La vida es una rueda mágica, tal como dice Fito Páez en una de sus canciones más famosas. Se sabe: los caminos de las personas están repletos de parábolas perfectas. Y ningún sendero más iluminado y famoso que el de Lionel Andrés Messi, el futbolista de 39 años del que se conoce todo, desde los pinchazos en las piernas para crecer durante su adolescencia en la lejana Barcelona, lejos de su Rosario natal, hasta este capitán íntegro que deslumbra al mundo por sus proezas dentro de la cancha y por su calidad humana afuera.

Es una ironía del destino que Leo frente a España pueda disputar el último partido de su carrera con la Selección Argentina. La Pulga terminó de formarse como futbolista y como persona en Barcelona. Por eso Cataluña, donde vivió más de 20 años, está tan metida en su corazón como Rosario, la ciudad de la que se despidió a los 13. El tiempo transcurrido en Europa le permitía jugar para España si así lo deseaba, pero él jamás dudó. Aun cuando muchos le decían que con la Roja hubiese ganado más de un Mundial junto a Xavi, Iniesta, Busquets, Puyol y compañía. Incluso sus amigos Gerard Piqué y Cesc Fábregas lo presionaron para que optara por ponerse la camiseta española.

"Intentamos que jugara con nosotros porque yo tenía un amigo en Barcelona que era Alex García, su entrenador. Y él era el que, por activa, por pasiva, por derecho, por detrás, me decía: 'Oye, hay que convencer al argentino para que juegue contigo'. Era de la generación del año 1987. Y yo tenía del Barcelona a ocho jugadores en la selección. Ellos me ayudaban a hablar con él, a intentar que jugara con nosotros. Pero nunca quiso", le confesó al diario As Ginés Meléndez, quien en su momento se desempeñaba como coordinador de las categorías inferiores de España. Y ratificó: "Nunca pensó en jugar con nosotros, es la realidad. Nunca. Me acuerdo de una vez que hablamos, pero era muy pequeño entonces, y nada. Hubiera cambiado un poco la historia. Un día me dijo Vicente del Bosque: 'Si llegabas a conseguir que juegue con nosotros, habríamos ganado otros dos o tres Mundiales'. Y posiblemente sea verdad".

Lionel Messi en La Masía del Barcelona.

"En cierto momento me llegó la invitación porque yo ya jugaba en el Barcelona. Me lo insinuaron y lo tomé como algo normal que pasa con muchos chicos. Me fui desde muy pequeño a España, donde hice gran parte de las inferiores. Estaba esa posibilidad y podría haber ocurrido. Pero mi deseo fue siempre jugar con Argentina", confesó Leo meses atrás.

Ahora el amor de los argentinos por Messi es incondicional. Pero hubo un tiempo en que no todo fue tan hermoso y en que un puñado pequeño y ruidoso de provocadores lo acusaba de no ser argentino por no cantar el himno y por jugar con la templanza de los europeos y no con el fuego que muchos entendían que debía tener un argentino. Más allá de esas voces oportunistas, lo que siempre resultó sorprendente en fue cómo un niño que abandonó el país a los 13 años siguió hablando como si viviera a la vuelta de la esquina, en cualquier pueblo del interior de la Argentina. Messi conservó todos los modismos argentinos. Tal vez el mejor jugador del mundo encontró en su forma de hablar la manera de permanecer siempre en su tierra, la herramienta para sortear el desarraigo.

Años atrás, Leo explicó por qué habla como habla, incluso con más tonada argentina que rosarina. "Cuando iba al colegio en Barcelona hablaba como hablan allá para no andar repitiendo las cosas porque nadie me entendía. Una vez que llegué al vestuario de Primera me dije: 'Ya está'. Había brasileños, franceses, holandeses. Ahí volví a hablar normal", se sinceró.

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"Dios no acompaña a Messi porque sea caprichoso, sino porque es inteligente y justo. Dios elige a Leo por todos los valores que representa. Tienen suerte los argentinos de tener semejante embajador", dice el cubano Gonzalo, que vive en Estados Unidos desde hace 15 años. Y agrega desde el volante de un Uber: "Me gusta el fútbol, aunque soy más del béisbol. Pero de Messi me sorprende su manera de ser, que sea tan educado y ubicado. Ojalá gane este Mundial y, si puede, también el que viene".

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Se les partirá el corazón a los barcelonistas el próximo domingo porque su hijo pródigo los enfrentará por primera vez en un partido definitorio. Por algo similar pasaron los napolitanos en el Mundial de Italia 1990. También será una final especial para muchos de los futbolistas españoles que crecieron admirando a Messi. Las fotos de varios de ellos cuando eran chicos circulan desde hace días por las redes sociales. Ninguna tan extraordinaria como la de la Pulga bañando a un bebé Lamine Yamal. Un dato peculiar: ni Lamine ni Pau Cubarsí, dos que serán titulares en el MetLife, habían nacido cuando Leo ya había disputado su primer Mundial, en Alemania 2006.

La vida, al fin y al cabo, siempre encuentra la manera de cerrar los círculos. Messi pudo haber vestido la camiseta de España, pero eligió la celeste y blanca cuando todavía era apenas un adolescente que soñaba con jugar un Mundial. Dos décadas después, ya convertido en el futbolista más grande de todos los tiempos para millones de personas y tras atravesar algunas tormentas, el destino le ofrece la posibilidad de bajar el telón justamente frente al país que lo adoptó y que también lo quiso para sí. Si realmente fuera su última función con la Selección, sería una despedida con la carga simbólica que solo el fútbol, de vez en cuando, es capaz de regalar.