Los juguetes sensoriales construyeron toda una nueva categoría: en los últimos años se multiplicaron los squishies, slimes y masas de distintas texturas. Se consiguen en los más diversos formatos y presentaciones, tanto en jugueterías como supermercados, bazares o kioscos y muchas veces a precios accesibles. Sin embargo, un juguete “viral” encendió las alarmas por tener una sustancia tóxica asociada a riesgos para la salud y puso el foco en la seguridad de estos productos. Qué recomiendan especialistas y qué mirar antes de comprarlos.
Los squishies son pequeños juguetes blandos y “estrujables”, fabricados con materiales plásticos flexibles que recuperan su forma original luego de ser apretados. Junto con el slime y una amplia variedad de masas moldeables, se convirtieron en un entretenimiento habitual para chicos y adolescentes. Sus texturas suaves y fácil manipulación explican parte de su éxito, al punto que los “talleres de slime” resultan una actividad frecuente en cumpleaños y encuentros infantiles.
“A los juguetes sensoriales, como a todos los juguetes, se les realizan ensayos físico-mecánicos, de rotulado y de migración de metales pesados y sustancias químicas, además de otros controles específicos según las características de cada producto (entre ellos, de ftalatos si tienen partes flexibles de PVC)”, explica a Clarín Matías Furió, presidente de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ).
La detección de altos niveles de benceno en un lote de Squeeze Dumpling encendió las alertas sobre los juguetes sensoriales. Foto: Adobe Stock.
Además, indica que desde el año pasado comenzaron a aceptarse normas y estándares internacionales de países de alta vigilancia, como Estados Unidos y los integrantes de la Unión Europea (en lugar de exigir la documentación de seguridad en frontera antes de liberar la mercadería). Esto implicó que, cuando los Squeezy Dumpling fueron denunciados en Reino Unido “por contener benceno en concentración cuatro veces superior al límite legal en su capa exterior (20 mg/kg sobre un límite de 5 mg/kg)”, “la Cámara replicó ese criterio localmente y presentó la denuncia ante Defensa del Consumidor” para evitar riesgos en la salud de los consumidores.
El benceno y el caso de los Squeezy Dumpling falsificados
Para Gabriel Arcidiacono, jefe de Toxicología Clínica del Hospital de Clínicas, “los Squeezy Dumpling falsificados son un buen ejemplo reciente y concreto de cómo una sustancia del grupo 1 de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), el benceno, puede llegar a la población general a través de productos de consumo”.
El doctor explica a Clarín que “el benceno es una sustancia tóxica y cancerígena que puede irritar ojos, nariz y garganta, y con el tiempo se relaciona con leucemia y otros cánceres”. Otras sustancias y agentes cancerígenos que pertenecen al mismo grupo que el benceno, son el tabaco, el alcohol, las radiaciones UV, el aire contaminado y el asbesto, entre otras.
Las versiones falsas de los juguetes Squeezy Dumpling contenían benceno en niveles mucho más altos de lo permitido. Sumado a esto, se generó una tendencia en redes sociales que alentaba a calentarlos en el microondas, algo que aumenta el riesgo: “El peligro de hacerlo es que el juguete puede derretirse y soltar químicos tóxicos que se pueden inhalar o causar quemaduras graves”.
"Calentarlos en el microondas aumenta el riesgo", dice Gabriel Arcidiacono. “El peligro es que el juguete puede derretirse y soltar químicos tóxicos". Foto: ilustración Adobe Stock.
Qué riesgos observan los pediatras con los squishies y el slime
Desde la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), ponen el foco en que un juguete debe potenciar el desarrollo sin descuidar la integridad física. Las doctoras María Florencia Barril y Adela Armando, del Comité Nacional de Prevención de Lesiones, advierten sobre la falta de transparencia en algunos de estos productos virales.
“Lo que nos preocupa como pediatras es que, detrás de una moda muy atractiva para niños y adolescentes, puede haber productos que no tienen un fabricante claramente identificable, carecen de información sobre su composición o están destinados a edades diferentes de las del niño que los utiliza”. Por ejemplo, los menores de 3 años exploran los objetos llevándolos a la boca y cualquier pieza pequeña que pueda desprenderse constituye un potencial riesgo de atragantamiento o aspiración.
En menores de 3 años, cualquier pieza pequeña que pueda desprenderse constituye un potencial riesgo de atragantamiento o aspiración. Foto: ilustración Adobe Stock.
Barril y Armando aclaran que “los squishies y otros juguetes blandos para apretar pueden formar parte del juego y no necesariamente ser peligrosos”. Sin embargo, “algunos de estos juguetes pueden romperse, perder su contenido o desprender pequeñas partes”.
En esa línea, insisten en la importancia de supervisar el juego de los niños pequeños y retirar un juguete roto, abierto, con pérdida de contenido o que presente cambios en su estructura.
