El libro Nietzsche (Siglo XXI Editores) reúne los manuscritos hasta este momento inéditos de Michel Foucault sobre Friedrich Nietzsche conservados en los archivos del Fondo Foucault de la Biblioteca Nacional de Francia. Este volumen compila cuatro grupos de documentos: las notas para las clases de un curso sobre Nietzsche que Foucault dictó en el Centro Universitario Experimental de Vincennes en 1969-1970, los apuntes para un curso que el filósofo francés impartió en la State University of New York de Buffalo en 1970, la conferencias que el autor dictó sobre Nietzsche en la McGill University de Montreal y numerosas fichas que Foucault redactó sobre el filósofo alemán desde la década de 1950.

Edgardo Castro, uno de los mayores especialistas en la filosofía foucaultiana de Hispanoamérica y editor de la obra de Foucault en castellano. Foto: Ariel Grinberg.

Edgardo Castro, uno de los mayores especialistas en la filosofía foucaultiana de Hispanoamérica y editor de la obra de Foucault en castellano, conversó con Ñ sobre las particularidades de este nuevo lanzamiento, así como de las relaciones de tensión entre las diferentes interpretaciones del pensador alemán, los diversos usos de la filosofía nietzscheana y la recepción de Nietzsche en un presente atravesado por discursos reaccionarios.

–El libro tiene como subtítulo cursos, conferencias y trabajos sobre Nietzsche, pero son momentos muy diferentes de Foucault, la primera mitad de 1950, 1969, 1970 y 1971. ¿Cómo se organizó el volumen?

–Acá hay dos etapas de la organización del libro. Una es la del editor francés que es Bernard Harcourt. Harcourt tomó como fundamento los cursos de Foucault y después una serie de trabajos que en realidad eran anteriores, pues se remontan a la época de 1950. Entonces, el volumen tiene esta particularidad, a diferencia de otros inéditos de Foucault, que es cronológicamente transversal. No es solo un momento, sino que hay un espectro que va de la década de 1950 a la de 1970. En total son más de 20 años. El momento del “epicentro Nietzsche” en Foucault son los setentas. Antes y después tenemos una situación diferente.

–En general se suele decir hegemónicamente que Foucault es un filósofo nietzscheano o por lo menos con fuerte influencia de Nietzsche. ¿Hasta qué punto para usted es cierto eso o bien Foucault usa a Nietzsche para construir su propio programa intelectual?

–Yo creo que hay que hacer dos observaciones. Una es que Foucault ha tenido un momento nietzscheano muy fuerte. Esto es, como acabo de señalar, en la década de 1970. Pero si de ahí concluimos que la verdad de Foucault es Nietzsche, cometemos un gran error. Foucault, antes de ese periodo marcadamente nietzscheano, ha tenido otras influencias y otras derivas y también después de ese momento. A mi modo de ver, Foucault incluso termina en muchos puntos que son antinietzscheanos. Por ejemplo, toda la visión que tiene de la antigüedad, algo que es importantísimo y que define la filosofía antigua, como es la ascesis, de la que Nietzsche tiene una valoración negativa, pero Foucault más bien todo lo contrario.

Y después hay otro problema. Cuando uno dice Nietzsche, ¿de qué Nietzsche estamos hablando? El volumen tiene algo que puede generar una equivocación. Foucault ha sido uno de los editores de la edición crítica de Nietzsche en francés, pero cita La voluntad de poder incluso cuando sabe que en la edición crítica no existe ese texto. ¿Qué Voluntad de poder cita Foucault? No es exactamente la que Heidegger u otros intelectuales ligados al nazismo tenían. ¿Por qué? Porque la edición con la que estos trabajaban tenía poco más de 1000 fragmentos o aforismos. Y la que Foucault lee tiene casi 2400 y están ordenados de manera diferente. O sea, La voluntad de poder que tiene Foucault es distinta o parcialmente distinta al menos.

Entonces, cuando uno habla de La voluntad de poder y del uso que Foucault hace de este texto, que es tan importante en este volumen, hay que, por ejemplo, subrayar que no es exactamente la misma obra que leían otros autores, aunque tuviese el mismo título. Si no, uno se confunde, no estamos hablando de lo mismo cuando Heideger habla de La voluntad de poder. ¿Qué rescata Foucault de Nietzsche? La dimensión histórica y la problematización de la verdad. A partir de aquí, Foucault elabora desde el inicio una confrontación entre Husserl y Nietzsche que es una de sus particularidades. A esta época se remonta lo que Foucault, en sus últimos años, tradujo como veridicción, el decir verdadero, y que descubre en Nietzsche muy tempranamente.

Michel Foucault en el Museo Rodin, en mayo de 1984. Foto: AFP / MICHELE BANCILHON

–¿Qué diferencia la interpretación que hace Foucault de Nietzsche de otras dos lecturas potentes, como son la de Heidegger, que lo lee como el último filósofo metafísico, y la de Deleuze, que lo toma como un filósofo vitalista y de la diferencia?

