La doctora María Velasco es psiquiatra infantojuvenil, tiene más de 20 años de formación y experiencia clínica, tanto en la salud pública como privada, especializada en la salud mental de niños y adolescentes. En medio del aumento de problemas de convivencia, ansiedad, acoso escolar y baja tolerancia a la frustración, la profesional brindó su análisis sobre lo que ocurre en los colegios.

"Mis pacientes y sus familias me han enseñado que además de tratar el dolor psíquico y emocional, hay que trabajar en su prevención", indica la Dra. Velasco en su biografía.

Invitada al ciclo de entrevistas Aprendemos Juntos, creado por un banco español, habló sobre la crianza y las grandes preocupaciones que unen a las familias, docentes y profesionales sanitarios.

La Dra. Maria Velasco se especializa en salud mental en entorno laboral, escolar y familiar. Foto: Captura de YouTube @AprendemosJuntos

Los conflictos en las aulas y las charlas con las familias

La psiquiatra, que además es autora del libro "Criar con Salud Mental. Lo que tus hijos necesitan y solo tú les puedes dar" (Planeta, 2023) aseguró que la convivencia en las aulas resulta esencial, pero que muchos de los conflictos que aparecen en los centros educativos son el reflejo de problemas que se gestan en el hogar y en la sociedad.

"Creo que lo que está pasando en los colegios es el síntoma de lo que está pasando en las familias, y a su vez lo que está pasando en las familias a nivel social se demuestra en los colegios, porque en los colegios es donde conviven nuestros hijos", manifestó.

Los vínculos de los niños en la primaria y el aula como lugar de conexión social. Foto: ilustración Shutterstock.

"Los problemas más graves que está habiendo ahora mismo son poder esforzarse, estudiar, convivir, respetar al otro, que la agresividad no sea una opción, que desarrollemos la capacidad de hablar, de poder expresar lo que sentimos con respeto, desarrollarnos a muchos niveles, todo eso se hace en el colegio", enumeró.

Y aclaró: "Pero si no aprendemos a hacerlo en casa, si no nos enseñan, si no se le da valor a estas cosas, llegamos al colegio sin saber hacerlo y los profesores no pueden enseñárselo a los niños".

Velasco insistió en que los docentes no pueden sustituir la función educativa de los padres. "La figura del profesor es imprescindible, yo conozco muchos menores y adolescentes que les ha salvado la vida un profesor o una profesora", expresó.

En muchas sesiones con niños que no tuvieron contención familiar por diversas razones comprobó que la figura de sus maestros se volvió clave en sus vidas.

"Saber que alguien cree en ellos se vuelve un espejo valioso. Entonces los maestros son fundamentales, pero no podemos poner en los colegios ni en los profesores ni en los maestros ahora mismo la solución de un problema que está en la familia", enfatizó.

La confusión con los "No", límites a los niños y adolescentes

"Si tú a tu hijo en tu casa no le pones límites, llega al colegio y no va a respetar a los profesores. ¿Cómo va a pensar que algo tiene que aprender de los profesores? ¿Cómo va a respetar el ritmo de la clase, estar en silencio para poder aprender; ¿por qué va a querer crecer si ya lo tiene todo?", cuestionó.

Hizo hincapié en lo que los propios padres a veces transmiten connotaciones negativas en el día a día por estar agobiados en sus rutinas.

"Me refiero a la actitud victimista de los adultos: ¿para qué van a querer crecer los niños si nos ven todo el día protestando, si nuestra vida es espantosa: 'Ay el trabajo, ay es que no llego, ay es que llego tarde, es que el tránsito'", indicó.

"Nos ven y dicen: 'Bueno, esto de ser mayor es un auténtico desastre. Yo me quedo aquí donde estoy, que por lo menos tengo muchas cosas, tengo tiempo'", ejemplificó.

Aseguró que las frustraciones son necesarias en el crecimiento y desarrollo emocional de los niños. "Creo que este problema de frustrar a los niños, de enseñarles a frustrarse con deportividad, se confunde con el maltrato; está todo el mundo muy confundido pensando que el decirle a un niño 'no', o 'espérate', o 'más tarde', o 'no puede ser' es traumatizar", expresó Velasco.

"Creo que esta palabra se emplea con una ligereza tremenda, cuando un trauma psicológico, un trauma emocional, es algo muy grave, muy importante en las vidas de las personas que sufren un trauma", indicó.

