Está escrito en piedra: hacer política en una democracia, es decir construir poder y ganar elecciones, es tirar al centro.

Se lo recordó Emilio Monzó a Axel Kicillof en la visita que le hicieron con Nicolás Massot en la Gobernación de La Plata: "El peronismo K - le dijo - siempre ganó sumando a un candidato identificado con el centro. Ganaron con Scioli, con Cobos, con Boudou, con Alberto. En un país con ballottage, solo sumando una opción de centro puede completarse el voto de los propios".

Axel, que tiene el hábito de los psicoterapeutas de anotar todo, escribía en el cuaderno todo lo que escuchaba. De ese encuentro, del cual guardan algún secreto, queda lo expuesto.

Lo más notable para quienes tienen la lupa puesta sobre los movimientos del gobernador-candidato es esta serie de gestos: primero, asistir a Expoagro, sentarse en la mesa en la que estaba Mauricio Macri y saludarlo ante los fotógrafos. Ha sido una presencia frecuente en esa exposición, pero saludarse con Macri no es lo que se esperaba en San José 1111.

Siguió la invitación a Monzó y Massot a visitarlo en la gobernación. Convivieron en el Congreso en los años de Macri y han tenido una relación cordial que se extendió en reuniones de contrafrente, sin que nadie se enterase. Esta vez los invitó él, después de recibirlo hace un mes a Monzó en su despacho. Además, se encargó de que la cita trascendiese.

La filtraron desde la gobernación a la prensa amiga. Cuando Monzó y Massot llegaban a la Casa de Gobierno en La Plata, recibieron mensajes de un medio más que amigo del peronismo preguntándoles qué hacían en La Plata.

Democracia al revés

Para lo necesario y eficiente del juego de la oposición, Axel escuchó y anotó los argumentos del plan de armar un Frente Nacional, como lo define Miguel Pichetto, el rompehielos que desató el maratón de encuentros del peronismo después de visitar a Cristina.

Hubo ausencias en el diálogo, en el cual Axel escuchó más que habló. Por ejemplo, nadie mencionó a Cristina ni a Máximo, los adversarios internos del gobernador. Sí coincidieron en que hay que juntar votos en el Congreso para mantener las PASO como recurso para ordenar los protagonismos en ese frente.

La agrupación de Axel es una creación típicamente peronista: nace del poder, con un funcionario del vértice del gobierno y con recursos del oficialismo provincial, el distrito más grande de la Argentina.

Es coherente con la democracia pampa del revés: construye poder de arriba para abajo, cuando debería ir de abajo para arriba. Transmite la necesidad de sostener la candidatura a presidente del caudillo, que es y se comporta como tal. Nadie imagina que alguien le plantee competencia al caudillo.

Al peronismo más bien lo googlea

Kicillof tiene sus adversarios internos en el cristinismo que se referencia en la conducción de Máximo. Ese grupo, que algunos llaman La Cámpora, va por el mundo diciendo que ellos no tienen candidato a presidente. Es decir que no es Axel.

Así estuvieron hace un par de semanas en La Rioja, jaleándolo a Ricardo Quintela en el proyecto presidencial del riojano. Se instalaron un fin de semana en las tierras del "Gitano" y recorrieron el espinel de sindicalistas y agrupaciones sociales con la consigna de que ellos buscan un candidato.

Esa piedra en el zapato lo lleva a Axel a ejercer de hecho la presidencia del PJ provincial. Ya cumplió tareas burocráticas como cerrar balances. Esta semana organiza la primera reunión del consejo provincial del partido. Es una obligación mensual que impone la carta orgánica.

Como el peronismo transita los padecimientos de no ser oficialismo nacional, se ve en la necesidad de ajustar el cumplimiento de las normas, para impedir ataques desde afuera. Algo que para Kicillof debe ser un tormento. No tiene experiencia partidaria, y menos en el PJ. Hay quienes afirman además que no es peronista.

Nadie tiene el peronómetro y mientras no haya una forma de detectar el ADN partidario, vale la consigna del presidente Ramón Puerta: peronista es aquel que se dice peronista. Con eso basta.

Hay pruebas indirectas que permiten advertir si alguien lo es. Por ejemplo, si conoce la letra de la tercera estrofa de ese clásico musical. Solo la conocen los peronistas con fe partidaria. (No es difícil, es la que comienza con "Imitemos el ejemplo / de este varón argentino", etc.). Tampoco Axel tiene modos peronistas. Al peronismo más bien lo googlea.

