerrar, sí. Después salió adelante a animar a la gente como es él: todo el mundo con las manos arriba .Espectacular.

-¿Cuál es el secreto de la permanencia de Los Mirlos?

-Yo diría que la perseverancia, la responsabilidad, la pasión por música y también seguir utilizando ese estilo que tenemos, que no le he cambiado, el sonido de nuestras guitarras lo mantenemos firme.

El mundo los conoce

En pocos días más verá la luz un nuevo álbum de la banda, titulado The World Meets Los Mirlos, con interesantes artistas invitados: Rubén Albarrán de Café Tacuba, los colombianos de Bomba Stereo y el trio californiano de música instrumental La Lom. Esta gente no conoce lo que es el cansancio.

-Para finalizar, ¿cómo le gustaría que sea el futuro de Los Mirlos?

-Que se siga manteniendo nuestra música, porque el mundo me ha demostrado que gusta mucho los temas de Los Mirlos. Mi hijo tendrá la responsabilidad de seguir manteniéndolo. Y más adelante el día que yo de un paso al costado, que vengan mis nietos. Y que todos también sigamos embrujados con esta música tan bonita.