A los 40 años muchas personas todavía se sienten jóvenes y lejos de los problemas cardíacos. Sin embargo, para el cardiólogo Moisés Rodríguez, esa es precisamente una etapa clave para empezar a cuidar la salud cardiovascular. “Muchas personas de 40 años se sienten muy jóvenes para preocuparse por la hipertensión, por ejemplo, sin embargo, es ahora cuando hay que prevenir”, advirtió.

Rodríguez, jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario de Ourense, destacó que la prevención debe comenzar mucho antes del primer episodio cardiovascular. Según explicó, una parte importante de los infartos puede evitarse con el control de factores de riesgo modificables.

El especialista propone conocer los principales indicadores de salud: colesterol, presión arterial, glucosa y peso. A eso suma una medida que considera fundamental: no fumar. “Si tuviera que elegir una sola medida preventiva sería dejar de fumar”, afirmó, según informó La Voz de Galicia.

La alimentación y la actividad física también ocupan un lugar central. Para Rodríguez, no se trata de realizar dietas durante períodos cortos, sino de adoptar hábitos sostenibles durante todo el año, con frutas, verduras y ejercicio moderado. También recomienda incorporar ejercicios de fuerza al menos dos veces por semana.

La presión alta y el colesterol, dos riesgos silenciosos

Uno de los problemas que dificultan la prevención cardiovascular es la hipertensión. Muchas personas pueden tener la presión arterial elevada durante años sin notar síntomas. Por eso, el especialista la define como “el asesino silencioso”: mientras la persona se siente bien, la enfermedad puede dañar el corazón, el cerebro, los riñones y los vasos sanguíneos.

Tener el colesterol alto es uno de los principales riesgos de salud. Foto: Pexels.

El colesterol también representa un factor relevante, según informó La Voz de Galicia. Rodríguez señaló que cuanto más tiempo permanece elevado el colesterol LDL, mayor es la posibilidad de desarrollar aterosclerosis.

Además, destacó la importancia de la lipoproteína A, un marcador con una fuerte carga genética. A diferencia del colesterol LDL, sus niveles cambian poco con la alimentación o el ejercicio y permanecen bastante estables a lo largo de la vida. El cardiólogo indicó que una de cada cinco personas presenta concentraciones elevadas y consideró útil medirla al menos una vez.

Qué ocurre con el corazón durante una ola de calor

Las altas temperaturas también pueden representar un desafío para el sistema cardiovascular. Con el calor, los vasos sanguíneos de la piel se dilatan y aumenta la sudoración, lo que provoca pérdida de agua y electrolitos. Como consecuencia, disminuye el volumen de sangre circulante y el corazón debe trabajar más.

Caminar, disminuye la presión arterial, ayuda a reducir la grasa corporal y mejora los niveles de azúcar y de colesterol en la sangre. Foto Shutterstock.

Una persona sana suele compensar estos cambios, pero el esfuerzo puede resultar mayor para los adultos mayores y quienes tienen enfermedades cardiovasculares. En pacientes con hipertensión, además, la combinación de calor, deshidratación y determinados medicamentos puede provocar una caída excesiva de la presión, mareos o desmayos.

Rodríguez remarcó que cualquier modificación de la medicación debe quedar bajo supervisión médica, según informó La Voz de Galicia.

El estrés y la importancia de ganar fuerza

El estrés intenso y crónico también puede afectar al corazón. Puede aumentar la frecuencia cardíaca y la presión arterial, además de favorecer la liberación de adrenalina y cortisol y elevar la inflamación. A esto se suman hábitos asociados al estrés, como fumar más, beber alcohol, dormir peor, hacer menos ejercicio o mantener una alimentación poco saludable.

El colesterol alto es uno de los principales enemigos de un corazón saludable.

Para el especialista, el ejercicio de fuerza merece una atención especial. Además del ejercicio aeróbico, las pesas, las bandas elásticas o el propio peso corporal pueden mejorar la sensibilidad a la insulina, reducir la grasa visceral y favorecer la salud metabólica.

“No hace falta trabajar grandes pesos, ni ir al gimnasio todos los días”, explicó Rodríguez. Dos o tres sesiones semanales de fuerza pueden aportar beneficios importantes.

Su mensaje para quienes todavía creen que tienen tiempo de sobra es claro: la prevención no comienza cuando aparecen los síntomas. “El corazón tiene memoria”, sostuvo el cardiólogo. Y cuanto más tiempo permanecen las arterias expuestas a factores de riesgo, mayor puede ser el impacto décadas después.