Un hombre trabaja cada vez más horas, pierde la paciencia con facilidad o comienza a beber más de lo habitual. Desde afuera, quizás nadie piense que está atravesando un período de profunda infelicidad. Incluso él mismo podría no interpretarlo de esa manera.

Esa es una de las dificultades que aparecen al estudiar el malestar emocional masculino. La imagen convencional de la depresión -tristeza visible, pérdida de interés o retraimiento- no siempre alcanza para identificarla. En algunos hombres, el sufrimiento puede adoptar formas menos evidentes, como enojo, irritabilidad, conductas de riesgo, consumo problemático de sustancias o una dedicación desmedida al trabajo.

Esto no significa que exista una depresión exclusivamente masculina ni que todo hombre enojado o que trabaja demasiado esté deprimido. La cuestión, según los investigadores, es ampliar la mirada sobre señales que habitualmente no se asocian con problemas emocionales.

Enojo, alcohol y conductas de riesgo: qué encontró un estudio

Una investigación publicada en JAMA Psychiatry en 2013, realizada por Lisa Martin, Harold Neighbors y Derek Griffith, analizó qué sucedía cuando los criterios tradicionales utilizados para detectar depresión incorporaban otros comportamientos.

Los investigadores agregaron síntomas como irritabilidad, ataques de ira, consumo de alcohol o drogas y conductas riesgosas. Al utilizar esa medición más amplia, la diferencia entre hombres y mujeres se redujo considerablemente.

El exceso de trabajo puede ser una señal de depresión o infelicidad profunda. Foto Shutterstock

Con esa escala, los hombres llegaron a registrar una prevalencia del 26,3%, frente al 21,9% de las mujeres.

Sin embargo, los especialistas advierten que no corresponde interpretar esos comportamientos como síntomas exclusivamente masculinos: también pueden aparecer en mujeres con depresión.

La conclusión es diferente. La depresión puede manifestarse de maneras más diversas de lo que suele suponerse, y limitar su identificación a la tristeza evidente podría dejar casos sin detectar.

Por qué a muchos hombres les cuesta pedir ayuda

El segundo problema aparece cuando ese malestar debe ser reconocido y comunicado.

Diversas investigaciones sobre búsqueda de ayuda psicológica relacionan determinadas concepciones tradicionales de la masculinidad —como la autosuficiencia extrema, la dureza y el control permanente de las emociones— con una mayor resistencia a recurrir a otras personas o profesionales cuando aparecen problemas emocionales.

El resultado puede convertirse en un círculo difícil de romper: si pedir ayuda es percibido como una demostración de debilidad, reconocer el sufrimiento también puede sentirse como un fracaso.

Así, aquello que podría expresarse mediante una conversación termina canalizándose de otras formas: silencio, enojo, hiperactividad laboral o alcohol, entre otras posibilidades.

Timidez y depresión, a veces están vinculadas. Foto Shutterstock.

Los especialistas aclaran que estos datos surgen de promedios poblacionales y que existen enormes diferencias según la edad, la cultura y las circunstancias personales. Por lo tanto, no permiten diagnosticar a una persona simplemente observando su comportamiento.

El dato más preocupante: la diferencia en las tasas de suicidio

Existe, sin embargo, un indicador que preocupa especialmente a los investigadores.

En numerosos países, los hombres mueren por suicidio entre tres y cuatro veces más que las mujeres, pese a que las mujeres reciben más diagnósticos de depresión y registran más intentos de suicidio. Esta aparente contradicción es conocida por los investigadores como la “paradoja de género” del suicidio.

Una revisión publicada en 2022 por Laura Griffin y otros investigadores, centrada en la relación entre masculinidad y pensamientos suicidas, señala entre los posibles factores la menor tendencia masculina a comunicar el sufrimiento y una transición más rápida, en algunos casos, entre la ideación suicida y la acción.

Los hombres mueren por suicidio entre tres y cuatro veces más que las mujeres. Foto Shutterstock.

No existe una única explicación para el suicidio y los especialistas insisten en evitar generalizaciones. Pero la magnitud sostenida de esa diferencia convierte la detección temprana del malestar en una cuestión relevante.

Las señales que conviene no ignorar

El objetivo no es transformar cualquier cambio de conducta en una señal de alarma automática. Sí prestar atención cuando determinadas modificaciones son persistentes o aparecen simultáneamente.

Entre las conductas que pueden justificar una conversación o una consulta profesional se encuentran:

  • Irritabilidad o ataques de ira que antes no eran habituales.

  • Mayor consumo de alcohol u otras sustancias.

  • Conductas riesgosas o autodestructivas.

  • Refugiarse excesivamente en el trabajo o las obligaciones.

  • Aislarse o perder interés por actividades habituales.

  • Evitar sistemáticamente hablar sobre cómo se siente.

Mayor consumo de alcohol u otras sustancias puede ser una señal de infelicidad. Foto ilustrativa Shutterstock

La evidencia disponible no sostiene que esos comportamientos permitan diagnosticar depresión por sí mismos. Lo que plantea es algo más sencillo: la infelicidad profunda no siempre tiene el aspecto que imaginamos.

Y justamente allí reside el riesgo. Cuando el sufrimiento se disfraza de enojo, trabajo o silencio, puede pasar inadvertido durante mucho más tiempo, incluso para la propia persona que lo está atravesando.