Restringir el horario de comidas podría ayudar a reducir el deterioro cognitivo en la vejez, según un estudio preliminar citado por The Guardian.

La investigación, realizada por académicos de Rutgers University, en Nueva Jersey, encontró señales de mejora en habilidades mentales de mujeres mayores con sobrepeso u obesidad que limitaron sus comidas a una ventana de nueve horas y evitaron comer durante las cuatro horas previas a dormir.

Qué mostró el estudio

El ensayo fue pequeño: participaron 47 mujeres de entre 50 y 79 años con sobrepeso u obesidad. Todas fueron alentadas a reducir unas 500 calorías diarias durante seis meses. Dentro del grupo, 26 mujeres recibieron además la indicación de comer solo dentro de una ventana de nueve horas, que en general equivalía a hacerlo entre las 10 de la mañana y las 6 de la tarde. El resto distribuyó sus comidas en un período más amplio, de unas 12 horas.

Al final del ensayo, ambos grupos perdieron un peso similar, con un promedio de alrededor de 7 kilos. Sin embargo, las pruebas cognitivas mostraron que quienes restringieron el horario de comida obtuvieron mejores resultados en tareas de planificación espacial y resolución de problemas. También hubo señales de menos errores en pruebas de memoria y aprendizaje, aunque no todas las pruebas mostraron diferencias.

La profesora Sue Shapses, científica nutricional de Rutgers, dijo que los efectos fueron modestos, pero sugirió que comer en una ventana más estrecha podría ofrecer beneficios adicionales más allá de la pérdida de peso. Los detalles fueron presentados en Nutrition 2026, la reunión anual de la American Society for Nutrition.

Comer en una ventana más estrecha podría ofrecer beneficios adicionales más allá de la pérdida de peso. Foto: IA.

Por qué podría influir en el cerebro

La hipótesis de los investigadores apunta a una combinación de ritmos circadianos, metabolismo e inflamación. Comer tarde o durante demasiadas horas del día puede alterar señales internas vinculadas al sueño, la glucosa, la digestión y la respuesta inflamatoria. En adultos mayores, esos mecanismos podrían tener relación con la salud cognitiva.

El tema importa porque el deterioro cognitivo y la demencia son problemas crecientes en sociedades envejecidas. The Guardian recordó que algunos factores de riesgo, como la edad o la genética, no se pueden modificar, pero otros sí dependen del estilo de vida.

Aun así, los especialistas piden cautela. Wendy Hall, profesora de ciencias nutricionales en King’s College London, que no participó del trabajo, señaló que la alimentación con horario restringido es una estrategia plausible para apoyar la salud cerebral, pero remarcó que los hallazgos son preliminares y que hace falta revisar el estudio completo por pares para saber si las mejoras son clínicamente relevantes.

El estudio no prueba que dejar de comer temprano prevenga la demencia ni reemplaza recomendaciones médicas. Pero sí suma evidencia a una idea cada vez más estudiada: no solo importa qué se come, sino también cuándo. Para adultos mayores con sobrepeso, ajustar horarios podría convertirse en una herramienta simple, siempre que sea segura y acompañada por orientación profesional.