–Yo creo que Foucault propone una interpretación distinta. Primero, a diferencia de Heidegger, Nietzsche es la ruptura con la tradición metafísica. Está más cercano de la interpretación de Deleuze porque hace una lectura de Nietzsche en relación con la vida, pero suma un matiz interesante que es una idea de la vida como invención. Un buen subtítulo que le hubiese puesto a este volumen podría ser “Nietzsche, ¿cómo inventamos aquello que somos?” O sea, “¿cómo nos inventamos?” Ahora en Foucault no es simplemente la vida como una fuerza, como un fluido, tal como lo lee Deleuze, sino la vida como aquello que nosotros hacemos con el vivir.

–Mencionó el tema de la verdad y de la historia, ¿hay alguna diferencia según su punto de vista entre la genealogía nietzscheana y la foucaultiana?

–Para mí sí. Por varias razones, hay diferencias y coincidencias. Una coincidencia es, precisamente, la verdad como una invención. Lo cual no quiere decir que no haya verdad o que Foucault prescinda de la verdad. Porque la afirmación “no hay verdad”, como ya demostró Aristóteles, se autorrefuta. O sea, la formulación, “hay verdad”, ¿es verdadera o no es verdadera? La verdad no es algo absoluto, pero eso no plantea ningún problema porque aún en autores clásicos la verdad puede ser universal, pero no absoluta. Además, la verdad es siempre una relación. Y una relación absoluta es algo contradictorio. Uno podrá decir que hay verdades universales. Foucault no estaría de acuerdo, pero de ahí a afirmar que no hay verdades, es un problema diferente. Al contrario, yo creo que Foucault está profundamente marcado por el problema de la verdad y que la filosofía de Foucault es una filosofía de la verdad, que es un aspecto que frecuentemente se descuida cuando se exagera la herencia nietzscheana.

Edgardo Castro, doctor en Filosofía por la Universidad de Friburgo (Suiza), investigador del Conicet, miembro del Centro de Investigaciones Filosóficas (Buenos Aires) y profesor universitario. Foto: Ariel Grinberg

–Hay un concepto clave en Foucault que es el de diagnóstico que emerge en el libro que era inédito recientemente publicado con el título El discurso filosófico donde Nietzsche tiene un rol muy importante. Para usted en esa idea de la filosofía como un diagnóstico del presente, que Foucault plantea como una ontología de la actualidad, así como el rol del periodismo que también destaca, ¿Nietzsche es determinante?

–Acá hay que introducir algunas aclaraciones. En algún momento Foucault habla de diagnóstico sin terapia. Por ejemplo, en El discurso filosófico, donde lo que diferencia la filosofía del discurso médico y del discurso teológico es que la filosofía hace un diagnóstico sin proponer una terapia. El discurso filosófico es un trabajo de 1966. Pero yo creo que no se puede descuidar el hecho de que los últimos trabajos de Foucault se inscriben en la dimensión de la terapia, o sea del cuidado. Y uno ve ahí de nuevo como Nietzsche lo conduce a algo diferente, porque la preocupación de los últimos años de Foucault y precisamente en relación con la verdad, es el problema del cuidado de sí mismo. No es una terapia médica ni teológica, es una terapia que está atravesada por la cuestión de la historicidad. ¿Qué quiero decir? Que no hay un modelo imperativo a seguir. Pero existe la necesidad de abordar la cuestión del cuidado. Entonces, el diagnóstico depende de cómo lo tomo. Si yo separo completamente el diagnóstico del cuidado me parece que se deja de lado una lectura integral de Foucault.

–Me parece interesante pensar, contrariamente, los momentos de la ausencia de Nietzsche en Foucault, algo que resulta evidente cuando aborda el liberalismo entre 1977 y 1980 donde no hay ninguna mención a Nietzsche. ¿Por qué le parece que pasa eso cuando piensa el problema liberal? Nietzsche ya no es una herramienta. ¿A qué respondería esto?

–Acá son necesarias otras aclaraciones. Hay un momento en el que Foucault, como otros autores, renuevan la teoría política contemporánea, recurriendo al problema de la lucha y la guerra. Uno podría hacer acá un paralelo con Carl Schmitt. Es decir, de algún modo, los dos van a poner en discusión el aparato conceptual hobbesiano. Es decir, que la política es la superación de la guerra. Y ahí Foucault recurre a Nietzsche. Pero después se da cuenta que hay que pensar la cuestión del gobierno. Ahí ya Nietzsche no le resulta útil. Y eso sucede en el momento en que se interesa en el liberalismo.

