Una preocupación recorre la espina dorsal de buena parte de los empresarios que, en declaraciones públicas y en conversaciones privadas, siguen apoyando fervorosamente la economía que construyó Javier Milei desde que llegó al Gobierno: ¿Llegó la hora de flexibilizar el modelo para que no colapse de manera irremediable su base de sustentación política?
Esa inquietud, que ya escucharon, por distintas vías el ministro de Economía, Luis Caputo, y también el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, recoge la información de planillas con datos oficiales sobre la marcha de la economía, las encuestas que muestran la caída de la imagen pública del Presidente, pero sobre todo el desaliento que detectan entre sus empleados, clientes y proveedores.
Una proporción importante de esas quejas llevan varios meses acumulándose, pero en las últimas semanas aparecieron ejemplos que indican que el propio Milei detectó problemas a los que tiene que prestarle atención de manera urgente.
Entre esas señales se pueden citar algunas medidas anticíclicas que tomó el Gobierno y que hasta no hace mucho se mezclaban entre las cataratas periódicas de insultos y descalificaciones que retomó Milei desde que se desencadenó el escándalo que envuelve a su jefe de Gabinete, Manuel Adorni.
Una de ellas es la promesa de YPF de desatar por algunas semanas el precio de los combustibles en la Argentina de las oscilaciones en la cotización internacional del petróleo por la guerra en Irán.
Otra es la decisión del Banco Central de relajar la obligación de los bancos de mantener sus fondos inmovilizados en encajes y de comenzar a bajar las tasas de interés para fomentar el crédito a pymes y familias. Hay que citar además la compra de dólares para incrementar las reservas o para cancelar deuda pública, algo que Milei se negó a hacer durante largo tiempo esperando una baja del Riesgo País que nunca llegó.
En esa lista también hay que incluir la idea, que funcionarios de Economía confesaron ante interlocutores de un grupo industrial importante, de pedir a las empresas que anuncien de acá en adelante inversiones en las áreas de energía y minería que contemplen a los proveedores locales en sus emprendimientos.
Son medidas en campos diferentes, algunas más importantes que otras, pero que revelan que Milei tomó registro de que tiene que modificar en algunos grados el rumbo de su barco si quiere seguir navegando en 2027.
Cuando habla con tiempo, el Presidente suele dejar volar sus ideas y se muestra como alguien que está dispuesto a sacrificar incluso su propia carrera política con tal de no resignar el dogma libertario, que aborrece la intervención estatal en casi todas las materias de la vida social. Pero esta semana admitió, entre otras cosas, que la gente no quiere la dolarización y que muchos de los argentinos la están pasando mal. No Todo Marcha Acorde al Plan.
“Caputo y Bausili lo saben, y en confianza admiten que la situación de las familias empeoró en los últimos meses”, le dijo a Clarín esta semana uno de los banqueros que esporádicamente conversa con el ministro de Economía y también con el presidente del BCRA.
Esos mismos números que obligaron a Milei a esconder por un tiempo algunas de las ideas que había tomado de manera literal de autores que crecieron al margen de las corrientes principales del pensamiento económico son los mismos que le dieron aire a Axel Kicillof, quien hoy aparece como el principal rival político del Presidente.
Kicillof, que hizo toda su carrera política apoyado en un muy pequeño grupo de funcionarios de su confianza, hoy parece embriagado por una novedosa vocación ecuménica. “Cualquiera que esté en contra de Milei a mí me sirve”, es la frase que usa para resumir su reencarnación cuando le preguntan.
En sus conversaciones con colegas gobernadores o diputados opositores que lo visitan, Kicillof pide apoyo para construir una “corriente de opinión” -así la llama- que denuncie que el modelo económico de Milei deja millones de personas afuera. “El modelo de Martínez de Hoz dejó a 15 millones de personas afuera. A Milei le sobran como 30 millones”, le dijo esta semana a uno de los hombres que viajaron a La Plata a escucharlo. Esa corriente de opinión, considera el ex ministro de Economía de Cristina Kirchner, no necesariamente se transformará en una alianza política nueva en el corto plazo, pero sí tiene que servir para plantar un candidato que le corte a Milei la reelección.
El gobernador bonaerense, que acumula años de desconfianza y resistencia dentro del propio peronismo y ahora se convirtió en palabra prohibida para la familia Kirchner, admite que a Milei le sirvió mucho salir de la discusión entre peronismo y antiperonismo que explicó 80 años de la historia argentina para instalar el combate entre la política y la antipolítica.
Por eso mismo apuesta a cambiar el eje de la discusión y armar un ring en el que Milei tenga que enfrentar a todos los que crean que la industria argentina tiene que seguir existiendo o que la intervención del Estado es necesaria en muchos campos de la economía.
La idea de Kicillof no tiene muchos secretos. Él cree que si hay balotaje el año que viene, el Presidente llegará a esa instancia con una mochila grande de personas que la pasaron mal desde 2023. Todos esos votantes, según imagina, terminarán de su lado.
Kicillof ya da por descontado que este año la Legislatura bonaerense habilitará otra vez la reelección múltiple de intendentes, concejales y legisladores provinciales. Ese regreso a todo motor de los nuevos Barones del Conurbano -una categoría que desde hace tiempo combina a los peronistas del sur y del oeste con los macristas, neolibertarios y vecinalistas de varios partidos del norte de la Capital Federal- le permitirá al gobernador sintonizar con un reclamo que reaparece cada vez que se acerca a una elección. Será una especie de homenaje a la casta luego de tanto vapuleo discursivo.
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