Apelar a la crianza respetuosa, establecer límites y transitar esta etapa sin colapsar ni desbordarse puede ser un desafío enorme para madres, padres y cuidadores en general. En ese marco, la coherencia, la empatía y la calma son aspectos clave a la hora de maternar y paternar.

Sofía Lewicki, psicóloga especialista en crianza, destacó en diálogo con Clarín que “antes de retar un niño conviene hacer una pausa breve y preguntarnos algunas cosas para entender qué está pasando realmente en el fondo, es decir, que hay detrás de la conducta”. En ese sentido, explicó que “ante un berrinche, una equivocación o algo inesperado por el adulto, muchas veces reaccionamos rápido frente a lo que vemos, pero la conducta es sólo la parte visible de algo más profundo”.

La especialista mencionó que muchas veces, cuando retamos, lo que aparece primero es el señalamiento del error. Sin embargo, aseguró, “criar no necesita empezar desde la acusación; muchas veces necesita empezar desde la comprensión”.

Por eso, enumeró 5 preguntas a realizarse como padre y/o madre antes de retar a un hijo.

1- ¿Qué puede estar necesitando mi hijo en este momento?

Lewicki afirmó que muchas conductas que los adultos interpretan como “portarse mal” en realidad son expresiones de una necesidad por parte del niño.

Muchas conductas que los adultos interpretan como “portarse mal” en realidad son expresiones de una necesidad por parte del niño. Foto ilustración Shutterstock.

A modo de ejemplos, mencionó que un niño que grita en el supermercado quizás está cansado o sobrepasado de estímulos; un niño que empuja a su hermano puede estar frustrado; uno que no quiere vestirse puede estar necesitando más tiempo para hacer una transición.

Es importante empezar a ver que los comportamientos -tanto de nuestros hijos como los nuestros- son una forma de comunicar algo. Quizás esta muy cansando porque estuvo todo el día en el colegio y estar en un lugar lleno de estímulos lo desorganiza, o tal vez necesita contacto físico porque extrañó todo el día y eso aparece en forma de demanda permanente; quizás le pasó algo en el colegio y eso se manifiesta en malestar o sensibilidad en casa”, detalló.

Lo que no falla, amplió, es empezar preguntándose por las necesidades básicas: ¿durmió bien?, ¿tiene hambre?, ¿está cansado?, ¿está pasando por algún momento que lo ponga más sensible?, ¿hace mucho que no juego con, que no lo abrazo o que no tenemos una conversación?

2- ¿Mi hijo puede hacer lo que le estoy pidiendo o todavía está aprendiendo?

A veces esperamos que los niños tengan habilidades que todavía están desarrollando, introdujo la autora de Nino usa su voz (Destino).

¿A qué se refiere específicamente? Por ejemplo, a situaciones muy comunes que pueden generar algún tipo de conflicto: esperar pacientemente en un restaurante sentado, desear que siempre comparta, tolerar la frustración o detener un impulso fuerte son capacidades que se aprenden con el tiempo. “A ciertas edades, exigirles es ir en contra de su fisiología del desarrollo”, señaló.

Lewicki: “Crecer es un proceso de aprendizaje”. Foto ilustración Shutterstock.

“Un niño de cuatro años que se desespera porque quiere algo ahora no está necesariamente desafiando a sus padres: muchas veces, todavía no puede gestionar esa espera. Entonces, la solución no es darle todo ya, sino acompañar y enseñar a gestionar esa espera de la manera mas amorosa posible. Crecer es un proceso de aprendizaje”, enfatizó.

3- ¿Estoy reaccionando a lo que hizo mi hijo o a mi propio cansancio?

“Cuando criamos, estamos tan enfocados en las necesidades y conductas de los niños que nos olvidamos de mirarnos a nosotros mismos. Los adultos también tenemos un sistema nervioso que se agota”, destacó Lewicki.

La exigencia diaria de padres y madres, se sabe, es inmensa. Y mirarse a sí mismos con algo de autocompasión muchas veces es casi una misión imposible entre quienes cumplen la tarea de criar. “Si venimos de un día largo de trabajo, con preocupaciones económicas o con mucha sobrecarga de cuidados, es más probable que reaccionemos con irritación”, añadió.

Algo que se derrama en la mesa, así, puede sentirse como “la gota que rebalsó el vaso”, cuando en realidad el niño no es el origen del malestar, sino el último eslabón de una cadena de un día lleno estrés, explicó la especialista.

“Los adultos también tenemos un sistema nervioso que se agota”, destacó Lewicki. Foto ilustración Shutterstock.

4- ¿Qué quiero enseñar con este “reto”?

Para Lewicki, hay dos diferencias fundamentales al momento de enfrentarse a este tipo de situaciones. ¿Lo que le estoy diciendo a mi hijo pretende enseñar o sólo mostrarle el error y decirle lo mal que hizo?, distinguió.

