No tiene la silueta de un deportivo ni fue pensado para llamar la atención por su elegancia. Su carrocería es extremadamente baja, alargada y está dominada por una enorme superficie cubierta de paneles solares. Pero detrás de esa apariencia poco convencional hay un vehículo construido con una prioridad absoluta: consumir la menor cantidad posible de energía.
Se trata del proyecto del Deep Orange 17, presentado como uno de los vehículos solares más eficientes, como parte de un programa de creación de prototipos de vehículos del Departamento de Ingeniería Automotriz de la Universidad de Clemson.
El proyecto del grupo de estudiantes incorpora más de 1.700 células fotovoltaicas integradas en toda la superficie exterior de su poco atractiva carrocería.
Su peculiar aspecto responde principalmente a decisiones de ingeniería destinadas a reducir la resistencia aerodinámica, disminuir el peso y obtener la máxima cantidad posible de electricidad a partir de la radiación solar.
Un auto donde la estética quedó en segundo plano
Los vehículos solares de competición tienen poco que ver con los autos que circulan diariamente por las calles. Cada detalle debe optimizarse porque la energía disponible es limitada y cualquier resistencia adicional significa gastar electricidad innecesariamente.
El Deep Orange 17 junto a estudiantes de la Universidad de Clemson.
Por eso aparecen carrocerías anchas y planas capaces de alojar una gran superficie fotovoltaica, ruedas parcialmente cubiertas y habitáculos reducidos prácticamente al espacio imprescindible para el conductor.
El principio es sencillo: cuanto menos esfuerzo necesite el motor para desplazar el vehículo, más kilómetros podrá recorrer con la energía obtenida del sol.
Este tipo de desarrollos funcionan además como laboratorios móviles. Las soluciones aplicadas a aerodinámica, materiales, motores eléctricos, baterías y gestión energética pueden servir posteriormente como campo de experimentación para tecnologías relacionadas con vehículos eléctricos convencionales.
El desafío de recorrer kilómetros utilizando solamente el sol
Las competencias internacionales de autos solares llevan esta filosofía al extremo. Los equipos universitarios deben diseñar y fabricar vehículos capaces de cubrir grandes distancias utilizando como principal fuente energética los paneles instalados sobre la carrocería.
El Bridgestone World Solar Challenge, una de las pruebas más conocidas, obliga a atravesar aproximadamente 3.000 kilómetros de Australia, desde Darwin hasta Adelaida. Allí no solamente importa alcanzar una buena velocidad: administrar correctamente cada watt disponible puede determinar el resultado.
Incorpora más de 1.700 células fotovoltaicas integradas.
Existen además competencias europeas con un enfoque similar. El iLumen European Solar Challenge, por ejemplo, enfrenta a equipos de estudiantes que deben recorrer la mayor distancia posible durante 24 horas, mientras gestionan la electricidad producida por sus vehículos.
El apoyo de BMW y una prueba para la movilidad del futuro
La participación de empresas automotrices en estos proyectos permite a los estudiantes acceder a experiencia, materiales y conocimientos propios de la industria.
Pero estos prototipos no anticipan necesariamente cómo serán los autos solares comerciales. Instalar paneles sobre un vehículo convencional ofrece una superficie relativamente pequeña y la cantidad de energía obtenida depende además de factores como la ubicación, el clima y las horas de exposición.
Eficiencia, peso y aerodinámica se convierten en prioridades absolutas.
El valor de estos experimentos está en otro lugar: descubrir cuánto puede reducirse el consumo cuando eficiencia, peso y aerodinámica se convierten en prioridades absolutas.
Y ahí aparece la paradoja del vehículo que algunos ya calificaron como “el más feo del mundo”. Lo que desde afuera parece un diseño extraño es, en realidad, consecuencia de eliminar prácticamente todo aquello que no contribuya a avanzar.
En estos autos, la belleza tradicional importa poco. El verdadero objetivo es recorrer la mayor cantidad de kilómetros posible utilizando una fuente de energía que llega directamente desde el sol.
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