En el universo del vidrio artesanal hay quienes dominan la técnica tradicional y quienes, además, se atreven a desafiar sus límites físicos. David Gibernau pertenece a esta última especie.
Formalmente jubilado, el maestro vidriero catalán sigue respondiendo al llamado de los desafíos imposibles: desde la monumental estrella que corona la Torre de la Virgen María en La Sagrada Familia hasta la reciente y efímera intervención para la Casa Batlló junto a HBO.
El vínculo de Gibernau con el vidrio corre por sus venas. Su padre, que había trabajado en la cooperativa del vidrio de Mataró, soplando lamparitas, montó un taller de aberturas junto a un socio.
David Gibernau y la estrella que corona La Sagrada Familia
A los 17 años, en medio de la crisis económica de fines de los 70 y tras abandonar sus estudios de informática, David ingresó en aquel taller paterno para aprender el oficio del vidrio plano. "Esto de vivir en la sopa boba, ni hablar. Aquí hay que colaborar y ayudar", repite en voz alta las palabras de su padre.
Con el tiempo, en 1982, ambos se asociaron para dar origen a Tot Vidre (todo vidrio, en catalán).
Sin embargo, el mero hecho de colocar ventanas o espejos resultaba insuficiente para su inquietud. Así, comenzó a explorar el grabado y el matizado.
Gibernau se mudó a un espacio industrial en Mataró, donde trabajaba y vivía. El horno le servía para calefaccionar el ambiente durante el invierno. Allí, durmiendo al lado de los procesos de cocción, empezó a experimentar e investigar.
Esa etapa de experimentación derivó en inventos que rindieron comercialmente: patentó el proceso para fabricar lavamanos de vidrio de una sola piezas, así como escalones monolíticos. La producción cobró una escala insospechada, alcanzando los 300 lavabos mensuales distribuidos en toda España e incluso exportados a Japón.
Cuando ese mercado mutó, viró hacia marcos de espejo termoformados y posteriormente hacia la técnica del fusing (vitrofusión). "O te mueves o te mueres", reflexiona sobre esa capacidad de adaptación constante.
El gran salto: la estrella de Gaudí
El recorrido de Gibernau estuvo signado por la capacidad de resolver lo que otros consideraban inviable. Tras la realización del Crist de Fluvià, un imponente retablo de vidrio de 8,50 metros de alto por 6,50 de ancho para la iglesia de Báscara ("una de las obras que más orgullo me da", dice), su nombre comenzó a resonar en proyectos de alta complejidad.
Crist de Fluvià, retablo en la iglesia de Báscara (Girona).
"Como yo nunca digo que no y creo que todo se puede hacer, pues nos liamos y lo hicimos", relata.
A través de colaboraciones técnicas con firmas multinacionales, Gibernau desarrolló piezas complejas de gran formato para proyectos de arquitectura internacional, incluyendo componentes termoformados para Rafael Moneo en la Universidad de Princeton, un hotel en Pekín y el restaurante Enigma de Albert Adrià en Barcelona.
Su llegada a la obra cumbre de Antoni Gaudí se gestó tras ser convocado para realizar muestras en la Torre de Jesucristo. Aunque en aquella instancia la licitación inicial recayó en una propuesta de vidrio común esmaltado, las pruebas a tamaño real sufrieron fracturas por shock térmico.
Gibernau ya lo había advertido desde el concepto mismo del material: "La Sagrada Familia no merece unos vidrios pintados, merece vidrios que sean de colores".
Así, cuando la Junta Constructora del Temple Expiatori de la Sagrada Família requirió al especialista para la cúspide de la Torre de la Virgen de María, el encargo recayó directamente en él. "La Sagrada Familia necesitó un vidriero para hacer los vidrios de la estrella ya no competí contra nadie, me llamaron directamente", recuerda.
El montaje de la estrella - Foto: Fundación Antonio Gaudí
Ubicada a 138 metros de altura, la icónica estrella de 12 puntas exigió un desarrollo meticuloso que demandó más de un año y medio de pruebas. Gibernau diseñó una textura orgánica especial para la superficie del vidrio que debía sintetizar la poética gaudiniana.
Una vez producidos los vidrios texturados en su taller, se procedió al laminado con dos capas de vidrio adicionales para otorgarle características estructurales de máxima seguridad, superando ensayos de impacto de hasta 100 kilos. "Esa fue primera obra pública que va a pasar a la historia grande", reconoce.
Anatomía de una joya arquitectónica
Inaugurada en diciembre de 2021, la estructura que corona la Torre de la Virgen María en la Sagrada Familia es una obra monumental de 5,5 toneladas y 7,5 metros de diámetro. Concebida originalmente por Antoni Gaudí como el elemento central de iluminación del cimborrio, su concreción requirió una síntesis perfecta entre geometría compleja e ingeniería contemporánea.
Su morfología parte de un núcleo en forma de dodecaedro regular del que emergen 12 pirámides de base pentagonal. En cuanto a la materialidad, combina paneles de vidrio texturizado con una estructura de aristas de acero inoxidable, configurada para resistir ráfagas de viento extremas y grandes impactos.
En la cima de la segunda torre más alta del templo, la pieza funciona como un faro dual: durante el día captura y refleja la luz solar, mientras que de noche se enciende desde su interior para proyectar un brillo constante sobre la ciudad.
El Dragón de Gaudí y la Casa Batlló
La repercusión de la estrella de la Sagrada Familia posicionó a Gibernau como el referente indiscutido para intervenciones de alta visibilidad. A principios de año, la plataforma HBO lo contactó "porque querían relacionar Gaudí con La Casa del Dragón".
La obra efímera que se pudo ver a fines de junio en la Casa Battló - Foto: HBO
El reto principal residió en los plazos de ejecución: los dibujos definitivos fueron entregados a fines de mayo, dejando un margen de apenas dos semanas previas a la fecha límite fijada para el 17 de junio.
"Ya no nos da tiempo a hacer una vidriera emplomada convencional. Tenemos que inventar otra cosa", les planteó en ese momento. Imposibilitado de realizar el vitral en ese lapso, Gibernau diseñó un recurso de ilusionismo técnico: un trampantojo.
Utilizó vidrios laminados enteros con impresión digital en el dorso y aplicó plomo adhesivo en el frente para simular las tramas de la emplomadura artesanal. .
Innovación técnica y legado
A lo largo de su trayectoria, Gibernau combinó el conocimiento de la tradición artesanal con el desarrollo de soluciones de ingeniería propias. En proyectos de gran escala desarrolló metodologías para ensamblar y soldar planchas de vidrio artesanal de gran tamaño minimizando las tensiones internas para evitar fracturas espontáneas.
"Una de las cosas que me aseguro es de que el vidrio no esté tensionado por ningún sitio. Porque si lo está, más pronto o más tarde se rompe. Es cuestión de tiempo".
Gibernau armando la lámpara votiva de más de 600 piezas.
Su espíritu colaborativo también se refleja en piezas institucionales como la Lámpara Votiva de Montserrat. Confeccionada junto a la artesana Neus Quintas, su actual compañera, para conmemorar los 1000 años del Monasterio de Montserrat, integra más de 600 elementos de vidrio en representación de los municipios catalanes.
Aunque formalmente retirado de la actividad comercial (que continúa a cargo de su hermana y un equipo reducido), David mantiene su vínculo con el oficio a través del asesoramiento técnico y la resolución de encargos singulares.
"No me voy a quedar en casa mirando la tele ni sentado en el sofá. Siempre estoy haciendo cosas porque eso es lo que me gusta, encontrar la manera de solucionar problemas", concluye en una calurosa tarde del verano catalán.
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