Juguetes inseguros o peligrosos: cuáles son las señales de alerta
Para Barril y Armando, las pediatras consultadas, existen varias señales de alerta que deberían hacer que una familia deje de utilizar inmediatamente el producto. “La primera es física: si el juguete se rompe, se abre, pierde líquido o gel, se desprenden partes o cambia su consistencia, debe retirarse”.
"Si el juguete se rompe, se abre, pierde líquido o gel, se desprenden partes o cambia su consistencia, debe retirarse”. Foto: ilustración Adobe Stock.
La segunda señal tiene que ver "con el propio producto: un olor químico fuerte o inusual, la ausencia de fabricante o importador identificable, instrucciones insuficientes o un etiquetado deficiente son motivos para desconfiar".
Otro de los indicadores de riesgo tiene que ver con la observación del niño: si después de manipular el producto aparecen irritación o enrojecimiento de la piel, molestias en los ojos, náuseas, vómitos o síntomas respiratorios, es preciso suspender el contacto y consultar a un servicio de salud o centro de toxicología si los síntomas persisten.
En cuanto a la compra, Arcidiacono aconseja extremar los recaudos ante productos de origen dudoso. “Se recomienda a los padres no usarlos en el caso de no estar 100% seguros de que son originales y cumplen con las normas”. Según explica, muchos de los artículos cuestionados presentaban fallas evidentes de etiquetado: ausencia de número de lote, falta de identificación del importador, ausencia de advertencias de seguridad e instrucciones insuficientes sobre qué hacer si el juguete se rompe.
Para el toxicólogo, “un producto seguro debe tener el logo del fabricante original, nombre y dirección de un importador, instrucciones claras de seguridad (especialmente qué hacer si se rompe) y nunca deben ser calentados en el microondas”.
El mensaje de las pediatras va en la misma línea: “No se trata de prohibir los juguetes sensoriales, sino de garantizar que sean seguros, adecuados para la edad, el desarrollo y utilizados de la manera indicada. La prevención comienza antes de que el juguete llegue a las manos del niño”.
“No se trata de prohibir los juguetes sensoriales, sino de garantizar que sean seguros", dicen Barril y Armando. Foto: ilustración Adobe Stock.
Qué controles deben cumplir los juguetes en la Argentina
Para los especialistas, la clave de la seguridad de un juguete está en la trazabilidad: la posibilidad de identificar quién lo fabricó o importó, qué controles atravesó y qué documentación respalda su comercialización.
Matías Furió, presidente de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ), advierte que “la normativa argentina exige que todo juguete comercializado en el país apruebe los ensayos de seguridad correspondientes y cuente con Documentación de Conformidad, ya sea un Certificado de Seguridad o un Informe de Ensayo emitido por un laboratorio acreditado”. Los controles incluyen la fijación de los límites de ftalatos y otras sustancias químicas permitidas en los juguetes que los chicos manipulan o podrían llevarse a la boca.
La clave de la seguridad de un juguete está en la trazabilidad: la posibilidad de identificar quién lo fabricó o importó. Foto: ilustración Adobe Stock.
Una de las herramientas para verificar esa información es el nuevo Marcado de Conformidad (que reemplazó al histórico logo de la “S”). El sello incorpora un código QR que permite acceder a la Declaración Jurada de la empresa responsable de la comercialización y a la documentación que acredita que el producto cumplió con las pruebas exigidas.
El envase debe incluir los datos del fabricante o importador, información de contacto, advertencias de seguridad y las instrucciones correspondientes en castellano. Furió agrega que, cuando un producto exhibe además el sello “Juguete Seguro”, la documentación local y extranjera fue evaluada por el laboratorio de la CAIJ. Además, se puede ingresar al Observatorio del Juguete (observatorio.caij.org.ar), donde figuran los productos observados en el mercado local y los retiros informados en países de alta vigilancia.
Desde la CAIJ, señalan el sello con código QR que permite acceder a la Declaración Jurada de la empresa responsable.
Eso sí, "ante cualquier duda o sospecha (por ejemplo, si tiene olor intenso a solvente), la recomendación es desecharlo en doble bolsa de residuos con una indicación de que se trata de un residuo tóxico, junto con la basura normal (no reciclable), sin quemarlo, cortarlo ni desecharlo en inodoros, piletas o alcantarillas”. Además, existe un formulario para reportar lesiones asociadas al uso de juguetes, armado en conjunto con la SAP (observatorio.caij.org.ar/denunciar/reporte-de-lesiones-asociadas-al-uso-de-juguetes).
Como coinciden pediatras y representantes del sector de los juguetes, “el juguete correcto no es el más caro ni el más tecnológico. Es el que se adapta a quién va a jugar con él”.
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