"Después de la reelección de Milei, quiero ser presidenta". El título que dejó Patricia Bullrich en la entrevista con Clarín agitó el clima electoral cuando apenas había comenzado a tomar calor después de la lógica pausa por el Mundial y las vacaciones de invierno.

Las ambiciones políticas de la principal referente legislativa que tiene el gobierno de Javier Milei no tienen fecha de caducidad en el horizonte y ella misma se siente autorizada a plantear escenarios a largo plazo en un país que cambia semana a semana.

Precisamente el mismo rumbo de estabilidad al que suele hacer mención el ministro de Economía, Luis Caputo, y que también valora el propio Milei, es el que plantea con esa declaración la dirigente que mejor imagen tiene en La Libertad Avanza.

Sin tapujos, se anima a sugerir que el día después de Milei, que fija para 2031 después de una reelección el año que viene, va a haber que buscar una continuidad y que nadie mejor que ella, su aliada política desde el balotaje de 2023, la puede encarnar. Para entonces, ella tendrá 75 años.

Hábil de olfato, Bullrich dice muchas cosas, pero se guarda otras. Si quedaba alguna duda de que no le interesa competir por la jefatura de Gobierno porteña, ha remarcado en los últimos días que le parece un desafío "mucho menos complejo" que haber liderado un ministerio como Seguridad durante seis años.

El mensaje es doble, en ese caso. Por un lado, hacia Milei, que la tenía pensada como una carta ganadora en Ciudad. Por el otro, a Jorge Macri, que busca cerrar un acuerdo con los libertarios para evitar el enorme riesgo que significa para el PRO volver a un mano a mano con La Libertad Avanza como en 2025, cuando el hoy cancelado Manuel Adorni fue el candidato más votado.

Su rol en el Senado, clave. Foto: Federico López Claro.

Un libreto conocido

No es diferente a la estrategia previa a 2023, cuando Mauricio Macri no se animaba a ungirla como la candidata del PRO y la obligó a plantarse casi por su cuenta en una PASO con Horacio Rodríguez Larreta que terminó ganando. Cuando Bullrich ve una buena oportunidad por delante, se lanza sin consultar demasiado.

Lo que tampoco dice la actual senadora es que la derrota electoral de hace tres años, quedando afuera de un balotaje con Sergio Massa que probablemente hubiera ganado, todavía le duele. Fue, curiosamente, Milei el que la sacó de esa carrera y le impidió llegar al cargo que anheló durante toda su vida y el que realmente le interesa: la Presidencia de la Nación.

Que Bullrich blanquee sus aspiraciones de ser presidenta en el pos-mileísmo significa que ya se está mostrando como un perfil atractivo hoy, incluso en caso de que Milei falle en los meses venideros y que el Presidente no pueda reelegir o no lo convenga candidatearse. Parece improbable, porque las encuestas lo muestran competitivo.

A diferencia de lo que pasaba hace algunos meses, ya no se habla de una ruptura de parte de la dirigente, que llegó a presentar su renuncia como jefa de bloque del Senado, pero Milei no se la aceptó. A menos que no le den nada en la negociación, Bullrich seguirá adentro del proyecto libertario.

Integrar la fórmula, su ambición

En ese camino bien lineal, lo más cercano a ser presidenta es ser vice. Es ahí donde apunta la senadora, que además viene ganando habilidades políticas en el manejo de grupos dentro del bloque libertario y, se sobreentiende, sería una titular de la Cámara alta con un expertise y un perfil alto incluso mayor que el de Victoria Villarruel, la compañera de fórmula de Milei que hoy se convirtió en una de sus principales opositoras.

Bullrich lo respeta a Milei, pero no coincide en muchos temas que van más allá de las "formas" del Presidente, de las que fue crítica en varias oportunidades. Si bien le valora decisiones macroeconómicas, cree que a mucha gente todavía no le llega la recuperación que los libertarios ven palpable.

No comparte tampoco la catarata de números con la que Milei suele despacharse para defender su gestión, lo que él denomina "datos" y "resultados". Mira esas cifras de reojo, pero no las repite como sí lo hacen a coro muchos legisladores libertarios.

Guste o no en el mileísmo, Bullrich juega su propio partido, que combina aquel sinsabor de 2023, la expectativa de poder jugar como "titular" en 2027 y una mirada bien largoplacista hacia 2031. Hay lugar para todo. Y ella cree que tiempo también.