Los cometas suelen verse como “bolas de nieve sucia”, pero su comportamiento es cualquier cosa menos simple. Cuando se acercan al Sol, se calientan, expulsan gas y polvo, y esos chorros funcionan como motores diminutos que pueden cambiar su rotación.

Lo sorprendente, en este caso, no es que cambiara su velocidad de giro. Lo sorprendente es que, según un análisis reciente, habría ocurrido algo nunca observado con claridad: un cambio de sentido, como si el cometa hubiese “invertido” su rotación.

El protagonista es el cometa 41P/Tuttle-Giacobini-Kresák, un cuerpo pequeño y, por eso, especialmente vulnerable a estos empujones. El tamaño importa: en objetos chicos, un chorro puede “mandar” más.

La implicancia va más allá del récord. Si la rotación se vuelve inestable, el cometa puede fracturarse o desintegrarse en futuras visitas al Sol. Es decir: lo “imposible” puede ser el inicio de una cuenta regresiva.

Un cometa hace un giro imposible tras pasar cerca del Sol y desconcierta a los astrónomos

El trabajo se apoya en observaciones de 2017 (y datos posteriores) donde se vio que 41P pasó de rotar aproximadamente 1 vez cada 24 horas a hacerlo cada 46–60 horas en pocas semanas, un cambio descomunal para un cometa. Este movimiento se puede ver en un video compartido por Space Telescope Science Institute en Youtube.

Luego, hacia fin de ese año, el comportamiento habría cambiado otra vez, con una aceleración que sugiere que el “motor” de los chorros no solo frenó, sino que habría reorientado la rotación.

41P pasó de rotar aproximadamente 1 vez cada 24 horas a hacerlo cada 46–60 horas en pocas semanas. Foto: captura Youtube.

La explicación física propuesta es el torque por desgasificación: cuando el Sol calienta el cometa, chorros de gas salen por zonas activas. Si esos chorros están desbalanceados, empujan como propulsores. En un objeto de alrededor de 1 km, ese empuje puede modificar la rotación de manera notable. Si el patrón de actividad cambia, el torque también y el resultado puede ser una reversión.

Lo más importante es lo que implica para la “vida” de estos cuerpos. La rotación rápida o errática puede generar tensiones internas. Sumado a la pérdida de masa por sublimación, eso puede terminar en fragmentación. Por eso, los científicos hablan de un posible “espiral de muerte”: cada paso cerca del Sol modifica al cometa y lo empuja hacia su destrucción.

Más allá del dramatismo, el caso sirve como ventana científica: entender cómo cambian los cometas ayuda a inferir su estructura y a anticipar comportamientos peligrosos o inesperados.

En el fondo, 41P es un recordatorio de que el Sistema Solar está vivo: incluso objetos pequeños pueden sorprender con dinámicas que todavía no terminamos de domesticar.