Es habitual señalar el estrés o una mala postura en el trabajo como culpables de algún dolor en concreto: “Me duele el cuello” o “Qué dolor de espalda”. Sin embargo, según el osteópata Quim Vicent, es un error poner el foco en lo que duele y no en el porqué duele. “El dolor nos indica dónde mirar, pero no siempre nos explica qué está ocurriendo”.
Vicent, que también es fisioterapeuta, neuropsicoinmunólogo y posturólogo y autor de Aprende a escuchar tu cuerpo (Integral), explica a La Vanguardia por qué la clave está en analizar cómo se mueve la persona, cómo descansa, cómo se alimenta, cómo gestiona el estrés y qué es eso que está condicionando su estado de salud.
¿Qué dolencias son más habituales entre quienes pasan gran parte de la jornada sentados?
El dolor cervical, lumbar, las sobrecargas en los hombros, las cefaleas tensionales o la sensación de piernas pesadas. Pero mi experiencia me dice que el verdadero problema no suele ser dónde duele, sino por qué el cuerpo ha llegado a ese punto.
El dolor cervical, lumbar, las sobrecargas en los hombros, las cefaleas tensionales o la sensación de piernas pesadas. Foto: IG/quimvicentsardinero
¿Qué es lo que le ocurre al cuerpo?
Nuestro organismo puede adaptarse y compensar durante años una mala postura, el estrés, la falta de descanso o un exceso de carga física. Y el dolor suele aparecer cuando esa capacidad de adaptación empieza a agotarse. Esa es la forma que tiene el cuerpo de decirnos que ya no puede seguir así.
¿Qué hábitos o posturas durante el trabajo suelen provocar más molestias?
Lo que perjudica más es permanecer demasiado tiempo haciendo siempre lo mismo. El cuerpo está diseñado para moverse y adaptarse continuamente. Cuando pasamos horas inmóviles, sentados o de pie, perdemos esa capacidad de movimiento y empiezan a aparecer compensaciones. Pero también influye mucho cómo vivimos fuera del trabajo. Una persona que duerme bien, se recupera correctamente y sabe gestionar el estrés tolerará mucho mejor las exigencias de su jornada que otra con el mismo puesto, pero con un organismo ya sobrecargado.
¿Qué dolores o tensiones físicas puede provocar el estrés laboral?
El estrés suele reflejarse en el cuello, la mandíbula, los hombros, la espalda o incluso en problemas digestivos y respiratorios. Pero no solo tensa los músculos, también cambia la forma en que respiramos, descansamos, nos movemos y nos recuperamos. Muchas personas creen que tienen un problema de espalda cuando, en realidad, lo que tienen es un organismo que lleva demasiado tiempo funcionando en modo supervivencia. Cuando entendemos eso, dejamos de tratar únicamente el síntoma y empezamos a buscar el origen.
¿Las emociones durante la jornada pueden repercutir en la salud física? Foto: IG/quimvicentsardinero
¿Las emociones durante la jornada pueden repercutir en la salud física?
Cada emoción tiene una respuesta física. Todos hemos sentido alguna vez un nudo en el estómago, presión en el pecho o tensión en el cuello después de un mal día. El cuerpo guarda memoria de cómo vivimos y, si esa tensión emocional se mantiene durante semanas o meses, acaba convirtiéndose también en una tensión física. Por eso, escuchar al cuerpo también significa escuchar cómo estamos viviendo.
¿Cuál suele ser el origen de las dolencias que terminan volviéndose crónicas?
Las lesiones crónicas rara vez tienen una única causa. Normalmente son el resultado de muchos pequeños factores que se van acumulando: estrés, sedentarismo, falta de descanso, sobrecarga física, mala alimentación o simplemente no haber escuchado las señales que el cuerpo llevaba tiempo enviando. Que a alguien le duela algo de “de repente” casi nunca es posible. El cuerpo llevaba meses, e incluso años, intentando adaptarse.
¿Qué recomendaría a un trabajador que sufre dolor cervical de manera recurrente?
Lo primero sería dejar de mirar únicamente el cuello. Hay que entender cómo vive esa persona. Antes de decidir cualquier tratamiento, necesitamos comprender cómo está funcionando esa persona en su conjunto, porque muchas veces el problema no está donde aparece el dolor.
¿Y qué debería hacer alguien que termina casi todos los días con dolor lumbar o de espalda?
No normalizarlo. Muchas personas acaban pensando que es “lo normal” porque trabajan muchas horas o porque tienen una determinada edad. Yo creo que el dolor nunca debería convertirse en algo habitual. El primer paso es entender qué está intentando decirnos el cuerpo y después corregir las causas que mantienen ese problema, no solo aliviar la molestia.
El primer paso es entender qué está intentando decirnos el cuerpo y después corregir las causas que mantienen ese problema. Foto: IG/quimvicentsardinero
¿Los masajes pueden solucionar estos problemas o únicamente proporcionan un alivio temporal?
Los tratamientos manuales son una herramienta muy valiosa, pero no hacen milagros. Pueden aliviar el dolor, mejorar la movilidad y ayudar al organismo a recuperar su equilibrio. Ahora bien, si la persona vuelve cada día al mismo nivel de estrés, a la misma falta de descanso o a los mismos hábitos, probablemente el problema volverá. Siempre digo que tratar el dolor sin entender por qué aparece es como apagar la luz de aviso del coche sin revisar el motor.
¿Qué pequeños cambios podrían introducirse durante la jornada para prevenir la aparición de dolor?
Moverse más. Parece una recomendación muy sencilla, pero probablemente sea una de las más importantes. Levantarse cada cierto tiempo, caminar unos minutos, cambiar de postura, respirar profundamente, hidratarse y hacer pequeñas pausas activas ayuda mucho. También creo que las empresas tienen un papel fundamental. Cuidar la salud de un equipo no consiste únicamente en reducir bajas laborales, sino en ayudar a que las personas mantengan durante años su capacidad física, mental y emocional.
¿Hasta qué punto pueden ayudar el deporte o los estiramientos fuera del horario laboral?
El deporte ayuda a reducir el dolor, pero no podemos pensar que una hora de ejercicio no compensa diez horas de sedentarismo, estrés o falta de descanso. Cada persona necesita un plan diferente y, para saber cuál es el adecuado, primero hay que conocer su punto de partida.
¿Qué mensaje compartiría a las personas que normalizan el dolor o el cansancio porque creen que “es la edad”?
Que tendemos a atribuir muchas molestias al paso del tiempo cuando, en realidad, no deberían formar parte de un envejecimiento saludable. Lo primero es hacer una valoración global y analizar cómo se mueve la persona, cómo descansa, cómo se alimenta, cómo gestiona el estrés y qué factores pueden estar condicionando su estado de salud. La verdadera longevidad no consiste en vivir más años, sino en vivirlos con salud, autonomía y calidad de vida.
Anna Rodríguez Hurtado
Todavia no hay comentarios aprobados.