“Retar está mas ligado a un lugar de señalamiento del error que a poder crear una situación de aprendizaje. Ahí los límites son un gran aliado, porque el límite es el borde necesario que abre un espacio para cuidar, a la vez que muestra un hasta dónde sí y hasta dónde no. Un límite puede ser una gran oportunidad de aprendizaje si el niño entiende qué pasó y por qué importa (y aún cuando no pueda hacerlo desde el entendimiento lógico por su edad, pueda sentir igualmente ese borde necesario primero en el afuera), detalló la psicóloga.

Por ejemplo, si un niño tira un juguete y golpea a otro, el límite no debería ser decirle '¡dejá de hacer eso!', sino ayudarlo a entender las consecuencias de su conducta. La experta, entonces, recomendó las siguientes palabras: “Cuando tirás cosas, podés lastimar a alguien. Vamos a buscar otra forma de descargar ese enojo”.

Si el niño sigue insistiendo en golpear al otro, con mucho amor se debe poner una barrera física entre él y el otro. “Puede ser con nuestro brazo o nuestro cuerpo, de tal forma que el niño no pueda seguir pegando”.

“Retar está mas ligado a un lugar de señalamiento del error que a poder crear una situación de aprendizaje”, sostuvo la psicóloga. Foto ilustración Shutterstock.

5- ¿Estoy viendo a mi hijo como un problema o como alguien que está aprendiendo?

“En estos tiempos veloces que corren, uno de las mayores problemas es que se ha perdido el valor de los procesos, justamente porque el valor está puesto en la inmediatez, en el aquí y ahora, en el todo ya”, resaltó Sofía Lewicki.

En esa línea, agregó: “Los adultos que crían niños no están por fuera de esa lógica y el desarrollo de los niños y las niñas es objeto de esa misma lógica”. Y esto es imposible.

Lewicki: “Los niños no son adultos pequeños, son personas en pleno proceso de desarrollo”. Foto ilustración Shutterstock.

“El problema es que es que esa lógica y la lógica del desarrollo son contradictorias entre sí, y cuando los procesos de desarrollo se tratan de la misma forma que un objeto de consumo lo que se rompe es un niño. Los niños están construyendo habilidades emocionales, sociales y cognitivas constantemente. Necesitan tiempo, amor, cuidados y comprensión. No son adultos pequeños, son personas en pleno proceso de desarrollo”, finalizó.

La influencia del contexto a la hora de criar

¿Cómo influyen el contexto económico, social y laboral a la hora de maternar y paternar? Lewicki fue enfática: “La crianza no ocurre en el vacío. En Argentina, muchas familias crían en medio de la incertidumbre económica, jornadas laborales extensas y una gran sobrecarga de cuidados. Muchas madres y padres trabajan muchas horas, tienen ingresos inestables o combinan varias tareas a la vez: sostener el trabajo, la casa y el cuidado cotidiano de los hijos”.

Las consecuencias, entonces, pueden aflorar en cualquier ámbito que esos padres transiten. “Cuando un adulto vive en ese nivel de exigencia constante, su sistema nervioso suele estar más cansado y más tensionado. Y cuando el agotamiento se acumula, el margen de paciencia se reduce. Situaciones normales de la infancia —un niño que no quiere bañarse, que se frustra o discute con un hermano— pueden sentirse mucho más difíciles de sostener”.

“En Argentina, muchas familias crían en medio de la incertidumbre económica, jornadas laborales extensas y una gran sobrecarga de cuidados”, afirmó la psicóloga. Foto ilustración Shutterstock.

La psicóloga apeló a la tan necesaria crianza en tribu: “Es importante no pensar la crianza sólo como una responsabilidad individual. Las condiciones sociales también influyen en cómo se cría. Cuando las familias cuentan con más apoyo, más tiempo y más redes de cuidado, criar se vuelve menos solitario y más posible”.

Qué enseñan las disculpas de madres y padres

¿Cuándo, cómo y por qué padres y madres deberían pedir disculpas a sus hijos e hijas? En principio, la psicóloga destacó que, obviamente, los adultos también cometemos errores. “A veces reaccionamos con enojo excesivo, levantamos la voz o retamos a un niño por algo que después entendemos mejor. Pedir disculpas en esos casos no debilita la autoridad: al contrario, fortalece el vínculo”, aseguró.

Esto enseña varias cosas importantes, advirtió: “Que los adultos también pueden equivocarse, que reconocer errores es posible y que los vínculos se pueden reparar”. Además, concluyó, cuando un adulto pide disculpas le transmite al niño un mensaje muy poderoso: “Lo que vos sentiste también importa”.

Asesoró Sofía Lewicki, psicóloga especialista en crianza y autora de Nino usa su voz (Destino) y Tan mal Sí salimos (Planeta). En Instagram, @soymamaypsicologa.