El presidente estadounidense, Donald Trump, asistirá por primera vez a un partido del Mundial en Estados Unidos, pero eligió el de máximo perfil para ser uno de los grandes protagonistas este domingo de la final entre España y Argentina porque entregará el trofeo al ganador junto al presidente de la FIFA, su amigo Gianni Infantino.

Trump llegó al estadio Nueva York/Nueva Jersey y dijo que aunque no tiene favoritos "es difícil apostar contra Messi". "El presidente de Argentina es buen amigo mío, ha hecho un gran trabajo. Pero lo que puedo decir es que es difícil apostar contra (Lionel) Messi", dijo Trump poco antes del partido a Fox Sports.

"No voy a elegir favoritos. Solo se que no apostaría contra Messi. Es grande", añadió el mandatario.

Entregar la copa es un gesto inédito que le habilitó el líder del fútbol mundial a Trump, ya que los presidentes del país anfitrión no entregan el trofeo. Pero la estrecha relación entre ambos hará que el jefe de la Casa Blanca ocupe el centro de la escena ante millones de espectadores del planeta.

Trump ama estos shows multitudinarios y ya comenzó a darse cuenta de la masividad que tiene el fútbol a nivel global, pero también en forma creciente en Estados Unidos. Es una forma de tomar protagonismo cuando está en un momento de baja popularidad (38%, según los sondeos), empantanado en la guerra con Irán y complicado con el alza de la inflación. En noviembre hay elecciones legislativas y ser protagonista de un evento de tal magnitud lo energiza.

Ya pudo comprobar el año pasado lo que significa, luego de entregar el trofeo del nuevo Mundial de Clubes en el mismo estadio East Rutherford a los jugadores del Chelsea, una presencia en el podio junto a los jugadores que sorprendió. En ese entonces era tal el entusiasmo de Trump en los festejos con los ganadores que hasta el propio Infantino lo invitó a bajarse del escenario para que pudieran sacarse las fotos oficiales.

Trump ha forjado una gran amistad con Infantino, que se ha convertido un personaje habitual en la Casa Blanca y en actos del gobierno estadounidense que nada tienen que ver con el fútbol, como giras por la paz en Oriente Medio. Tanto que Infantino le entregó un "premio de la Paz Fifa" para suplir el Nobel de la Paz que no recibió.

Trump también llega a esta instancia envuelto en una polémica, porque reveló que llamó a Infantino para pedir que se anulara una tarjeta roja que habían sacado a Folarin Balogun, una estrella de la Selección de Estados Unidos. Esa controvertida decisión permitió al atacante disputar el partido contra Bélgica en octavos de final, finalmente ganado 4-1 por Bélgica.

El presidente Donald Trump habla durante una recepción con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, en la Torre Trump de Nueva York. Foto AP

Pese a un aluvión de críticas, el presidente estadounidense consideró que el Mundial 2026 "ha sido quizás el evento deportivo más exitoso de la historia". "Ha sido increíble", se alegró Trump el viernes durante una recepción de la FIFA en la Trump Tower, en Nueva York.

También afirmó que el Mundial ha contribuido a popularizar el "soccer" en Estados Unidos, donde el béisbol, el básquetbol y el fútbol americano se mantienen como los deportes más seguidos. "Se ha demostrado que somos un país de fútbol y creo que se va a mantener", aseguró Trump.

Trump se sentó en el palco de autoridades principales (tras un vidrio blindado) junto con su esposa Melania e Intantino. Atrás se veía al secretario de Estado, Marco Rubio. No se vio a ninguno de sus hijos, pero extrañaba que no estuviera Barron, el hijo menor del presidente, que jugaba fútbol en la secundaria.

El presidente Javier Milei no asistió a la ceremonia y fue representado por el embajador en Washington, Alec Oxenford.

Por España asistirán el Rey Felipe y la Reina Leticia y el presidente del gobierno Pedro Sánchez, que confirmó asistencia a último momento, a pesar de que suele tener fuertes cruces políticos con Trump, que reprocha a los ibéricos de no haber ofrecido ayuda para la guerra con Irán.

También en tensión por cuestiones arancelarias con Washington, los dirigentes de los países coanfitriones, la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, y el primer ministro canadiense, Mark Carney, estuvieron presentes en el estadio.