En la madrugada del 10 de agosto,con el lema “Ponete la camiseta”, comenzó a difundirse un video que recurre a la épica del Mundial para convocar a la Jornada Federal de Protesta lanzada en defensa de la ciencia para el miércoles 12. Fútbol, soberanía y ciencia también se sumergen en los complejos sentidos que estallaron con la acción que se plasmó en la foto de tres jugadores sosteniendo una bandera con el texto “Las Malvinas son argentinas” difundida mundialmente.

Los jugadores argentinos sostienen una bandera que dice: "Las Malvinas son Argentinas" tras ganarle a Inglaterra en las semifinales del Mundial de fútbol de 2026. Foto: Juano Tesone.

Una imagen, dicen, vale más que mil palabras. Pero una imagen también comprime palabras y significados, incluso contradictorios. Y eso sucedió con la fotografía en la que el “trapo” asumiría el lugar de un estandarte o de una bandera. Los objetos en los que se deposita la nación pueden ser, en principio, endebles, postula la historiadora del arte peruana Natalia Majluf. Su derrotero, su historia posterior, nutren sus significados o los sumen en el olvido.

La historia de esta imagen construyó una épica que se fue expandiendo en distintos campos. A la bandera se la llamó “trapo”, lo que degradaba su relevancia pero expandía sus consecuencias y alimentaba la idea de que con poco, podía hacerse mucho. Exaltabala fuerza de lo precario, de lo improvisado, frente al resultado de la gran producción. Es la ética y la estética de El Eternauta, en la que lo viejo funciona.

El Eternauta. Foto de prensa gentileza Netflix.

Mientras los argentinos mirábamos atónitos y exaltados las imágenes en tiempo real en la televisión, en los chats comenzó a circular la foto en picada de una multitud cubierta por una bandera con la frase “Senadores, no vendan la Argentina”, escrita en la tipografía del trapo. Se refería a la sesión del 16 de julio cuando se debatiría la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Un debate que fue pospuesto para el 16 de agosto por no contarse con los votos necesarios y que culminó en fracaso cuando varios de sus artículos fueron derogados antes de la sesión.¿Una frase escrita con una brocha, a mano, sobre una sábana, podría detener una ley?

Tal tipografía artesanal fue estandarizada por Juan Manuel Pelillo, diseñador argentino que vive en Barcelona, en la tipografía Malvinas Sans, para crear una herramienta. Las letras le recordaron a las usadas en la tapa del Nunca Más. Estandarizar y liberar la tipografía permitiría que la letra no muriese en la foto. Los carteles que se pegaron en las calles convocando a la marcha que acompañó la sesión del 16 de agosto, las comunicaciones que se distribuyeron en las redes, las consignas que se acuñaron, usaron la nueva tipografía.

Ponete la camiseta, imagen para el llamado a la Marcha por la ciencia y la educación.

Mucho se ha escrito sobre el vocabulario del presidente, pero poco se ha analizado el repertorio de imágenes que difunde degradando a políticos, periodistas, artistas y ciudadanos. Pero sus imágenes no actúan solas. Como en este caso, el azar gestó una representación cuyos sentidos estuvieron inicialmente en disputa. Así funcionan las imágenes, como el continente de un capital simbólico en disputa en el que unos sentidos se imponen sobre otros. Existe una batalla de imágenes que enfrenta las oficiales con las que encarnan la disidencia.

Por el momento, la visualidad que se gestó en el mundial sigue activándose en convocatorias como las que resiste la incomprensible desfinanciación de la ciencia y la investigación. Lo que se acumuló simbólicamente desde la foto mundialista se traduce ahora en una performance en la que los científicos se ponen la camiseta e imitan los gestos de los jugadores. Convocan a defender la ciencia con el sentido épico del mundial.

Ni las imágenes ni las obras de arte tienen el poder de cambiar la situación política de un país. Pero pueden condensar tramas de sentidos que encuentran en ellas una forma inmediata de comprensión. No tienen el poder de cambiar la historia, pero, sin duda, tienen el poder de intervenir en sus sentidos.

Andrea Giunta es Doctora en Filosofía y Letras con especialización en Historia del Arte e investigadora superior del Conicet