A partir de los 40 años, una actividad tan simple como caminar a paso ligero puede tener un impacto relevante sobre la longevidad. Stuart Phillips, doctor en ciencias del ejercicio y profesor de la Universidad de McMaster, sostiene que la evidencia disponible muestra una relación clara entre actividad física y una mayor esperanza de vida.
Según informó Runners World, el especialista aclara que la ciencia todavía no cuenta con un ensayo clínico de varias décadas que permita afirmar que el ejercicio garantiza una vida más larga. Un estudio de ese tipo resultaría demasiado complejo y costoso según el especialista. Sin embargo, distintos trabajos con millones de participantes permiten observar una relación consistente.
Uno de los estudios que destaca Phillips fue publicado por Moore y otros investigadores en PLOS Medicine en 2012. El análisis incluyó a 654.827 adultos de seis cohortes y comparó distintos niveles de actividad física. Según sus resultados, apenas 75 minutos semanales de caminata rápida se asociaron con 1,8 años más de esperanza de vida después de los 40.
La cifra aumenta con más actividad. Entre 150 y 299 minutos semanales, una cantidad que coincide con la recomendación citada por el experto, la asociación llegó a 3,4 años adicionales. Con más de 450 minutos por semana, alcanzó 4,5 años.
El estudio también mostró que la actividad física tuvo un peso relevante en personas con distintos índices de masa corporal. Los adultos activos con peso normal vivieron, en promedio, unos 7,2 años más que los adultos inactivos con obesidad de clase II o superior. Incluso las personas inactivas con peso normal presentaron una esperanza de vida menor que las personas activas con obesidad de clase I.
El especialista aclaró que la ciencia todavía no cuenta con un ensayo clínico. Foto: cfn-nce.ca.
Otros estudios científicos que respaldan la asociación
Según Runners World, Phillips cita una investigación de Arem y otros autores, publicada en JAMA Internal Medicine en 2015, que incluyó a 661.137 adultos. Allí, la mortalidad se redujo 20% por debajo del nivel recomendado de actividad, 31% al alcanzar la recomendación, 37% al duplicarla o triplicarla y 39% con niveles superiores.
Los adultos activos con peso normal vivieron, en promedio, unos 7,2 años más que los adultos inactivos con obesidad de clase II.
Una revisión de García y otros investigadores, publicada en 2023 y con datos de más de 30 millones de personas, también encontró una asociación entre unos 150 minutos semanales de caminata y una reducción del 31% en la mortalidad por todas las causas y del 29% en la mortalidad por eventos cardiovasculares.
Para Phillips, el mensaje principal es simple: el mayor beneficio aparece cuando una persona abandona el sedentarismo y pasa a realizar actividad física, incluso moderada. Los 150 minutos semanales se asocian con una reducción de la mortalidad de entre 20% y 30% y con unos 3 a 4 años adicionales de esperanza de vida después de los 40.
El ejercicio, advierte el experto, no garantiza vivir más. Pero sí representa una de las herramientas más consistentes para mejorar las probabilidades de una vida más larga.
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