Uno de los principales aspectos a tener en cuenta de las personas es cómo se desenvuelven en grupos sociales, la manera en que charlan y se integran frente a desconocidos. Sin embargo, hay un aspecto más positivo aún que no está tan vinculado con hablar: escuchar. Y de ahí la célebre frase de Diógenes el filósofo cínico: "Tenemos dos oídos y una sola lengua para que podamos oír más y hablar menos".

La capacidad de una persona para escuchar a las demás es algo de lo que el filósofo griego Diógenes de Sinope, ya notaba como una virtud entre los seres humanos.

Y Diógenes, también conocido como "el Perro", notaba en igual proporción que la virtud podía ser un problema, el de saber escuchar, y fiel a su estilo usaba la ironía para exponerlo.

Qué quiso decir Diógenes, el filósofo cínico

La frase del histórico pensador está estrictamente vinculada a la escuela a la que pertenecía: la escuela cínica. Esta tenía como bandera a la libertad y uno de sus principales bastiones era el desapego de lo material.

Esta escuela solía defender la autarquía y la verdad, y utilizaba la ironía como uno de sus grandes mecanismos. Por eso, no llama la atención la acidez de la frase del día.

La ironía era uno de los grandes mecanismos utilizados por Diógenes.

Una leyenda que marca de cuerpo entero la postura que tenía la escuela cínica rememora el día en que Alejandro Magno le ofreció a Diógenes lo que él quisiera y el pensador le pidió que se corriera porque le estaba tapando el sol.

Pero detrás de la cita del día hay una fuerte y profunda crítica a la personalidad de los seres humanos. El filósofo era muy crítico de la vanidad de los intelectuales, de la necesidad imperiosa que tenían por ser reconocidos y de aquellos que imponían su ego.

Por qué es tan valioso el silencio

Para muchos filósofos, el silencio tiene un valor inconmensurable. Tanto metafórica como literalmente, se trata de una actividad que nos permite pensar mejor.

Los filósofos plantean que muchas veces ni siquiera se trata de hacer silencio para escuchar al otro, sino que hay que hacerlo para entender lo que nos ocurre por dentro.

El primer defensor de esto en la filosofía occidental fue Sócrates, quien planteaba silencios y preguntas a las personas y las intentaba hacer reflexionar.