Una maniobra imprudente en el tránsito. Un compañero de trabajo que responde de mala manera. Una crítica inesperada o un comentario fuera de lugar. A veces alcanza con unos pocos segundos para que una situación desagradable permanezca dando vueltas en la cabeza durante el resto del día.

Para el psicólogo Rafael Santandreu, sin embargo, el comportamiento de la otra persona explica solamente una parte de ese malestar. La otra aparece después, cuando internamente se instala una exigencia difícil —por no decir imposible— de cumplir: esperar que todas las personas nos traten bien todo el tiempo.

El especialista considera que cambiar esa interpretación puede ayudar a reducir la frustración y fortalecer la estabilidad emocional. Y plantea una afirmación que, a primera vista, puede resultar provocadora: “No necesitas que todo el mundo te trate bien todo el tiempo”. No sólo porque conseguirlo sería imposible, sino porque tampoco sería garantía de felicidad.

La expectativa que puede convertir un mal momento en un mal día

Santandreu identifica una creencia que considera especialmente perjudicial: pensar que “todo el mundo me debe tratar bien todo el tiempo”.

El problema aparece cuando un deseo razonable —querer ser respetado— se convierte en una exigencia. A partir de allí, cualquier comportamiento desagradable puede interpretarse como algo intolerable.

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Por qué la psicología es tan importante en la vida cotidiana

Los ejemplos abundan en la vida cotidiana. Alguien puede conducir de manera imprudente y provocar una discusión; un compañero puede mostrarse desconsiderado en el trabajo; o un comentario desafortunado puede despertar enojo y permanecer durante horas en la cabeza de quien lo recibió.

Según el psicólogo, el episodio inicial existe y puede resultar molesto, pero después entra en juego el diálogo interno. La persona comienza a repasar lo ocurrido, indignarse nuevamente y pensar que aquello jamás debería haber sucedido.

Santandreu propone discutir justamente esa segunda parte: “No necesitas que todo el mundo te trate bien todo el tiempo”, insiste, entre otras razones porque conseguirlo “es absolutamente imposible”.

Pelea de pareja, muy habitual Foto: Pexels

“Ni siquiera a la Reina Letizia le trata bien todo el mundo”

Para demostrar hasta qué punto considera irreal esa expectativa, Santandreu utiliza como ejemplo a una persona con una posición privilegiada y enorme exposición pública.

“Ni siquiera a la Reina Letizia le trata bien todo el mundo todo el tiempo”, señala.

La idea es sencilla: ninguna posición económica, profesional o social permite eliminar por completo las críticas, los desacuerdos o las personas desagradables. Pretender conseguirlo supone establecer como condición para estar bien algo que depende, precisamente, del comportamiento de los demás.

Pero el psicólogo lleva el razonamiento todavía más lejos. ¿Qué ocurriría si realmente fuera posible rodearse exclusivamente de personas amables y complacientes?

“Si sucediese eso, tampoco nos daría la felicidad; nos aburriría”, afirma.

Según explica, tarde o temprano surgiría la necesidad de relacionarse con personas más espontáneas, capaces de expresar opiniones propias aunque algunas resulten incómodas.

El trabajo es un ambientes donde las formas de decir las cosas pueden ser incómodas.

Qué es la “perfeccionitis” y por qué puede aumentar la frustración

Santandreu relaciona esa necesidad de aprobación con lo que denomina “perfeccionitis”: la tendencia a pretender que las circunstancias y las relaciones respondan exactamente a las propias expectativas.

El inconveniente es que cuanto más rígidas son esas condiciones, más sencillo resulta que algo las incumpla.

En las relaciones personales, por ejemplo, esperar respeto es razonable. Otra cosa es convertir el comportamiento correcto de los demás en una condición indispensable para conservar el equilibrio emocional.

Aceptar esa diferencia tampoco significa tolerar abusos, permanecer en vínculos perjudiciales o renunciar a poner límites. El planteo consiste en evitar que la conducta de otra persona adquiera automáticamente el poder de determinar el propio estado de ánimo.

La frase que recomienda repetir ante un conflicto

¿Cómo llevar esa idea a una situación concreta? Santandreu propone modificar conscientemente la interpretación que aparece después del episodio.

El psicólogo Rafael Santandreu desarrolla el concepto de "perfeccionitis'.

Ante un desplante, una crítica o una mala contestación, recomienda reconocer que la experiencia resultó desagradable sin transformarla en una catástrofe.

La frase que propone es deliberadamente sencilla: “No me ha gustado, pero no es el fin del mundo”.

No se trata de negar el enojo, sino de dimensionarlo. La persona puede decidir responder, alejarse, marcar un límite o intentar solucionar el conflicto, pero sin continuar alimentándolo mentalmente durante horas.

Peleas familiares. Conflictos familiares. Pareja. Foto Shutterstock.

Para Santandreu, aprender a convivir con la imperfección ajena forma parte de la fortaleza emocional. Siempre existirán críticas, desacuerdos y personas capaces de actuar injustamente. La diferencia está en cuánto poder se les concede.

Porque aspirar a recibir un trato respetuoso es lógico. Necesitar que absolutamente todos lo proporcionen, en cambio, transforma una preferencia saludable en una batalla imposible de ganar.