El Campeonato Mundial de Fútbol está llegando a las instancias finales sin grandes conflictos. No obstante, fuera de las canchas e incluso de los tres países anfitriones no faltaron expresiones racistas, xenófobas e islamófobas, particularmente en las redes sociales. Las sufrieron especialmente la estrella española Lamine Yamal por ponerse en actitud del rezo musulmán tras convertir un gol y el astro francés Kylian Mbappé porque sus padres son africanos y porque supuestamente tuvo una relación sentimental con la persona trans.

El caso más conocido es el que protagonizó la senadora de Paraguay Celeste Amarilla, que atacó en las redes a Kylian Mbappé, ofendida porque el futbolista dejó con la mano tendida al arquero paraguayo Orlando Gill tras el triunfo de la selección francesa ante el equipo sudamericano. “En lugar de la leche de su madre, chupó cocos y lo más culto que ha oído en su vida son los chimpancés”, disparó entre otros conceptos, causando una ola mundial de repudios y retractándose a medias.

Lamentablemente, hubo argentinos que también emitieron por las redes mensajes repudiables. En algunos casos no se trataron de mensajes con nombre de fantasía en el que muchos se escudan para lanzar sus filípicas o de ignotos tuiteros, sino de influencers libertarios como es el caso de Eduardo Parisini, conocido como “Gordo Dan”, quien además sumó una actitud transfóbica al descalificar a Mbappé por la presunta relación originada en un rumor con una modelo transgénero.

En su programa de streaming La Misa, Parisini escribió ante el partido de Argentina con Egipto: “Que vaya preparando la cola Medio Oriente. Algún culo va a sangrar”. Luego, la emprendió contra el principal profeta de los musulmanes: “Mahoma era pedófilo”. Al termino del encuentro sumó: “Alá es gay” y el faraón Tutankamón fue un “violador”.  “Gordo Dan” completó su diatriba esta vez en forma de pregunta: “¿Te pensaste que nos íbamos a quedar de brazos cruzados musulmono?”.

El diputado bonaerense por La Libertad Avanza Agustín Romo calificó de “llorón” al jugador brasileño Vinicius porque “se puso a acusar de racista a todo el mundo por puteadas en un partido de fútbol”. Nada al lado de los insultos que luego escribiría ante un mensaje de Andrew Tate, un conocido peleador de kickboxing, quien afirmó que si Egipto le ganaba a Argentina iría a celebrar a El Cairo. “Pelado musulmán h… de p… chúpate una p… católica y argentina h… de m… p…”.

Lo más grave es que aalgunos de estos mensajes fueron propalados por el director nacional de Comunicación Digital de la Presidencia de la Nación, Juan Pablo Carreira. El funcionario está a cargo, además, de la polémica Oficina de Respuesta Oficial creada este año por el gobierno para salir al cruce de afirmaciones periodísticas que, a su juicio, son falaces y, en general, responden supuestamente a campañas que considera movidas por oscuros intereses.

Además de compartir un mensaje en el que se decía que “los de color pueden insultar, (pero) si los insultan a ellos es racismo”, Carreira se hizo eco de una publicación que afirmaba que los franceses son “africanos que juegan para Francia” y de otra que sostenía que el partido que disputarían Francia y Marruecos era “un clásico musulmán”. Tampoco se privó de agredir a Mbappé al difundir un mensaje en el que se lo calificaba de “cometravas”.

Aunque estos libertarios no fueron los únicos que difundieron mensajes entre desafortunados y absolutamente condenables -la vicegobernadora radical de Mendoza, Hebe Casado, calificó a la selección francesa como el “equipo africano” y provocó la protesta de la embajada francesa en el país-, se cree en los ambientes políticos que muchos de esos conspicuos tuiteros reciben regularmente ayuda económica del gobierno.

Por otra parte, recientemente se conoció el Informe Anual sobre Antisemitismo 2025 del Observatorio Web del Consejo Judío Latinoamericano, la DAIA y la AMIA que arrojó que tras el pico de los mensajes antisemitas que hubo el 7 de octubre de 2023 a raíz del ataque terrorista de Hamas, esos contenidos no volvieron a la cantidad anterior, ni antes de la respuesta militar israelí, ni luego del cese de hostilidades.

No por causalidad, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cueva, criticó en el tedeum del 9 de Julio en la catedral metropolitana, a quienes siguen “el camino de la intolerancia, el de los enfrentamientos constantes, el de la descalificación del otro por pensar o ser distinto, el camino de la crueldad hacia los más débiles, el sendero de una discriminación por cuestiones de raza, religión o domicilio”.