Muchas personas creen que las relaciones profundas se construyen hablando. Conversaciones largas, confesiones, risas y palabras de apoyo suelen aparecer como la base de la confianza. Sin embargo, algunos especialistas sostienen que existe una prueba todavía más difícil de superar.

Permanecer varios minutos en completo silencio con otra persona, sin mirar el teléfono, sin hacer un comentario para romper la tensión y sin sentir la necesidad de escapar de ese momento, puede revelar un nivel de intimidad que pocas relaciones alcanzan.

En un ensayo publicado por Get The Empire File, el autor plantea que el silencio compartido es una de las formas más sinceras de conexión. "Si una persona puede sentarse contigo en completo silencio sin que ninguno de los dos intente usar el teléfono, contar un chiste o buscar una salida, lo que tienen puede que no sea incómodo. Puede que sea una forma poco común de confianza", escribe.

Por qué el silencio suele resultar incómodo

"El silencio entre dos personas es la conversación más honesta que pueden tener. Las palabras siempre llevan intención, estrategia o interpretación. El silencio elimina todo eso y deja una sola pregunta: ¿podés estar completamente presente junto a esta persona sin necesitar un escudo?", sostiene.

Según el autor, gran parte de esa incomodidad no proviene del silencio en sí, sino de la cultura en la que vivimos. Estamos acostumbrados a llenar cualquier pausa con música, notificaciones, conversaciones o pantallas. Cuando aparece un momento de quietud, la reacción automática suele ser evitarlo.

Compartir el silencio sin sentir incomodidad es una señal de seguridad emocional poco frecuente. Foto: Freepik

"Agarramos el teléfono, hacemos un chiste o hablamos del clima. No son decisiones espontáneas: muchas veces son conductas de evitación", afirma.

Las investigaciones citadas en el ensayo indican que las personas desarrollan estrategias para escapar de las situaciones que generan una pequeña cuota de ansiedad. Cada vez que llenan ese silencio, refuerzan la idea de que permanecer callados representa un peligro, aunque en realidad no sea así.

El artículo también explica que, cuando dos personas logran permanecer juntas en calma, ocurre un fenómeno conocido como corregulación. El sistema nervioso de una ayuda a estabilizar el de la otra, disminuyen los niveles de estrés y aparece una sensación de seguridad que no necesita palabras. "Los adultos seguimos necesitando sentir que estamos seguros. Simplemente nos olvidamos de ello", resume el autor.

La confianza también se demuestra cuando no hace falta decir nada

El ensayo sostiene que una relación donde el silencio resulta cómodo logró atravesar varias etapas psicológicas importantes. La primera es la intimidad emocional: la certeza de que uno puede mostrarse vulnerable sin miedo al rechazo. La segunda consiste en dejar de actuar para impresionar al otro.

"Si no podés construir una imagen de vos mismo mediante las palabras y la otra persona igualmente decide quedarse, recibís una de las señales de aceptación más claras que existen", explica.

Una relación en la que el silencio resulta cómodo es porque logró atravesar varias etapas psicológicas importantes. Foto: Freepik

El autor también recuerda que el teléfono se convirtió en la vía de escape más aceptada socialmente. Revisar la pantalla durante un momento de quietud transmite, aunque no sea la intención, el mensaje de que ese silencio resulta insoportable.

En cambio, quien permanece presente sin buscar distracciones comunica algo muy distinto. "Esa persona está diciendo, sin hablar: 'Estoy acá. Esto alcanza'", afirma.

Aprender a convivir con esos momentos, agrega, requiere desarrollar autorregulación emocional. Incluso recomienda practicar primero la quietud en soledad, dejando el teléfono de lado durante algunos minutos, para luego trasladar esa experiencia a una pareja o un amigo cercano.

El autor afirma que el teléfono se convirtió en la vía de escape más aceptada socialmente.

La conclusión del ensayo es que las relaciones más profundas no siempre son las que hablan más.

"La forma más rara de confianza consiste en sentir que no tenés que ganarte el lugar en la atención del otro. Que podés estar ahí, sin decir nada, sin hacer nada y sin interpretar ningún papel, y seguir perteneciendo", escribe.

Y cierra con una idea que resume toda la reflexión: "El silencio no está vacío. Es el sonido de dos sistemas nerviosos que finalmente se ponen de acuerdo en una misma cosa: acá estamos seguros. Podemos dejar de defendernos".