El fisioterapeuta Antonio Valenzuela volvió a instalar una idea que suele generar interés cada vez que se habla de metabolismo, ayuno y energía. En ese cruce también aparecen temas como qué pasa cuando no comés, cuándo el cuerpo usa grasa como combustible y ayuno y cuerpos cetónicos, todas ligadas al mismo mecanismo fisiológico.

La base del planteamiento es conocida en fisiología. Durante las primeras horas sin ingesta, el organismo sigue usando sobre todo glucosa y recurre a las reservas de glucógeno, en especial las del hígado, para sostener la disponibilidad de energía.

A medida que ese combustible baja, el metabolismo empieza a desplazarse hacia una mayor utilización de ácidos grasos.

Antonio Valenzuela, fisioterapeuta: por qué el cuerpo usa la grasa como combustible cuando no comés.

Ese cambio no ocurre porque el cuerpo “apague” un sistema y prenda otro de golpe. Lo que se ve es una transición progresiva: menos dependencia de la glucosa, más movilización de grasa almacenada y, en paralelo, producción hepática de cuerpos cetónicos.

Antonio Valenzuela, fisioterapeuta: por qué el cuerpo usa la grasa como combustible cuando no comés

Antonio Valenzuela, fisioterapeuta con formación en psiconeuroinmunología y osteopatía, explicó en una entrevista reciente que tras unas 12 horas sin comer el cuerpo empieza a utilizar más intensamente las grasas como combustible. La frase no describe un fenómeno aislado ni extraño: resume un mecanismo que la bioquímica del ayuno describe desde hace años.

Lo primero que ocurre es el uso de glucosa disponible y de glucógeno hepático. Cuando esas reservas empiezan a caer, el tejido adiposo libera triglicéridos, que se descomponen en ácidos grasos libres y glicerol. Los ácidos grasos viajan al hígado y a otros tejidos para ser usados como energía.

En el hígado, parte de ese ácido grasos se oxida y genera acetil-CoA. Si la disponibilidad de carbohidratos es baja, una porción de ese acetil-CoA se redirige hacia la producción de cuerpos cetónicos, entre ellos el beta-hidroxibutirato.

Qué pasa primero con la glucosa y el glucógeno antes de que entre en juego la grasa

El organismo no empieza por la grasa en cuanto termina una comida. Primero trabaja con la glucosa circulante y con el glucógeno almacenado, sobre todo en el hígado. Ese glucógeno funciona como una reserva rápida para sostener la glucemia entre comidas o durante un ayuno corto.

A medida que pasan las horas y esa reserva se reduce, el cuerpo necesita otra vía para sostener el gasto energético. Ahí aumenta la lipólisis, es decir, la liberación de grasa desde el tejido adiposo. Ese paso es central para entender por qué el cuerpo cambia de combustible cuando no hay aporte calórico.

Qué pasa primero con la glucosa y el glucógeno antes de que entre en juego la grasa.

Al mismo tiempo, el organismo no deja de fabricar algo de glucosa. Parte del glicerol liberado desde los triglicéridos y ciertos aminoácidos puede usarse en procesos de gluconeogénesis, que ayudan a mantener funciones que todavía requieren glucosa.

Ese detalle ayuda a evitar una idea simplificada del ayuno. El cuerpo no deja de usar glucosa de un segundo a otro, sino que combina vías y reparte funciones según el tiempo sin comer y la energía que necesita sostener.

Justamente por eso el paso hacia la grasa como combustible se entiende mejor como una adaptación gradual y no como un cambio brusco.