Lo que Von Hayek no soñó

La realidad de que hacer política es ir al centro, la ilustran otras fuerzas. Empezando por Macri en 2015 -que arrancó del conservadurismo del PRO porteño, para extenderse hacia el radicalismo ortodoxo- se alió al nosiglismo, al radicalismo del interior de Sanz y a la disidencia de Elisa Carrió. Lo movía una ambición que perdió después de 2019.

También Milei sumó al centro de Cambiemos para prosperar. Llegó al ballottage agitando banderas de indignación, pero gozó pronto del apoyo de Macri y del Cambiemos más gorila para ganarle a Sergio Massa con holgura.

Ni que decir de cómo ha gobernado, con el elenco de lo que fue Juntos por el Cambio. La revolución anarcocapitalista que propuso se tradujo en que sus candidatos del 2025 fueran Diego Santilli y Patricia Bullrich y que el bloque de Diputados se lo manejara Silvana Giudici.

Ese extremo de centrismo no pudo soñar ni Von Hayek ni Huerta de Soto, el numen ibérico de Milei.

Siempre al filo del quórum

La necesidad de abrazarse al centro en el segundo tramo de su mandato es evidente. En la sesión de glaciares logró la sanción por apenas 137 votos positivos, 8 más que los del quórum para sesionar. Una ley frágil y más si aspira a ser el marco de negocios de largo plazo como son los de la minería.

En las refriegas chicaneras de la sesión, logró apoyos ajustados que evitaron el apartamiento del orden del día para tratar una interpelación a Manuel Adorni (logró 124 votos -menos de la mitad del quórum- contra 118), y el escándalo de Libra (lo desbarató por 125 votos a 116). Si no tuviera el apoyo del centro del PRO y de cierto radicalismo, hubiera tenido problemas.

El año pasado creció de manera significativa en las dos cámaras y las controla, pero en el borde y sacando las leyes por el filo del quórum que le cuestan cada vez más caras. Desde 1983 el Congreso sancionó 4.760 leyes. El trámite de las leyes se fue complicando por la debilidad de los gobiernos hasta llegar a 2025 cuando el Congreso aprobó apenas 17 leyes.

Invertebrados y miopes

El problema es determinar dónde está el centro, y cuántos centros están disponibles para armar alternativas electorales. Le cuesta más al peronismo esa búsqueda. En una carta a Juan Perón en el exilio, John William Cooke definió al peronismo como un "gigante invertebrado y miope".

Hoy más invertebrado que nunca, sin consensos en el liderazgo, ni en el control territorial ni en el programa. Miope, por la torpeza con la que encaró la elección de 2023 llevando como candidato del peronismo al ministro de la Economía de la inflación, y sin poner en la fórmula a un dirigente del interior que quizás hubiera movilizado al peronismo de provincias que en ese turno no movió un dedo para confrontar con Milei.

No solo el peronismo es invertebrado y miope. No les va mejor en ese rango a los otros partidos. El PRO, la UCR y La Libertad Avanza tienen varios jefes, varios programas e intereses confrontados. Se vio en el tratamiento de la ley de glaciares esta semana.

La argumentación de la necesidad de reformar la ley original de 2010 brilló por su ausencia y el oficialismo forzó el voto para acreditarse la victoria, que festejaron sus diputados como si hubiera sido un partido de fútbol.

Nadie le respondió a Pichetto, que rechazó la iniciativa: "No soy un papel en el viento; en el año 2010 voté la ley 26.639 - la ley que está vigente - y pienso mantener el mismo criterio rechazando la propuesta modificatoria. ¿Por qué estoy en contra? Porque no hay ningún elemento nuevo ni ninguna cuestión técnica central que indique la necesidad de los cambios que se incorporan". Y eso que Pichetto es un dirigente prominería de una provincia minera.

Prueba de motores con tanques llenos

En busca del centro perdido, el rompehielos Pichetto se presta a todas las iniciativas de degustación de peronismo. En un ejercicio proustiano se sube a una tribuna este martes junto a Sergio Massa -con quien parlamentó hace dos semanas–, Guillermo Moreno y Máximo Kirchner (a confirmar).

En una de las deliciosas frases de “En busca del tiempo perdido”, Marcel Proust habla de cómo ciertos gustos y aromas disparan cataratas de recuerdos. “En cuanto reconocí el sabor de la magdalena, una alegría poderosa me invadió y todo surgió de mi recuerdo” (Por el camino de Swann, 1913). Lo que ocurra en adelante con estos reencuentros dependerá de esa degustación proustiana.