"Me parece más traumático que nunca le digan que 'no', porque eso significa que va a llegar al colegio y no va a poder aceptar el 'no' de un profesor. El niño le va a decir: 'Me quiero ir al patio a jugar' y el profesor le va a contestar: 'No, porque estamos en matemáticas', y no va a poder gestionarlo", remarcó.

La tolerancia a la frustración, una herramienta para la vida

"Tolerar la frustración es imprescindible porque estamos todo el día frustrados. Nacemos con narcisismo: venimos de la panza de nuestra madre, allí no tenemos ninguna necesidad, existimos en una sensación de bienestar completo", explicó.

Desde que llegamos a este mundo, donde de un momento a otro sentimos hambre, pasamos frío o calor, escuchamos ruidos de manera diferente y no podemos movernos como quisiéramos, son algunos ejemplos de los primeros momentos donde nos enfrentamos a la frustración.

"Desarrollamos capacidades para crecer en la adversidad y no todo lo que nos hace sentir mal es negativo: la tristeza es importante, la rabia es importante, la frustración es importante; nos enseña cosas de nosotros, nos ayuda a desarrollar estrategias que nos permiten adaptarnos a la vida", recalcó.

El berrinche, una expresión de frustración durante el crecimiento emocional. Foto: ilustración Shutterstock.

"Un bebé sobrevive porque su madre le cuida, pero un niño sobrevive porque se adapta, porque es capaz de adaptarse a la vida. La adaptación es el secreto, no es: 'Crezco y vivo los días para ser feliz', sino que vivo para tener un sentido, para estar lo más adaptado posible, para renunciar a lo que no me sirve, tener una visión más realista de a dónde puedo llegar, qué me pueden dar los demás y qué puedo esperar, qué puedo agradecer y qué cosas no, es decir, vivir en el mundo real", indicó.

Según la especialista, la posibilidad de aprender a aceptar un "no", esperar o posponer un deseo le otorga herramientas fundamentales a los alumnos para las situaciones futuras de la vida adulta.

"Muchos profesores me cuentan la profunda impotencia que sienten al trabajar con su alumnado. No hay una jerarquía, no hay una validación. Algunos padres quieren que su hijo llegue a clase y sea el centro del universo, pero de pronto hay 40 centros del universo en un aula. ¿Y qué hace la maestra? ¿Cómo gestiona eso? Es imposible", reflexionó.

Señaló que la retroalimentación entre padres y docentes puede resultar una herramienta valiosa para trabajar la prevención mediante programas que enseñen habilidades como la empatía, la convivencia, la resolución de conflictos o la gestión emocional, todas iniciativas requieren de una implicación activa de las familias.

Internet y las pantallas, el tercer elemento que afecta la crianza

Además de la educación y los valores familiares, hay otro elemento que atraviesa la vida diaria: la disrupción digital, que se cuela en la cotidianidad de los niños desde edades cada vez más tempranas.

El celular en el aula, una problemática cada vez más temprana. Foto: Shutterstock

"La violencia aumentó en los menores porque se les expone más a la violencia en las redes sociales, están más solos. La violencia es una actitud, es una acción, no es una emoción; sin embargo estamos justificando mucho las actitudes violentas ante el malestar emocional", destacó.

"Como yo no me encuentro bien, expreso violencia. Ese es le mensaje y lo estamos tolerando muchísimo: como cada vez más cosas me enfadan porque tengo menos tolerancia a frustrarme, lo que hago es ser violento", resumió.

La exposición constante a contenidos violentos, la búsqueda de reconocimiento mediante los likes o el acceso prematuro a información propia del mundo adulto están modificando la forma en la que niños y adolescentes construyen las relaciones.

"El acoso escolar es más violento. Ahora hay ciberacoso, poder acosar con una pantalla, hasta ser famoso por eso, en vez de ayudar a los demás o ser un buen alumno", expuso.

"Ahora pasa también cuando nuestros hijos quizás están solos en su cuarto, pensamos que están tranquilos, pero pueden estar acosándolos con un celular. Es algo muy grave, pero por cómo están organizadas las cosas no puede responsabilizar solo a los colegios", argumentó.

"Creo que la salud mental y la educación tienen que ir de la mano, que los profesionales de la salud mental tenemos que entrar en los colegios y ayudar a los maestros en prevención de la violencia, que los menores sepan conocerse, sepan vivir en comunidad, aprender a decir lo que piensan con respeto y otras tantas capacidades humanas", sostuvo.

Y concluyó: "El cambio y la prevención están en los colegios, pero la responsabilidad está en las familias".