Cuando las temperaturas caen durante la noche, algunos productores de duraznos de Texas ponen en marcha una defensa que, a primera vista, puede resultar extraña: enormes ventiladores instalados varios metros por encima de los árboles comienzan a mover el aire sobre los cultivos.

No buscan secar las plantas ni generar energía. Son máquinas de viento utilizadas para combatir las heladas, uno de los mayores riesgos para los durazneros cuando comienzan a florecer. En determinados episodios, una diferencia de apenas unos pocos grados puede separar una cosecha normal de pérdidas prácticamente totales.

La técnica se utiliza desde hace años en zonas productoras como Fredericksburg y Stonewall, en el Texas Hill Country, donde los duraznos constituyen además un importante atractivo turístico y económico.

Cómo funcionan los enormes ventiladores durante una helada

El principio aprovecha un fenómeno conocido como inversión térmica. En algunas noches frías y calmas, el aire más frío y pesado queda acumulado cerca del suelo, mientras existe una capa ligeramente más cálida a mayor altura.

Campo de durazneros en Texas, Estados Unidos. Captura video

Las máquinas toman ese aire superior y lo mezclan con el que rodea a los árboles. No producen calor por sí mismas, pero pueden elevar ligeramente la temperatura alrededor de flores y frutos.

En Winona Orchard, por ejemplo, se han utilizado ventiladores instalados sobre torres de unos 35 pies (10,7 metros), con aspas de aproximadamente 20 pies (6 metros). Según información difundida por Dallas Farmers Market sobre ese establecimiento, una máquina puede proteger un área de hasta unos 800 pies de diámetro, alrededor de 244 metros.

Cuando el frío es particularmente intenso, algunos productores incluso combinaron estos sistemas con fogatas y otros métodos.

Por qué unos pocos grados pueden arruinar los duraznos

Los duraznos constituyen además un importante atractivo turístico y económico en pate de la región. Captura video

La relación de los durazneros con el frío es paradójica. Durante el invierno necesitan acumular determinadas “horas de frío” para completar correctamente su período de dormancia y posteriormente producir fruta.

Según especialistas de Texas A&M AgriLife, las necesidades varían considerablemente entre variedades. En el Hill Country, algunos cultivos suelen requerir aproximadamente entre 650 y 800 horas con temperaturas suficientemente bajas.

Pero una vez iniciada la floración, una helada fuerte puede tener el efecto contrario y destruir flores o pequeños frutos en desarrollo.

La temporada 2026 mostró las dos caras del problema. El invierno fue demasiado cálido y los árboles acumularon menos horas de frío de las necesarias. Luego llegó una helada tardía.

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En Jenschke Orchards, cerca de Fredericksburg, las temperaturas subieron hasta alrededor de 80 °F (27 °C) en febrero, adelantando la actividad de los árboles. En marzo, en cambio, una helada hizo caer el termómetro por debajo de 23 °F (-5 °C).

“En esa helada perdimos alrededor del 90% de nuestra cosecha”, contó la propietaria Lindsey Jenschke. En una temporada favorable, señaló, algunos árboles pueden producir hasta 50 libras —unos 23 kilos— de duraznos.

Helicópteros, fogatas y máquinas de viento para salvar los árboles

Los productores texanos han probado medidas todavía más extremas.

Se han probado medidas todavía más extremas para salvar a los árboles de duraznos. Captura video

Russ Studebaker, histórico productor de Fredericksburg, llegó a utilizar un helicóptero junto con grandes ventiladores para intentar mezclar el aire durante una fuerte helada. En aquel episodio, registrado en 2013, el frío terminó siendo demasiado intenso y los métodos no pudieron evitar graves pérdidas.

La eficacia de estas máquinas depende justamente de las condiciones meteorológicas. Si existe aire más cálido por encima del cultivo, mezclarlo puede ayudar. Pero frente a una masa de aire extremadamente fría y uniforme, moverlo ofrece una protección mucho menor.

Los productores texanos han probado medidas todavía más extremas. Captura video

Los productores del Hill Country conocen bien esa incertidumbre. En 2026, la región registró por tercer año consecutivo una cosecha de duraznos inferior a lo habitual, principalmente por inviernos con insuficientes horas de frío.

Así, los gigantescos ventiladores no eliminan el riesgo ni garantizan la cosecha. Son una herramienta para ganar unos pocos grados durante las noches críticas. Y para un duraznero que acaba de florecer, esos pocos grados pueden significar la diferencia entre llegar al verano cargado de fruta o quedarse prácticamente vacío.