Yo creo que acá hay dos o tres cosas que hay que decir. La primera es que los cursos de Foucault sobre el liberalismo estrictamente son de 1978 y de 1979. El último curso que es Nacimiento de la biopolítica termina en marzo de 1979 y Margaret Thatcher asume en mayo del 79. Después que Foucault había terminado su curso. Y Reagan es de 1981. Foucault nunca remite en los cursos sobre el neoliberalismo ni a Thatcher ni a Reagan. Foucault no está hablando de lo que fue cronológicamente posterior. Está hablando de otro tema. ¿De qué está hablando? Del problema del liberalismo y del neoliberalismo como formas de racionalidad crítica del ejercicio del poder en el marco de la soberanía. Para ese presente ya Nietzsche no le sirve. ¿Por qué? Porque el problema de la lucha ha sido desplazado por el problema de la libertad como núcleo de la cuestión política. Ahora, yo me pregunto si todavía el liberalismo y el neoliberalismo definen nuestro presente. Yo sé que esto sucede a nivel de los medios de comunicación, pero no estoy tan convencido de eso.

Creo que vivimos en una época de un posliberalismo. Me refiero, entre otras cosas, a la administración de Donald Trump. Y ahí más que liberalismo y neoliberalismo veo un retorno de las posiciones reaccionarias. Uno puede referirse a un personaje que ahora está de moda, Peter Thiel, que plantea que libertad y capitalismo son incompatibles. Entonces, ¿de qué liberalismo estamos hablando? O de posiciones como la de Curtis Yarvin que sostienen que la democracia sería mejor dejarla de lado y avanzar hacia formas autocráticas e incluso monárquicas. Lo curioso es que esas posiciones retoman a Nietzsche. Foucault, en cambio, hace un uso moderno de Nietzsche, que nosotros podemos confrontar ahora con el uso actual antimoderno de Nietzsche. Estas cosas conviven en Nietzsche. No tengo ninguna duda, no es la primera vez que esto sucede.

Nietzsche. De Michel Foucault. Editorial Siglo XXI.

–Cuando Foucault dice renuncio a la hipótesis Nietzsche para pensar el liberalismo, es decir, ya no me sirve para pensar el problema del gobierno, ¿no quiere decir eso que también modifica su concepto de poder?

–Yo creo que la categoría de liberalismo de algún modo hay que dejarla de lado. Porque excepto que uno la tome analíticamente genera más confusión que otra cosa. Porque liberalismo puede ser muchas cosas. La problemática de Foucault es cómo vinculo libertad con verdad. Yo creo que hay dos historias del liberalismo. Hay un liberalismo económico y un liberalismo político. Entonces, la historia del liberalismo se escribe según lo que yo enfatice de estos liberalismos.

El constitucionalismo moderno es una herencia del liberalismo político. O sea, la afirmación de la libertad y de la igualdad. Después hay un liberalismo económico. Si yo reduzco el liberalismo a la economía lo convierto en un sistema de administración que puede asociarse con todas las ideologías, incluso con el fascismo. Esto que digo no es un invento mío. Tuve la casualidad de encontrar un texto de alguien que se llama Massimo Rocca escrito en 1922, un amigo de Mussolini, con quien fundó el Partido Fascista. La propuesta de Rocca es que el fascismo tiene que hacer económicamente política liberal.

Yo creo que hay un momento en que el liberalismo económico y el político se separan y que ese es el gran problema del neoliberalismo. Creo que la reinterpretación austríaca de la historia del liberalismo es para desentenderse del liberalismo político o para reducir al máximo el liberalismo a la dimensión económica. Un liberalismo solamente económico no es un liberalismo completo, es un liberalismo reductivo, que puede camuflar la intencionalidad de llevar a cabo una política de corte autocrático.

Edgardo Castro y Luis Diego Fernández. Foto: Ariel Grinberg.

–Su lectura de Foucault en los noventas fue muy original porque era filo-kantiana, algo que en Argentina y en América Latina no hacía prácticamente nadie. ¿Cree que se puede leer la filosofía de Foucault en una tensión permanente entre Kant y Nietzsche?

–Creo que la tensión Kant-Nietzsche es de algún modo constitutiva en la filosofía de Foucault. Porque Foucault desde su tesis secundaria de doctorado hace una interpretación de Kant en relación con Nietzsche. Las preguntas son siempre las mismas. ¿De qué Kant hablamos? ¿De qué Nietzsche hablamos? ¿Cuáles son los textos de Kant que fascinan a Foucault? Uno de ellos es el artículo sobre qué es la Ilustración, texto que para mí en el marco de las actuales tendencias neorreaccionarias adquiere aún mayor valor. Así como es importante delimitar que hace Foucault con Nietzsche, con Kant podemos decir lo mismo. Los últimos trabajos de Foucault sobre Kant son sobre la cuestión del iluminismo. Es una pregunta actual. Es la pregunta acerca de qué es la modernidad, cómo nos constituimos como modernos y qué está en juego en eso, qué son de nuevo los problemas de la libertad y la verdad.

Luis Diego Fernández es Doctor en Filosofía (Universidad Nacional de San Martín) y autor, entre otros, de Manifiesto libertario de izquierda (Adriana Hidalgo)