El lema de convocatoria es "El peronismo conversa la economía: sin industria no hay Nación ni hay trabajo para todos". Es un taller de tolerancias que suma otras figuras como Gustavo Menéndez, Francisco Echarren, Horacio Valdés, Pablo Challú, Juan Manuel Pichetto, Eduardo Setti, Oscar Carreras, Roberto Pons, Walter Romero y el evitista Eduardo "Gringo" Castro. Por las dudas el flyer tiene retratos de Perón y Evita (guglear). Es una prueba de motores con tanques llenos para ver cuánto resiste la máquina.

Mercosur-UE los dividió

En todas las charlas que han tenido los caciques del Frente Nacional - Pichetto, Monzó, Massot - se preguntan en voz alta cuál es la tolerancia del cristinismo para acomodarse a un programa centrista que los aleje de la agenda que llevó al peronismo a su expresión política más insignificante de la historia.

Ha perdido la primera minoría en las dos cámaras - especialmente el control del Senado, es decir del control de la Justicia -, ha llegado a la cantidad más chica de gobernadores que responden a la cúpula partidaria y tiene a su jefa condenada e inhabilitada de por vida para hacer política.

El cristinismo, franja en donde hasta ahora ha gravitado Kicillof, no tiene respuesta. Sí hay signos notables de diferencias que parecen insalvables. La prueba la dio la escisión dentro del peronismo cuando se discutió en el Congreso la aprobación del acuerdo Mercosur-Unión Europea.

El cristinismo y el axelismo se alzaron con fuerza por el rechazo a ese acuerdo que el peronismo había negociado cuando gobernaba. Axel asumió los argumentos de su ministro Carlos Bianco, que había sido vicecanciller de Héctor Timerman y es uno de los mejores conocedores del acuerdo.

Le sirvieron esa vez para rechazar el acuerdo, que otros sectores del peronismo del Congreso aprobaron, para ser consecuentes con lo que habían negociado los gobiernos de Cristina y de Alberto Fernández. Una contradicción que no ayuda a la unidad.

Guerra de sucesión

La mesa del panperonismo que ocurrirá el martes se hace en un local cercano a la Plaza de Mayo, pero será transmitido al país por YouTube.

Hay que avistar la presencia del "Gringo" Castro, un emergente de los movimientos sociales, y marido de la intendenta de Moreno Mariel Fernández. Esta dirigente recibió en la semana a Pichetto en su oficina municipal. Es parte de la visita de Pichetto a municipios de Buenos Aires para sumarlos a la pelea por sostener las PASO y armar sobre esa base el Frente Nacional.

Mariel Fernández le expuso a Pichetto su principal proyecto, que es presentarse como candidata a gobernadora de Buenos Aires el año que viene. Ese es otro proyecto con el que debe acoplarse Kicillof.

La suerte en el último tramo de su mandato, y en consecuencia su precandidatura a presidente depende de cómo tramite la sucesión en el cargo de gobernador. Si no logra armonía y consenso en esa transición, puede desangrarse para la carrera mayor por la inconsistencia de la pelea chica por la sucesión.

Pichetto escuchó ese proyecto y entendió que será uno de los productos transables en la relación dentro del peronismo bonaerense.

Mariel no es una dirigente más

Ella es uno de los 5 vicepresidentes que tienen a su cargo la conducción del partido, junto a los jefes de bloques José Mayans y Germán Martínez, la senadora Lucía Corpacci y el sindicalista Ricardo Pignanelli.

En ese rol tienen responsabilidad de conducción del conjunto y se lo han hecho saber a la jueza María Servini, que les pidió le informasen quiénes son los responsables del partido. Lo hizo en un traslado de vista, ante una presentación de dirigentes que han pedido la intervención del partido.

La mesa de cinco ha tomado las decisiones de balance y otras minucias administrativas en ausencia de la presidenta, Cristina, que está presa e inhibida.

El trámite está abierto y convive con una decisión del juez federal de Jujuy, que volteó la intervención del PJ de esa provincia por el PJ Nacional. La decisión será apelada este lunes por los apoderados de Matheu reclamando que el juez de Jujuy no tiene atribuciones para tomar la medida, y que es Servini quien debe atender esas cuestiones.