Ya en octubre de 2024, cuando en el mundo hablaba de él como el “milagro que transformaba la economía argentina”, Javier Milei empezó a darle forma a su viaje al Reino Unido. En el máximo de su popularidad, en ese mes de octubre, el Presidente recibió en la Casa Rosada a Boris Johnson quien ya entonces era ex primer ministro. El político conservador estaba promocionando un libro suyo, fue llevado hasta el mítico balcón de la sede de Gobierno y entusiasmó a su anfitrión con organizarle un encuentro en Londres con Mick Jagger.
Fue Milei quien le pidió a Johnson conocer al legendario cantante de los Rolling Stones a quien imitaba años atrás en una banda de covers. Y Johnson se ofreció a gestionar el encuentro, que sería con una visita al Reino Unido que reflotó en diciembre con la entrevista del presidente argentino al Reino Unido y ahora vuelve a reflotar porque tanto el canciller Pablo Quirno como la embajadora Mariana Plaza -a quien le extendió la misión en lugar de enviar a Luis María Kreckler- están abocados a la tarea de organizar ese viaje para su regreso de Israel a fines de abril.
Fuentes diplomáticas contaron que, como había dicho Milei en una extensa entrevista con el diario The Telegraph a fines de año, en ese viaje estaría dispuesto a ver al primer ministro Keir Starmer, un laborista con el que nunca tuvo vínculos, y al líder de la ultraderecha Nigel Farage, fundador del partido Reform UK y quien podría ser un nuevo referente del libertario ahora que Viktor Orban perdió los comicios, perdió la estrella.
El viaje de Milei al Reino Unido es de un camino más áspero que sus siempre cálidas visitas a Jerusalén, donde sólo se reúne con su amigo Benjamín Netanyahu que, en virtud de la alianza privilegiada que han montado, le otorga al argentino privilegios como pocos. Que encienda la antorcha de la ceremonia en el Monte Herzl en día de la Independencia de Israel es uno de los más simbólicos.
Pero con el Reino Unido está la cuestión del conflicto de soberanía de por medio y ello se vio en la frustrada entrevista del canciller Pablo Quirno durante la cumbre de seguridad de Munich, en febrero pasado, con la secretaria de Estado para Asuntos Exteriores y de la Mancomunidad de Reino Unido, Yvette Cooper. Tampoco se abortó la visita de un funcionario del Foreign Office a Buenos Aires por estos días en el marco de la falta de avances de conversaciones con los británicos sobre cómo y cuál sería una agenda concreta de los argentinos en ciertos aspectos.
Otros dos golpes fuertes que serán histórico para la Argentina son, a pesar de los recientes apoyos históricos reiterados ahora por Brasil, Bolivia y Chile, Lula da Silva firmó un estratégico acuerdo con el Reino Unido en todo sentido que da prioridad a la relación en muchas áreas. Fue un golpe a la Argentina. Los chilenos también la tienen.
En Malvinas, una empresa británica y otra de Israel preparan la primera explotación de petróleo comercialmente viable para 2028. Tanto es así que el diario The Telegraph publicó en estos días un extenso artículo titulado “Las Falklands se están convirtiendo silenciosamente en el próximo Dubai”. Comparando su pequeña población con una de las más ricas, aunque austeras del mundo, el influyente periódico recordó que es probable que pronto llegue mucho más dinero. “Un proyecto para extraer petróleo del yacimiento Sea Lion, a 140 millas al norte de las islas, está a punto de comenzar a perforar. Se espera que la producción empiece en 2028, con el gobierno de las Malvinas recibiendo un 9% de los ingresos y un 26% de impuesto sobre las ganancias. Esto podría generar cerca de 3.000 millones de libras en unas décadas, un ingreso extraordinario que se destinaría a crear un fondo soberano. Mientras tanto, Londres no recibe nada.” Y recuerda también que hay entusiasmo con que debajo del suelo malvinense existan riquezas en oro.
El premier Starmer no está dispuesto a permitir que Milei haga con él en el Reino Unido un show con Farage como lo hace con Santiago Abascal, de Vox, en Madrid, que le da tribunas al libertario para incluso insultar a Pedro Sánchez, asunto por el cual tampoco el Rey Felipe VI recibe al jefe de Estado argentino.
Starmer está dispuesto a recibirlo pero los argentinos no dan pista de cuál será la agenda tampoco sobre el diálogo en torno al Atlántico Sur y es allí donde los británicos, gobiernos conservadores o laboristas, son lineales a diferencia de la pendularidad de los argentinos.
Hay varios puntos que Londres pide a Buenos Aires: que reactiven el vuelo semanal de Latam de San Pablo a Mount Pleasant con escala mensual en Córdoba y que sería complementario con el de Santiago, Punta Arenas-Mount Pleasant con escala mensual en Río Gallegos. Y piden también el fin de las sanciones vigentes en la ley -pocas veces aplicadas para las empresas que exploran en las islas- y aceptación de la política pesquera en las islas. Ofrecen, la verdad, muy poco. Que Argentina reanude la última fase del proceso de identificación de los soldados caídos en las islas durante la guerra de 1982.
En todos sus actos por Malvinas, Milei reiteró el reclamo de soberanía argentino. Pero algunas apariciones ha tenido contradicciones al considerar que los isleños serán argentinos cuando así lo deseen, lo que es contrario a la posición argentina que no reconoce el derecho a la autodeterminación que sí anteponen los británicos por las islas.
Pero lo más jugoso y arriesgado con que tentó a Quirno y al presidente Milei la diplomática Plaza, que arriesga su ascenso en el Senado de la Nación al rango de embajadora -lo tiene ahora por estar al frente de la misión pero no es en los hechos embajadora es un acuerdo de comercio entre Argentina y el Reino Unido o en su defecto, un acuerdo de libre comercio con el Mercosur, donde los argentinos deberían trabajar los parámetros del mismo en virtud del conflicto de soberanía sobre las Islas Malvinas, las Islas Georgias y las Islas Sandwich del Sur.
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