"Hoy va a venir un chico de Ameghino que ya está viviendo acá hace un montón, nos dijo Cristian Drut", recuerda Pilar Gamboa el día que conoció a Esteban Lamothe. "Y entró esta bandeja a la clase. Fue muy gracioso". Se miran, en un café de un hotel de la calle Corrientes, con la complicidad que dan los años.
"Nos conocimos a fines de los 90, en el taller de Cristian Drut en la calle Cramer –cuenta Esteban–. Ahí se armó un lindo grupo con Cristian Francucci y Lucía Perro, con quien hicimos una obra, Remitente Lorena, antes de la crisis de 2001".
Era una época de mucha ebullición. "Con Esteban y Esteban Bigliardi nos cruzábamos todo el tiempo; ellos trabajaban de mozos en una parrilla de Puerto Madero. Eran tiempos muy de las escuelas –dice Gamboa–, de formarse con Ricardo Bartís, con Drut. Había una autogestión total. Ensayábamos en el living de la casa de Julián Krakov, con los padres abajo y nosotros arriba gritando, con un nivel de fe absoluto. Si el teatro ya es un acto de fe, lo nuestro era directamente una religión".
Ninguno vivía del teatro. "Yo era mozo y Pilar estaba en un service de YPF –aclara Lamothe–. Pero ensayar era sagrado: suspender un ensayo era una tragedia". De esa mística nació, años después, la compañía El silencio –junto a Romina Paula, que se sumó como dramaturga y directora, y Susana Pampín– y con ella El tiempo todo entero".
Pilar Gamboa y Esteban Lamothe, 15 años después del estreno de "El tiempo todo entero". Foto: Martín Bonetto
La primera vez que mostraron un trabajo a sus amigos, el resultado fue un desastre: a nadie le gustó, y varios quedaron directamente preocupados por lo que veían. Aun así, siguieron adelante. "No fue coraje, fue que no nos quedaba otra", resume Lamothe. Hubo incluso funciones –recuerda–donde no apareció nadie, y la función se hizo igual, con luces y todo”.
Antes de El tiempo todo entero hubo otra obra fundacional: Algo de ruido hace (2007), vidriera inesperada del grupo. Después aparecieron directores como Mariano Llinás, Santiago Mitre o Rodrigo Moreno, que buscaban actores al off. “Fue un win-win –piensa Lamothe–, el cine se nutrió de nuestra forma de producir, y a nosotros nos dio visibilidad".
Mitre convocó a Lamothe para El estudiante; Llinás sumó a Pilar a La Flor; a Bigliardi lo llamó Moreno para Un mundo misterioso. "Después vino el traspaso a lo comercial, como cuando hice Los Únicos en Pol-ka –agrega Gamboa–. Ese cruce estaba cargado de prejuicios; hoy está mucho más integrado".
Volver a tocar el mismo hit
Lo que más los conmueve de este regreso no es tanto la obra en sí sino lo que el paso del tiempo hace con ella. "Hay algo que me produce mucha emoción de revisitar estos materiales viejos –dice Gamboa–. El otro día alguien subió un video de un ensayo de Algo de ruido hace y no podía creer lo jóvenes que éramos". Para Lamothe, la comparación que mejor funciona es musical: "Es como volver a tocar un hit veinte años después. La partitura es la misma, pero se volvió a juntar la banda, y son los originales".
Ninguno controla qué va a pasar con un texto escrito por una Romina Paula muy joven, interpretado ahora por cuerpos de casi 50: "Esa resignificación nos trasciende, y eso le da un vértigo hermoso", agrega Gamboa.
Cuando la obra dejó de hacerse, ninguno tenía hijos. "Yo fui el primero del grupo –dice Esteban–. Viajó muchísimo: hicimos una temporada de más de un mes en París y fue un suceso. Romina estudiaba con nosotros en lo de Bartís”. “Pero se ponía tan nerviosa antes de salir a escena que prefirió escribir y dirigir –agrega Pilar–. Que una amiga escribiera pensando en nosotros fue un privilegio absoluto".
En el medio hicieron Sombras, por supuesto y viajaron a España y Francia. "El programador de Temporada Alta, Narcís Puig, nos propuso llevar El tiempo todo entero a Barcelona. La hicimos allá, en Girona y en Rennes (Francia), con excelentes críticas. Y al volver dije: 'Si ya la tenemos ensayada, ¿por qué no la hacemos acá, en un teatro más grande?'".
La pieza que sube todos los martes al escenario de la Sala Picasso del Paseo La Plaza revisita el universo de El zoo de cristal, el clásico de Tennessee Williams, desde una perspectiva contemporánea. En la primera escena se escucha “Si no te hubieras ido” de Marco Antonio Solís y el personaje de Pilar Gamboa, Antonia, manifiesta cualquier negativa a salir de su casa. Vive con su hermano Lorenzo (Bigliardi) y su madre, Úrsula (Pampín). Él se refugia en las páginas de un libro, vive su propio tiempo y busca irse de una vez por todas. Su madre, en cambio, acepta y justifica el hermetismo de su hija. Esteban Lamothe es Maxi, compañero de trabajo de Lorenzo. Representa la normalidad; su tiempo está escindido entre dormir, trabajar y descansar o practicar el ocio más pacífico que lo prepara para volver, al día siguiente, a seguir trabajando.
Antonia, la que vive “encerrada”, dibuja una teoría sobre la canción de Solís. Una fantasía que le sirve para hablar de la violencia, de la cultura machista mexicana (apuntalada con la referencia al cuadro de Frida Kahlo, Unos cuantos piquetitos)-
–El arranque de la obra tiene un texto de casi quince minutos, muy intenso. ¿Cómo resuena eso hoy?
–Gamboa: Es una escena polémica. La obra es de la época cuando los crímenes pasionales todavía se llamaban así, no femicidios. El teatro de Romina no va "a las chapas": tiene otra temporalidad, influenciada por Fassbinder, por esas escenas de dos personas sentadas a una mesa hablando. Podés estar parado, ocupando el espacio, proyectando el cuerpo presente, y eso genera una tensión absoluta.
–Lamothe: Es la historia de una mujer que no sale de su casa, que vive con su madre y una computadora. Es súper actual: ese problema no cambió en 15 años. Y el comienzo hoy choca con la dependencia que tenemos del celular. Es increíble lo mal que se porta la gente. En una función tuve que frenar la función porque no paraba de sonar una alarma. Es muy difícil para el público soltar el aparato, y a nosotros esas luces que van y vienen, los láseres de los punteros nos desconcentran.
Los dos llegan a esta reposición en plena actividad. Gamboa acaba de filmar Los erizos, grabó la segunda temporada de Viudas negras, p*tas y chorras y prepara la gira de Las hijas. También continúa con Parlamento, junto a Piel de Lava.
Lamothe hizo la versión teatral de Secreto en la montaña, grabó Sanamente y busca financiamiento para dirigir y protagonizar su primer largometraje, un policial que por ahora tiene dos posibles títulos: La mitad de la vida o El remisero absoluto.
Ambos sostienen una fe indestructible en la cultura y el público porteño. "Esta ciudad tiene un gen cultural difícil de derribar –cierra Gamboa–. Prefiero creer en lo que me pasa en la calle que en la hostilidad de las redes. Sostener este grupo, este tesoro que es la Compañía del Silencio, es lo que nos mantiene a salvo del vértigo de la inmediatez".
*El tiempo todo entero se presenta los martes, a las 20, en el Paseo La Plaza, Corrientes 1660.
PC
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