La depresión es uno de los tantos enigmas del cerebro y uno de los problemas en alza en estos tiempos. Al mismo tiempo, existen muchísimas estigmas, mitos y creencias erróneas que entorpecen el tratamiento y ponen trabas en el camino hacia lograr una mejor calidad de vida.

Para romper esta cadena, Alicia Vargas -doctora en neurociencias formada en la Universidad de Duke de Estados Unidos- brindó en una nota para el sitio El Confidencial, algunas claves con los últimos lineamientos científicos.

Uno de los primeros desaciertos, tal como dice Vargas en la nota, es confundir depresión con tristeza. “La tristeza suele ser una reacción puntual ante una situación concreta -como una pérdida o un mal día- y, aunque afecta al ánimo, permite continuar con la rutina diaria e incluso experimentar momentos de bienestar”.

La depresión, en cambio, tiene manifestaciones distintivas. “Aparecen la anhedonia -que es la incapacidad de sentir placer-, las alteraciones del sueño, la falta de energía, los problemas de concentración y los cambios en el apetito”, distingue con claridad.

La depresión no debe confundirse con la tristeza Foto Shutterstock.

En otras palabras: “El cerebro deja de responder de forma habitual los estímulos y la vida cotidiana se vuelve más difícil de sostener”.

El cerebro en la depresión

La doctora, por otra parte, explica que el cerebro de una persona con depresión funciona de forma distinta. “Algunas estructuras -una de ellas, la amígdala, encargada de detectar amenazas- pueden volverse hiperactivas, generando una sensación constante de peligro, incluso ante situaciones neutras”.

A esto se suma el papel del lóbulo frontal, que es esencial para planificar, tomar decisiones y corregir errores. “En personas con depresión, esta área pierde eficacia. Esto dificulta cambiar conductas o encontrar soluciones”.

Al mismo tiempo, el hipocampo, relacionado con la memoria, puede verse afectado, lo cual impide aprender de experiencias pasadas.

El resultado es un ciclo complicado: “El cerebro detecta amenazas donde no las hay, le cuesta reaccionar y tampoco consigue adaptarse con facilidad”.

Las causas de la depresión

Sobre los factores qué llevan a la depresión, Vargas insiste en que no existe un único motivo. En cambio, hay varios disparadores. Entre ellos:

  • La predisposición genética. En algunas familias es más fuerte, aunque no resulta determinante por sí misma.

La depresión está relacionada con ciertos mecanismos neuronales Foto Unsplash.

  • El entorno y momentos puntuales que quedan grabados. Situaciones de estrés, violencia, inseguridad en la infancia o traumas pueden funcionar como desencadenantes.

“Es lo que la ciencia denomina epigenética, la interacción entre los genes y el ambiente. Esto explica por qué dos personas con una base genética similar pueden tener trayectorias muy distintas”, aclara Vargas en la nota citada.

Cuando la cabeza queda atrapada

Otro de los aspectos que destaca la especialista es la dificultad para "cambiar el chip" que presentan las personas con depresión.

“La neuroplasticidad -la capacidad de adaptarse y crear nuevas conexiones- se ve reducida, lo cual provoca una especie de rigidez mental. Además, el cerebro tiende a quedarse en lo que se conoce como “red por defecto”, un estado de introspección constante donde predominan los pensamientos rumiantes”.

Es decir, la mente entra en bucles de ideas negativas que se retroalimentan y dificultan salir de ese estado.

Nuevos enfoques en el tratamiento

Aunque el abordaje esencial esté basado en la medicación y la terapia, la neurociencia está poniendo cada vez más énfasis en los hábitos de vida.

Entre ellos, destaca el ejercicio físico. Su punto a favor: es capaz de estimular la producción de sustancias que favorecen la regeneración neuronal.

El ejercio físico y la meditación, fundamentales en un tratamiento contra la depresión Foto Pexels.

Por otra parte, la respiración consciente y el mindfulness, ayudan a reducir el estrés y a frenar los pensamientos intrusivos.

El siguiente punto beneficioso es el sistema de recompensa del cerebro. En personas con depresión, este sistema está “apagado”. Para “activarlo”, se recomienda empezar con metas muy pequeñas -como levantarse, ducharse o dar un paseo corto- para poner en marcha la motivación.

La higiene del descanso tampoco puede pasarse por alto porque en los inicios de la depresión se ve alterado.

“Detrás de cada persona con depresión hay una historia, pero también un sistema biológico que necesita apoyo y las herramientas adecuadas para volver a funcionar”, concluye la médica especializada en neurociencias en la nota para El Confidencial.